​El Plan de Reconstrucción de la UE: Una satisfacción que recorre Europa

Albert Guivernau
Profesor del Departamento de Empresa y Economía de la Universitat Abat Oliba CEU


La Comisión Europea ha presentado su propuesta de Plan de reconstrucción económica de la UE: 750.000 millones repartidos entre transferencias y préstamos. La fórmula de la Comisión puede ser presentada por todos como una victoria. Los países del Sur han logrado que las transferencias (500.000 millones) sean la mayor parte del Plan (2/3) Los del Norte, por su parte, han logrado situar el montante final del Fondo por debajo de la cantidad inicialmente prevista, a partir de 1 billón de euros.



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De la propuesta, a España le corresponderán 140.000 millones de euros (77.000 en transferencias y 63.000 en créditos), el 11% de su PIB en 2019, por lo que se convierte en uno de los países más beneficiados.


Es cierto que lo que se ha dado a conocer no es más que la propuesta inicial de la Comisión, que deberá ser acordada con los estados miembros, aprobada por los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo. Y que el dinero previsiblemente no estará disponible hasta 2021. Aunque todavía esté sujeto a cambios, es buen punto de partida para una negociación que, previsiblemente, seguirá una lógica en la que los países del Norte tratarán de reducir la proporción de transferencias directas y los del Sur incrementar la cantidad final, aunque sea por la parte de los préstamos.  En todo caso, el resultado no diferirá mucho de lo que plantea la Comisión, ya que nadie sale claramente derrotado.


La financiación del fondo correría a cargo del presupuesto de la Unión, que se subiría hasta el 2% de la renta nacional bruta de los 27. Aquí asistimos a un cambio significativo. Por un lado, es la Comisión la que asume la responsabilidad de captar el dinero en el mercado, con la ventaja de que la calificación de la deuda de la UE es mucho más solvente que la de los estados miembros individualmente y, por consiguiente, soporta un menor coste de endeudamiento. Por otra parte, la propuesta rompe el tabú de la ampliación del presupuesto de la UE, algo que muchos economistas venían reclamando, ya que se consideraba que con un presupuesto tan reducido la capacidad de influencia de la UE era muy limitada.  


¿Estamos ya ante el Plan Marshall a la europea?. Sería osado afirmarlo. Aún sumando todas las propuestas europeas, todavía es proporcionalmente menor que el plan de los Estados Unidos, teniendo éstos menor población. Además, no podemos hablar de Plan Marshall cuando todavía no ha llegado el peor escenario. El momento será cuando se presenten los resultados de la economía de los países comunitarios durante el segundo trimestre. En el caso español, será entonces cuando podamos comprobar el efecto del confinamiento, la paralización de la actividad, los ERTE y el empleo destruido. Lo fundamental será salvar los puestos de trabajo. Hay que evitar que empresas solventes cierren por problemas de liquidez.


Los 750.000 millones se incorporan al conjunto de ayudas que ya se habían aprobado en el marco de la UE: el programa de compra masiva de deuda del Banco Central Europeo, dotado también con 750.000 millones, clave para que no se haya disparado la prima de riesgo de los países, y, ya en el contexto del ‘Eurogrupo’, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) por valor de 240.000 millones; la aportación del Banco Europeo de Inversiones (BEI) con 200.000 millones; y el fondo para los desequilibrios del mercado laboral (SURE) de 100.000 millones, del que previsiblemente España puede verse muy beneficiada. Todo el conjunto ronda los dos billones, lo que, para hacernos una idea, supone casi el doble del PIB de España en 2019.

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