Laura Ferrero: "La escritura te proporciona la posibilidad de vivir otras vidas"

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Laura Ferrero (Barcelona, 1984) narra con delicadeza la vida más íntima de las personas cuando nadie las ve, cuando nadie las escucha. En su libro de relatos 'La gente no existe' -publicado por la editorial Alfaguara-, desgrana los sentimientos que las personas no solemos mostrar: el engaño de una madre que quiere proteger a su hija, la belleza en el intento de engañarla, la angustia de la hija al intuir la mentira, la desesperación de un padre cuyo hijo recién nacido podría no sobrevivir o el vacío de una chica que sufrió el maltrato de su expareja durante años.


Periodista, escritora y guionista, Laura Ferrero ha publicado los libros de relatos 'Piscinas vacías' y 'El amor después del amor', y la novela '¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?'.


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La escritora, periodista y guionista Laura Ferrero / Jordi Bernadó 


En tus historias se puede sentir la soledad de las personas, el vacío, el miedo... ¿De qué crees tú que hablan estos relatos?

Se podrían resumir con el título del libro, que es el título de uno de los relatos, el último. Trata un poco de cuándo y cuánto del tiempo que estamos aquí estamos realmente vivos. Tengo la sensación que vivimos todo el día con el piloto automático puesto, que no te paras verdaderamente, que vamos como de puntillas. "Hacer, hacer, hacer". Creo que estos relatos surgen un poco de cuando te quedas parado, de si pudiéramos ponerles una lupa a todos estos personajes que aparecen.


En 'La Trenza' hablas de una vivencia personal. ¿Hay algo de ti en los otros relatos?

Hay tres relatos muy autobiográficos. Uno es 'Mi padre en Atocha' y los otros dos son 'Aquellos ojos verdes' y 'La trenza'. Son un poco el correlato de la pérdida. El de 'Mi padre en Atocha' es un relato de mi padre, y los otros dos surgieron a raíz de la muerte de mis abuelos. En realidad 'Una trenza' no iba a estar incluido, pero luego llegó el coronavirus y murió mi abuela. Decidí incluirlo, además de porque mi abuela era una persona muy importante, porque me da la sensación que los dos relatos dialogan bastante entre ellos y son un homenaje a las cosas que se marchan. 


¿Fue un proceso catártico para ti poder publicar los relatos?

Fue catártico publicar el de mi abuela, que salió en el 'ABC'. Lo que nos ha pasado en estos tiempos que vivimos es nos quedamos sin lo que antes nos parecía algo normal, como despedirte de alguien importante para ti cuando muere. Solo me quedaba despedirme con las palabras, que también es habitualmente la herramienta que utilizo para entenderme. No sé si creo que la literatura es buena como catarsis, pero sí te digo que el caso de la trenza lo fue. 


Has publicado varios libros de relatos cortos. ¿Te sientes más cómoda con este género?

Los dos géneros en que me siento cómoda son la novela y los relatos, por eso los he alternado. El relato tiene algo más gratificante en cuanto que lo terminas en un tiempo más o menos ajustado. Una novela puede estar muchos años en tu cabeza y cuando la bajas al papel ya te has desesperado o sufrido porque no sabías qué estabas contando... 


En este aspecto, con los relatos tienes la sensación de que has terminado algo. Y eso también es importante para uno mismo. Soy muy lectora de relatos, pero me gustan los libros que tienen una entidad. Si bien es fácil empezar a escribir relatos, es difícil encontrar aquel elemento que los une. De repente llega un punto en que te das cuenta que escribes un relato y que es eso lo que están tratando de contar todos los textos que has escrito. En este caso fue cuando escribí 'La gente no existe', que me di cuenta que aquellos relatos que estaban en mi cabeza contaban esa idea que comentaba al principio. 


Esa sensación de ir con el piloto automático...

Bueno, de no estar aquí. Cuando te preguntan "¿qué tal?", y tú dices "todo bien". Estos relatos surgen de cuando indagas en el "todo bien". Porque vamos con estas máscaras. Si no te conozco de nada y me dices "todo bien", de alguna manera es una barrera. Es lo que decimos siempre, conversaciones de ascensor. "Todo bien, pa'lante, mira qué bien, mira esas fotos...". Es un poco una gran comedia, un simulacro. 


¿Quiénes son tus referentes en relatos?

El primer escritor que leí de relatos fue Raymond Carver. Leí un relato que se llama 'Catedral' y es para mí el que me introdujo en el género. También me gusta mucho Cheever, Lorrie Moore y  Samanta Schweblin. Son ellos a quienes siempre suelo volver. También hay escritores de quienes adoro algún relato, como 'Deseos', de Grace Paley. 


LA GENTE NO EXISTE

Portada del último libro de Laura Ferrero, 'La gente no existe' / Alfaguara


¿Cómo consigues, por ejemplo, ponerte en la piel de un padre que no sabe si su hijo recién nacido sobrevivirá?

Pues no sé si lo consigo, pero lo intento. La escritura te proporciona la posibilidad de vivir otras vidas, o al menos de intentar ponerte en la cabeza de los otros. Creo que escribiendo desarrollas mucho sentido de la empatía, porque como tienes que crear a todos estos personajes, haces el esfuerzo por comprender desde dónde pueden estar viendo la vida, qué miedos, qué les puede pasar. Yo no sé si ese personaje es verosímil, lo intento, pero tendría que ser alguien un poco más de su edad quien me pudiera decir si eso ocurre.


Las relaciones familiares tienen un papel bastante importante en tus historias. ¿Por qué crees que escribes sobre ello? 

La familia es donde nacemos, es ese primer lugar que nos define. Los vínculos y los apegos que uno desarrolla en la infancia son definitivos. La gente dice que siempre estás a tiempo de tener una infancia feliz. Pero eso es mentira, tu infancia, la que hayas tenido, te va a marcar durante toda tu vida. 


Me interesa mucho por un lado lo que ocurre en la infancia, en la familia, pero también me interesan mucho los vínculos que tenemos con la gente que nos rodea. Me gusta pensar en la persona que es tu madre más allá de tu madre. La mujer que es tu madre, o el hombre que es tu padre. Pienso, ¿como hijos llegamos a verlos? Pues probablemente, no, porque estás demasiado condicionado por lo que tú has necesitado de ellos como para ir más allá. Intento, desde la literatura, acercarme a mi propia familia de alguna manera, porque me parece que es comprender a las personas en toda su dimensión. 

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