El escenario internacional en el oleaje pandémico: las inciertas dinámicas de las grandes potencias

Jaime Ensignia
Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad Libre de Berlín

Jaime Ensignia, sociólogo, Dr. en Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad Libre de Berlín. Fue director sociopolítico de la Fundación Friedrich Ebert en Chile (1994-2014). Director del Área Internacional de la Fundación Chile 21. Colaborador del Barómetro de Política y Equidad.

A un año del estallido de la pandemia covid-19, hacia febrero-marzo del año 2020, el mundo entero –salvo contadas excepciones- está frente a la segunda o tercera ola de la pandemia. Desde hace relativamente poco tiempo, se cuenta con diversas vacunas que podrían mitigar efectos de la covid-19, sin embargo, sus mutaciones generan nuevas incertidumbres respecto de las posibilidades de controlar la pandemia. El virus afectó y seguirá afectando profundamente el devenir de las grandes economías del globo y, con consecuencias específicas, las de los países emergentes. Durante todo el año pasado fuimos testigos de la caída del PIB en la mayoría de los países, a excepción de la República Popular China que creció por sobe el 2%. En el plano social, el aumento significativo del desempleo, las deficiencias de las políticas laborales en el cuidado de trabajadores y trabajadoras, el aumento de las desigualdades tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, de la mano del aumento de la pobreza y de la pobreza extrema, sumadas al déficit del sistema de salud, configuraron el panorama mundial de 2020 y del despegue de 2021. Las vacunas son un faro de esperanza en la desolación, sin embargo, la ralentización del proceso vacunatorio es evidente y aún incierto en la mayoría de los países y regiones, incluidos la Unión Europea (UE) y los EEUU. Las vacunas ofrecidas por las grandes farmacéuticas a los europeos han sufrido demoras no previstas por las altas autoridades de la UE, de modo que, hacia fines de marzo, Europa tiene tan solo a un 5% de su población inmunizada.


Un empleada sanitaria suministra la vacuna contra la Covid-19 en el dispositivo de vacunación puesto en marcha en el polideportivo Germans Escales, en Palma de Mallorca, Islas Baleares, (España), a


Una empleada sanitaria vacuna a un paciente (EP)


Como ha sucedido en países de otros continentes, en Europa también se han observado casos de corrupción en torno al tratamiento de la pandemia. Sin más, tres diputados de la coalición CDU-CSU, parte del bloque gobernante en la Alemania de la Canciller Merkel, han debido renunciar a sus bancadas por aprovechamiento de sobreprecio de las mascarillas ofrecidas al Estado alemán. A su vez, en Italia se encontraron millones de vacunas sin que se pueda esclarecer a qué países y/o continentes estaban asignadas. En la UE escasean las vacunas, en momentos que la mayoría de los países europeos arrecia la segunda y tercera ola de la pandemia, y algunas naciones han debido confinar severamente a sus ciudadanos, como ha sido el caso de Alemania, Italia, Reino Unido, y otros. Para esta Semana Santa se anunciaron fuertes restricciones de movilidad de personas. En definitiva, Europa vuelve a los cierres totales para intentar controlar el coronavirus.



II-. Reconfiguración del escenario internacional en el contexto pandémico

El ajedrez geopolítico de lucha por la hegemonía mundial está abierto. Las dos naciones en pugna, por una parte, Estados Unidos, y por la otra, la República Popular China, aprestan sus mejores fichas para la confrontación. 


El cambio de gobierno en los EEUU con el presidente Biden y su vice presidenta Harris, generó expectativas respecto de un cambio de tono y de formas de relacionamiento con China, sin embargo, no parece haber cambios sustantivos en lo que se refiere a contenidos centrales. Las relaciones con China siguen estando en su peor momento. Se espera que Biden no siga la discursividad beligerante y la línea de acción de Trump con su “guerra” comercial y otras medidas que llegaron a congelar las relaciones con la potencia asiática. Sin embargo, según autoridades de la actual administración, una de las medidas que no se estarían levantando por el momento, sería los altos aranceles a los productos chinos, impuestos por Trump.


