Maduro se aprovecha del coronavirus

Ludmila Vinogradoff
Corresponsal internacional

Al régimen de Nicolás Maduro el coronavirus le ha venido como anillo al dedo. Fue el primero en todo el hemisferio occidental en anunciar la puesta en marcha de una cuarentena que sabemos cómo empezó pero no como terminará.


Ese día cuando anunció las medidas del confinamiento, el 13 de marzo, el dictador estrenó su nueva túnica de hierro, lanzando su garrote contra todo aquel que se atreviera a contradecir las cifras de contagiados con el virus y denunciara las malas condiciones de los hospitales y del destruido sistema sanitario de Venezuela.


El toque de queda impuesto ante la mirada impotente de la oposición es aún insuficiente para lo que viene. El coronavirus le ha servido de pretexto para asfixiar a los venezolanos más de lo que ya están. Los pocos derechos y libertades, de por sí restringidos, han sido enterrados hasta un nuevo aviso.


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con una mascarilla


Maduro ha bloqueado todos los derechos de los venezolanos, hasta de la ayuda humanitaria internacional mientras solicita un financiamiento de 5.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional que se lo han negado porque no lo reconocen como legítimo. Todos sospechan que si le dan ese dinero sería para robárselo.


También pide que levanten las sanciones en su contra para poder atender a los enfermos y combatir el coronavirus. Sin embargo, no creemos que la pandemia lo salve del castigo que le han impuesto los EEUU y la Comunidad Europea por sus delitos.


La misma Michelle Bachelet le recuerda: “Los países sancionados deberían proporcionar información transparente, aceptar asistencia humanitaria y dar prioridad a las necesidades y derechos de sectores vulnerables de la población. Además, deberían ofrecer garantías necesarias para que ONG realicen su labor”.


Y hasta ahora el régimen de Maduro no ha hecho mérito para que le eliminen las sanciones. Ha dicho solo mentiras sobre la realidad del sistema de salud. Dice que hay unas 11 mil camas de hospitalización disponibles y la realidad es que no llegan ni a 100. Dice que tiene los medicamentos necesarios y la verdad es que los hospitales no tienen ni agua ni jabón ni mascarillas ni guantes.


La enfermedad los ha sorprendido sin poder salir de casa, ni gasolina para transportase, ni agua, ni electricidad, ni comida ni medicina. Todo un infierno llamado Venezuela.


La cuarentena por el coronavirus ha sido un instrumento de control social, persecución y radicalización de la revolución chavista. “Vayan a por los golpistas, que no quede ninguno en pie”, ha ordenado Maduro en una de sus arengas a los militares y policías del régimen por temor a que lo depongan.


Con los uniformados y paramilitares cómplices de la dictadura ha bloqueado las entradas de punta a punta de Caracas, de este a oeste, de Catia a Petare, para impedir que los sectores populares se rebelen y “bajen los cerros”. Así piensa evitar el estallido social.


Ya lo comentaba Andres Caleca en su Twitter: “suspensión de garantías - militarización del país - economía de guerra - censura total de medios - toque de queda - centralización de la distribución de bienes - cierre de fronteras. Es el sueño de todo dictador hecho realidad, gracias a un bichito”, el coronavirus.

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