miércoles, 27 de enero de 2021

Tercer Sector esencial para la innovación social frente a la crisis

Juan Antonio Segura Lucas
Director General de Fundación Cepaim. Miembro de la Comisión Permanente de EAPN España.

*Artículo escrito en colaboración con José Molina Molina. Expresidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia. Miembro de Economistas Frente a la Crisis



Cuando hablamos del tercer sector y de su acción social nos referimos al conjunto de asociaciones, fundaciones y cooperativas sociales, representativas de la sociedad civil, que practican la solidaridad y la justicia social con los sectores más vulnerables de la población. Son organizaciones no lucrativas que desarrollan acciones y servicios de interés general, que construyen cohesión e inclusión social, luchando contra la pobreza y la discriminación, evitando que los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad queden al margen de unos niveles mínimos de bienestar social.


Almacén de Banco de Alimentos.

Almacén de un banco de alimentos



Un sector esencial en nuestra sociedad que está formado por más de 27.000 entidades, generando más de quinientos mil empleos directos. Un sector que está jugando un papel esencial en el abordaje de la crisis sanitaria ocasionada por la Covid-19, convirtiéndose en un motor para impulsar un modelo de reactivación social y económica que no deje atrás a las personas más vulnerables de nuestra sociedad, apostando por un nuevo modelo de desarrollo inclusivo.


Hoy sabemos que no es posible un crecimiento sostenible, inteligente e integrador sin cohesión social, sin inclusión e igualdad, papel fundamental que juegan las entidades del tercer sector. Por ello, la apuesta necesaria por su reconocimiento, refuerzo y estabilidad debería ser una de las prioridades en la agenda política del Gobierno de España y de las CCAA, en un contexto en en el que es necesario apostar por la innovación social, reinventando las estrategias de intervención para hacer posible el abordaje de las consecuencias sociales y económicas de la crisis sanitaria.


El compromiso de las organizaciones del tercer sector se centra con claridad en la búsqueda de la prosperidad para el conjunto de la humanidad. Sus objetivos persiguen que todo ser humano tenga la capacidad de vivir una existencia que contenga los tres elementos que definen todas las actuaciones que se desarrollan en orden a la dignidad de las personas, la igualdad y las oportunidades para que nadie carezca de los medios más básicos. Las ONG trabajan por hacer posible la redistribución de la riqueza, pero el reto de estas organizaciones es pasar de la visión redistributiva a la orientada a un diseño económico regenerativo. Un modelo que los ODS han definido como objetivos del planeta para 2030.


En el actual contexto de crisis, cada euro que dediquemos a las políticas sociales que luchan contra la pobreza y la exclusión social y construyan cohesión social en el marco de la agenda 2030, no será un gasto sino una de las mejores inversiones colectivas que podemos hacer en beneficio del conjunto de la sociedad.


Es urgente dotar al tercer sector de acción social en las distintas comunidades autónomas de un marco que lo regule, lo reconozca y lo impulse, desarrollando la Ley del Tercer Sector a nivel estatal, reconociendo sus funciones de interés social, al tiempo que se le dota de la representatividad e interlocución que merece en el dialogo social y en la planificación de las políticas públicas. Debe acordarse un nuevo modelo de financiación de las políticas públicas que gestionan, que garantice la plurianualidad en las intervenciones, la calidad en los servicios que prestan, la transparencia en la gestión, la innovación social, el buen gobierno y la evaluación del impacto social que producen sus programas y servicios.


La innovación social y la transformación digital es uno de los grandes retos a los que se enfrentan, en el actual contexto socioeconómico, las entidades del tercer sector de acción social en España, conjuntamente con otros retos que de forma conjunta deben analizar y abordar, como es su nivel de reconocimiento, el incremento de su base social, la sostenibilidad, el desarrollo de su potencial relacional, el necesario equilibrio entre su dimensión prestadora de servicios y de agente de transformación social, la dimensión comunitaria de sus actuaciones, el trabajo en red con otros actores sociales, la reducción de la sectorialización y fragmentación en la acción social, el incremento de su capacidad de incidencia política, la mejora de sus estrategias de comunicación o la adaptación de sus metodologías y estrategias de intervención a los nuevos desafíos sociales.


Tenemos que superar el concepto de I+D+i vinculado de manera exclusiva a los ámbitos tecnológico y científico, para situar a las personas en el centro de discusión y a la innovación social como un objetivo central y transversal a todas las políticas de I+D+i.


Desde el punto de vista del Center for Social Innovation de la Universidad de Stanford, el concepto de innovación social hace referencia a “toda solución novedosa de un problema social que sea más eficaz, eficiente y sostenible, o simplemente justa, que las soluciones actuales, y cuya aportación de valor se dirija a los intereses de la sociedad en su conjunto y no a los intereses particulares”. La Guía de la Innovación Social de la Comisión Europea, la define como el desarrollo e implementación de nuevas ideas, productos, servicios y modelos para satisfacer las necesidades sociales, crear nuevas relaciones sociales y ofrecer mejores resultados.


Desde una entidad del tercer sector como la Fundación Cepaim, la innovación social se considera un proceso con resultados en el medio y largo plazo que se construye en base a la interrelación y al establecimiento de alianzas estables entre diversos actores sociales, con la finalidad de sumar miradas diversas que propicien la transformación de las estrategias y las metodologías de intervención social y las bases que configuran las políticas sociales encaminadas hacia una lucha más eficaz y de impacto transformador contra la pobreza, el desempleo y la exclusión social, en base a la creatividad colectiva, la diversidad de actores, la participación, la investigación y la experimentación.


Los modelos actuales de crecimiento no sirven para una sociedad donde la escasez es la norma y donde demasiada gente se queda atrás. Nuevas maneras de colaborar, cooperar y crecer son necesarias para construir, entre todos, una Europa sostenible e inclusiva, donde la cultura de la innovación lleve a todos los actores sociales al compromiso estratégico de crear productos, servicios y soluciones que aporten valor a la sociedad, apostando por la colaboración público-privada como una de las claves de la innovación. Es urgente caminar hacia nuevas formas de colaboración y nuevos espacios de articulación para las organizaciones del sector público, privado y social. 


Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.



Más autores

Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH