viernes, 22 de octubre de 2021

​China comunista y opio capitalista

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

El presidente de China, Xi Jinping, en Wuhan


@EP



You say you'll change the constitution (…)

But if you go carrying pictures of Chairman Mao

You ain't going to make it with anyone anyhow

(Dices que cambiarás la Constitución,

pero si llevas retratos del Presidente Mao,

no lo vas a conseguir con nadie de ninguna manera)

(Lennon & McCartney, Revolution, 1968)


La revolución sí se hizo en China. Con el apoyo inicial y decidido de Stalin, y tras una guerra civil contra los nacionalistas del Kuomintang de Chiang Kai-sek, el ejército comunista liderado por Mao Zedong se hizo en 1949 con el control del país. Desde entonces el gran país asiático es una república popular comunista.


Atrás quedaron numerosas pugnas por el poder, que se reflejan en el muy recomendable libro biográfico “Las hermanas Soon” (Jung Chang). De jóvenes, las tres hermanas fueron enviadas para su educación cristiana a los EEUU merced a los pingües recursos de la rica familia Soon. Las tres hermanas tuvieron relaciones con el poder político y ellas mismas lo ejercieron. Ei-ling se casó con H.H. Kung el hombre más rico de China.


Ching-Ling, la hermana mediana, contrajo matrimonio con Sun Yat-se, el cual impulsó la revolución republicana que derrocó en 1911 al Emperador. May-ling, la hermana menor, hizo lo propio con Chiang-Kai-sek, tras la muerte de Sun en 1925. Durante 1928 hubo un gobierno nacionalista que luchó contra los japoneses invasores, primero en Manchuria en 1931 y desde 1937 a 1945 en buena parte del territorio chino. Los nacionalistas combatieron al lado de los comunistas de Mao. Pero estos acabaron enfrentándose al gobierno nacionalista por el control del país.


Derrotados, Chiang-Kai-sek y sus seguidores se retiraron a la isla de Taiwán en 1949. Desde entonces, Ching-Ling, la mediana ‘Hermana Roja’ que había ayudado plenamente a los comunistas, se convirtió en Vicepresidenta de Mao. Falleció en 1981 a los 88 años de edad. Días antes le había sido concedido el título de Presidenta Honoraria de la República Popular China.

Valga el anterior excursus biográfico sobre el rol de las hermanas Soon para ilustrar el poder de las mujeres instruidas, ahora que se acaba de celebrar el Día Internacional de la Mujer.

Hoy en día China es una superpotencia que pugna por incrementar su poder político global bajo el liderazgo de Xi Jinping. Se ha celebrado hace unos días el Congreso Nacional Popular (máximo órgano político-legislativo del Partido Comunista Chino, PCCh). Este año se pronostica un crecimiento de la economía del 6% del PIB, dígito inimaginable para sus competidores mundiales en los tiempos que corren.


Según expone Branko Milanovic en su último ensayo, no existe alternativa al capitalismo. El propio economista serbo-estadounidense cualifica su aseveración identificando dos modelos aparentemente distanciados: el capitalismo clásico de las democracias de Europa, América del Norte, India y Japón durante los últimos doscientos años, y por otra parte el que predomina en países dictatoriales o autoritarios como China, Rusia, Singapur o Vietnam.


Ciertamente cuando uno viaja inadvertido en un coche SUV por la enmarañada red de tráfico en Shanghái, no sabría distinguir si está en el Beltway circundante de Washington DC o el périphérique parisino. Es decir, los bienes de consumo capitalista sí son universales con la creciente globalización, sean elaborados por el ‘capitalismo liberal meritocrático’ (Occidente) o el ‘político’ (Oriente).


El éxito de crecimiento económico chino en las últimas décadas de hegemonía comunista es apabullante. Los think-tanks y gabinetes de expertos, financiados por el capital plutocrático anglo-norteamericano, cuestionan los avances del capitalismo estatalista chino insistiendo en que el genuino sistema capitalista debe conllevar necesariamente las libertades políticas, inexistentes en el gran país asiático. O sea que el chino no sería auténtico capitalismo. Sería como mezclar epistemológicamente “las churras con las merinas”. El aditamento conceptual de ‘político’ lo condiciona en su esencia.


Sí parecería validarlo, en cambio, la existencia en las arcas de la hacienda china de vastos capitales de deuda estadounidense. Recuérdese que en 2020 el montante total de la deuda estadounidense alcanzaba los 27 trillones de dólares. De esta última cantidad, China detentaba casi el 15% del total de bonos y obligaciones emitidos por el Tesoro de EEUU. Algunos analistas financieros opinan que, a medio-largo plazo, China pretende que su moneda (yuan) reemplace al dólar como divisa global. Algo poco capitalista a ojos de quienes niegan la evidencia de las finanzas chinas.


El capitalismo político asiático no se apoyaría en el trampolín de acumulación habilitado desde la meritocracia, facilitadora del ascenso social de una engrandecida clase media en los países occidentales. Por su parte, el neofeudalismo expansivo de los nuevos Señores Feudales Tecnológicos (SeFTec) en las democracias robotizadas, y en especial la estadounidense, pone coto a las asunciones de la propia meritocracia. Como bien señala Pau Marí Klose analizando los planteamientos de Michael Sandel, es un sofisma aseverar que el sistema meritocrático occidental aspire a sustituir a la aristocracia del ‘nacimiento y de la riqueza’ por una aristocracia del ‘talento’ (reclutada mayormente en el gran estrato mesocrático de la sociedad). En realidad, sólo en aquellos Estados del Bienestar que proveen una base sólida de partida y de igualdad de oportunidades a los ciudadanos desde sus años más mozos pueden –como lo han hecho-- favorecer una meritocracia funcional de los mejores.


En China ello se auspicia medrando en los órganos de decisión y cooptación del PCCh, pero los consumidores con crédito en ambos sistemas capitalistas siguen comprando sus coches SUV. A propósito, aplaudamos la decisión china de promover el uso del coche eléctrico. El gigante asiático vende más vehículo limpios que el resto del mundo y asume el objetivo de que en 2035 la mitad de las matriculaciones sean de este tipo. Para ser el país que más contamina en el mundo, se trata de una encomiable política industrial… capitalista.


Pese a sus éxitos económicos, el modelo chino no es exportable a Europa salvo que lo fuese por imposición de la fuerza militar en un improbable desencuentro futuro. Es imposible que los europeos renunciasen a su Modelo Social Europeo asumiendo la desaparición de la oposición democrática interna, como sucede con el caso de Hong-Kong. Las libertades en la excolonia británica confrontan un futuro poco esperanzador. Se impondrá la ley del más fuerte, como ya sucedió en las infames guerras del opio auspiciadas por el imperialismo europeo del siglo XIX.


Entonces los británicos en una primera guerra (1839-1842) y en una segunda, a la que se sumó Francia (1856-1860), humillaron a los chinos con el establecimiento de settlements o puertos francos bajo su control que inducían el rentable consumo de opio, que creció exponencialmente. Poco importaba al capitalismo imperialista si se dañaban irremisiblemente las vidas de los cultivadores de la amapola explotados en la India por las autoridades británicas, y la de los millones de consumidores chinos. Algunos observadores establecemos en sus consecuencias un paralelismo entre el opio adormidera de la morfina y el liberal mercantilizador del ‘espejismo de la riqueza’. 

1 Comentarios

1

Qué interesante

escrito por María Alvarez Mederos 14/mar/21    14:51

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