Por su parte, la diplomacia norteamericana ha comenzado a mostrar sus cartas en relación a China. En el reciente encuentro bilateral en Anchorage, Alaska, Anthony Blinken, secretario de Estado para Asuntos Exteriores de Biden, confrontó directamente a la delegación china al reprochar la violación de los derechos humanos en el caso de la minoría musulmana de uigur; señalar la persecución y el control político de los activistas contrarios al gobierno chino en Hong Kong y las constantes amenazas contra Taiwán. Estas acciones, en palabras de Blinken “amenazan el orden basado en reglas que garantizan la estabilidad global”. Frente a tales acusaciones, el gobierno chino señala enfáticamente que muchos de estos argumentos no tienen asidero y que se trata de asuntos que no son de incumbencia de otras naciones. Ahora bien, para mostrar un arco internacional que pueda enfrentar a China, EEUU debe recomponer su política de alianzas con países como Japón, Australia y con la UE, proceso iniciado con las visitas protocolares a estas naciones. Junto con esta ofensiva estadounidense con relación a China -que la señala como una potencia competidora de sus intereses-, la diplomacia norteamericana las ha emprendido con su otrora adversario de la época de la “guerra fría”, Rusia, calificándola como un peligro para la seguridad nacional y tildando a su presidente, Vladimir Putin, de “asesino”, en palabras del presidente Biden. Paralelamente, la administración actual norteamericana se ha incorporado activamente a los organismos multilaterales abandonados por Trump, como el Acuerdo de París, la Organización Mundial de Comercio, la Organización Mundial de la Salud y otras instancias internacionales.


Un punto relevante que suma complejidad al escenario, es que el actual gobierno norteamericano debe recomponer su frente interno, fracturado y polarizado por las consecuencias de las pasadas elecciones presidenciales, en las que el saliente Trump, con nada menos que 73,6 millones de votos, no reconoció el triunfo del presidente electo.


En lo que respecta a China, segunda potencia económica mundial, no deja de sorprender su extraordinario ascenso en el escenario internacional. De sus 1.400 millones de habitantes, alrededor de 700 millones habrían logrado salir de la pobreza desde 1970 a la fecha, según informes emitidos por las autoridades chinas. En su discurso a la Asamblea Popular de marzo de este año, el presidente y secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, señalaba con orgullo que, en esta última década, 99 millones de chinos, abandonaron la pobreza.


Ante la reciente disputa entre los EEUU de Biden y China, la reunión bilateral en Anchorage y las entrevistas al presidente Biden, cabe una interrogante: ¿de qué maneras responde China a los embates de los EEUU? Otras potencias mundiales no se muestran tan decididas a seguir los pasos de los EEUU hacia una suerte de “guerra fría” del siglo XXI. Así, por ejemplo, en los últimos días de diciembre la UE firmaba un acuerdo comercial de envergadura con China. A su vez, la potencia asiática se acerca a Rusia, otro actor internacional relevante atacado por la diplomacia norteamericana, acordando un acuerdo comercial y estratégico de envergadura, y también firma un Acuerdo con Irán. China está decidida a convertirse en una potencia tecnológica global y a ejercer un rol geopolítico como potencia económica y comercial. De hecho, estudios del Centre for Economics and Business Research (CEBR) avalan esa posibilidad, situando a China como la mayor potencia mundial para el año 2028, y a India como la tercera, desplazando a Japón. Según el CEBR, la pandemia de covid-19 habría acelerado el avance de China en este sentido.


Lo analizado en la relación EEUU-China no implica de ninguna manera que, pese a la aspereza de las relaciones entre ambas potencias no existan avances en puntos de acuerdos sobre ciertos temas, entre ellos, el Cambio Climático, el combate al coronavirus, entre otros que, además, podrían contar con la anuencia de otras potencias mundiales. El escenario internacional, que se avecina, en esta tercera década del siglo XXI, tendrá numerosos momentos de rudeza entre las grandes potencias. Estas disputas deberán ser solucionados en la lógica multilateral y del entendimiento pacífico de las controversias.



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