Elecciones USA, gatillazo trumpista

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

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Foto: Europa Press

 

Pocas horas antes de que comenzase la jornada electoral de medio término en EEUU, se daba por seguro que habría una red wave, en referencia al triunfo incontestable del color del Partido Republicano. En los últimos tiempos, casi siempre los electores han ‘castigado’ a los candidatos del partido que ocupaba el poder presidencial. Así sucedió a la sazón en 1994 con el inefable Newt Gingrich, líder congresista republicano que arrasó con su Contract for America cuando Bill Clinton estaba en la Casa Blanca, pese a que la economía ‘funcionaba’ según los reputados economistas en procesos estacionarios no estocásticos de la época. Contra intuitivamente, y pese a su insistencia de que ‘it’s the economy, stupid’, los estadounidenses cumplieron entonces con el rito de penalizar a Clinton en el mid-term; un Presidente que ha pasado a la historia política de la democracia norteamericana por la banalidad de una felación.

 

Los propios MAGAs (Make America Great Again) son partidarios de retornar a Trump a la Casa Blanca, por cualquier resquicio y oportunidad favorable a sus prácticas antidemocráticas. Así lo escenificaron con la toma del Capitolio el pasado 6 de enero. Ellos no han dudado del éxito republicano en estas elecciones de medio término. Sería la antesala del gran anuncio de Donald Trump programado para el próximo 15 de noviembre de presentarse como candidato a las presidenciales de 2024. La sorpresa es que, pese a los avances del Old Great Party, puede que el anticipado coito político trumpista quede interruptus. 

 

Es probable que las proyecciones demoscópicas acierten el empate de 50/50 en el Senado. Se sabrá dentro de unos días. Con el voto de desempate (tie-breaking vote) de la Vicepresidenta, en este caso la demócrata Kamala Harris, el gozo republicano se habría quedado en el pozo de la frustración del ‘quiero y no puedo’. Quizá volveríamos a la cantinela de acusaciones infundadas de los MAGAs de que se habría producido un nuevo fraude electoral. Todo ello para mantener viva la demagogia del populismo reaccionario y la superchería del robo electoral. 

 

A la hora de redactar estas líneas, los medios predicen que los republicanos conseguirían 224 escaños en la Cámara de los Representantes, justo por encima de los 218 necesarios para asegurarse la mayoría absoluta. Pero si el Senado se quedase del lado demócrata la situación resultante sería diferente. 

 

Cierto es que ante tal escenario, una cámara baja con mayoría republicana frenaría las iniciativas del Presidente Joe Biden para implementar su agenda política en los dos años que le restan de mandato. Si los demócratas mantuviesen el control en el Senado, el actual presidente todavía tendría ‘capital político’ para realizar nombramientos en su administración y en la judicatura. 

 

“Esta no es la noche que querían los republicanos”, ha aseverado Nate Cohn, principal analista político del New York Times. A lo que ha añadido que el partido del elefante ha tenido un rendimiento electoral más bajo de lo que se aventuraba, considerando también la elección de los otros cargos institucionales, en especial el relativo a los gobernadores estatales. 

 

Precisamente una de las sorpresas entre las victorias de los candidatos republicanos a gobernadores ha sido la de Ron DeSantis, que ha vuelto ganar en Florida con una aumentada mayoría de apoyo electoral. Su significación puede tener consecuencias para el futuro presidenciable de Trump.

 

Y es que DeSantis ha ganado votos en zonas tradicionalmente demócratas de Florida, lo que podría impulsar sus expectativas como posible candidato presidencial en 2024. Y Trump es consciente de su amenaza política en los dos años que restan de la presidencia de Biden. El expresidente ha dicho que ahora no había apoyado al gobernador DeSantis porque no se lo “había pedido”. A lo que ha añadido, muy en su característico estilo chabacano, que “…si  se postula, diré cosas sobre él que no serán muy halagadoras. Sé más sobre él que nadie más, aparte de, quizás, su esposa. Es ella la que dirige su campaña”.

 

Recuérdese que los participantes en la Convención Conservadora de Dallas (CPAC) de hace unos meses votaron en un sondeo presencial (straw poll) quién sería su favorito para optar a la presidencia de Estados Unidos en 2024. Trump arrasó con el 69% de los votos, pero le seguía --aún a considerable distancia-- Ron DeSantis (24% de los votos). Sería este un candidato presidencial en ascenso si Trump perdiese su condición de ‘caballo ganador’ durante la precampaña de las primarias. 

 

El discurso de Trump en la última convención de Dallas es revelador. Entre sus extravagantes diatribas, la referencia a la inmigración cobró especial relevancia: “Debemos detener la invasión en nuestra frontera sur. Nuestro país está siendo invadido militarmente”, afirmó señalando a la inmigración como responsable de la criminalidad y el terrorismo en EEUU. Paradójicamente, Florida es uno de los estados con mayor población inmigrante latina.

 

A veces es penoso ver imágenes de las dificultades motrices de Joe Biden. Empero, él insiste en candidatarse a la reelección presidencial 2024. Tendrá entonces 82 años. No parece que su vicepresidenta Kamala Harrias tenga la fuerza y el carisma para ser su alternativa. Esperemos que, como sucedió con Obama, surja algún presidenciable que consiga mantener el éxito relativo de Biden por contener la ‘ola roja’, con las derrotas de significados candidatos ‘negacionistas’ de los resultados de 2020, asegurar los derechos reproductivos votados en estados tan emblemáticos como California, Michigan o Vermont, y sobre todo propiciar una movilización al voto con una participación notablemente superior al de pasadas consultas.

 

Aviso para navegantes en esta orilla del Atlántico.

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