La migración es clave para el desarrollo del mundo rural en España

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La población migrante es esencial para el funcionamiento rural de España. De hecho, las personas estrangeras representan un 10% del total de la población rural de nuestro país, un porcentaje que va en aumento. Así se desprende del nuevo estudio del Observatorio Social de "la Caixa", que evalúa los retos y oportunidades de la inmigración. 


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El estudio, que ha sido elaborado por Luis Camarero, de la UNED, y Rosario Sampedro, de la Universidad de Valladolid, apunta además que los migrantes no solo repoblan sino que rejuvenecen la España rural, ya que las personas migradas aumentan hasta el 16% entre la población rural de 20 a 39 años.


Uno de cada cinco nuevos habitantes rurales tiene origen extranjero, una cifra que se intensifica en los municipios que no superan los 1.000 habitantes

 


En este sentido, el estudio explica que las madres rurales de origen extranjero han contribuido a  la natalidad, ya que si las madres de origen español tienen 1,3 hijos de media, las de origen extranjero tienen 1,5 hijos de media. En 2019, uno de cada cinco menores de 13 años en la España rural era hijo de madre de origen extranjero, una proporción que se eleva hasta uno de cada cuatro en los municipios de menos de 1.000 habitantes.


Además, la migración contribuye a que la España rural sea variada y cosmopolita, ya que, en contra de lo que suele imaginarse como ruralidad -población estática y homogénea-, la procedencia de los migrantes es muy diversa y sus costumbres también. 



Los flujos de población comenzaron a cambiar en la década de los noventa, cuando se apreció un aumento notable de la población extranjera que se desplazaba a municipios rurales porque veía una oportunidad en la agricultura exportadora, la construcción, el turismo y la demanda de cuidadores. 


En contraposición, la crisis de 2008 provocó la despoblación de las áreas rurales, ya que la llegada de migrantes se frenó y algunos incluso se marcharon del campo para buscar trabajo en las ciudades. El flujo de vuelta se retomó en 2015, cuando las cifras repuntaron, y en 2017 el saldo migratorio volvió a ser positivo gracias a la población de origen extranjero. 


Con la llegada del coronavirus, las fronteras se cerraron y el flujo de migrantes se redujo, pero  Luis Camarero explica que por regla general, las crisis económicas no han sido buenas para las áreas rurales. "El contexto actual de fuerte incertidumbre económica puede ralentizar la llegada de población desde el extranjero y dificultar también los procesos de reagrupación familiar. La caída de la fecundidad propia de los momentos de crisis se añade en este escenario de previsible reducción de vitalidad demográfica. Pero los días de la pandemia también nos han permitido tomar conciencia de la importante contribución que la población foránea realiza para garantizar la producción alimentaria y especialmente la vida de nuestros pueblos", asegura. 

 

Desigualdades entre las familias migrantes y las no migrantes

En el debate de presentación del estudio se presentó también un análisis de las necesidades sociales de la población migrante del Observatorio Social de ”la Caixa”. Tal como explicaron los expertos, el empleo juega un papel clave en el proyecto de las familias inmigrantes, ya que es su único sustento monetario y además les asegura la renovación de los permisos para seguir en España. 


La desigualdad entre las familias migrantes y las autóctonas es uno de los puntos más importantes a tratar. La crisis de 2007 provocó una brecha que aún no se ha cerrado: durante los peores años de la crisis económica, el 16% de las familias migrantes tenían a todos sus miembros en desempleo, mientras en el caso de las familias autóctonas el porcentaje era del 9,5%.


El estudio explica también que el colectivo acumula casi el doble de inestabilidad laboral y el triple de pobreza laboral. En 2018, el 16,8% de las familias inmigrantes vivían en hogares en que todos los empleados tienen un contrato temporal, mientras que en el caso de los no inmigrantes el porcentaje era del 9,1%.

 

Además, la tasa de riesgo de pobreza de los inmigrantes que residen en España, un 46% en 2017, es claramente superior a la que el mismo grupo registra en el conjunto de la UE-28. Solo en España y Grecia los valores son superiores al 40%. 


Sin embargo, en comparación con la población autóctona (18% de riesgo de pobreza en 2017), España no es el país con diferencias más altas: el contraste entre inmigrantes y nativos es aún mayor en países como Suecia, Austria o Bélgica, en los que el riesgo de ser pobre se triplica para las familias de origen extranjero. 


Peores condiciones para las mujeres

La situación es peor, además, en el caso de las mujeres. Las trabajadoras extranjeras ganaron al año, de media, poco más de 14.000 euros brutos en 2016, frente a los casi 27.000 ingresados por los varones de nacionalidad española. Los datos de la Encuesta de Estructura Salarial ilustran claramente la doble brecha, de género y origen, que condiciona la exigua ganancia de las mujeres inmigrantes empleadas en nuestro país. 

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