Venezuela: elecciones o carrera de obstáculos

Alex Fergusson
Ecólogo. Negociador. Profesor-Investigador. Universidad Central de Venezuela. Columnista del diario El Nacional.

Actualmente hay un ambiente electoral en Venezuela como consecuencia de la convocatoria oficial a un proceso de elección de Gobernadores y Alcaldes, a realizarse de manera adelantada, este mismo año, en medio de la pandemia de Covid-19.

 

Un hombre pasea junto a un mural contra las elecciones parlamentarias de Venezuela

Hombre paseando junto a un mural en Venezuela


Luego de de haber adquirido irregularmente el control del último bastión de la democracia que fue la Asamblea Nacional (el Parlamento) el gobierno se siente envalentonado, pues si sumamos a eso la designación en puertas de un Consejo Nacional Electoral (CNE) espurio y teniendo ya en sus manos a la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), máxima instancia de decisión sobre el tema, el camino hacia el control total del proceso de elecciones y de sus resultados, parece estar asegurado.


Estamos, entonces, ante un proceso de Colusión o Situación de Campo Minado que se presenta …“cuando una de las partes se organiza para perjudicar a las otras. Se trata de componendas en las que se acuerdan previamente y se calculan con frialdad, los beneficios que serán perjudiciales para terceros no advertidos. Frecuentemente se caracteriza por la conformación de asociaciones ilegales, convenios leoninos, pactos espurios, acuerdos de cúpulas y expresiones de abuso de poder”, (definición de librito).


No hay dudas acerca de que el gobierno sabe exactamente lo que quiere y para donde va. Lamentablemente no podemos decir lo mismo de la dirigencia opositora hoy fracturada por la lucha de intereses de grupos, la escasa conciencia histórica y la pobre solvencia ideológica.

Salvo el único interés que comparte: “salir de la dictadura y lograr un gobierno de transición hacia la democracia”, no parece haber ningún otro acuerdo, especialmente en lo referente a  ¿cómo lograr eso?


Unos siguen clamando por una intervención externa, militar o no, que nos resuelva el problema; otros proponen y actúan con el principio de “si no puedes con tu enemigo, únetele”;  los más sensatos  (El Sr. Guaidó  entre ellos) mantienen la tesis de que el problema es nuestro y solo con la movilización popular sostenida y escalando podremos salir airosos, aunque no descarten la negociación como vía alterna y simultanea con la presión de la gente y el apoyo internacional, para obligar al gobierno a sentarse a dialogar con seriedad.


Por otra parte está el pueblo opositor, cerca del 80 % de la población según las encuestas, que vive en medio de la más grande crisis económica, social y política de la historia nacional, agravada por la pandemia de Covid-19.  Mientras tanto, sufre, protesta, lucha por sobrevivir  en este “mar de calamidades en que navegamos”, y también espera la palabra orientadora, que nunca llega, proveniente de sus líderes.


Así que, para la dirección opositora, ese llamado a elecciones parece más una carrera de obstáculos que un evento democrático.


Y allí parece estar el asunto principal. La dirigencia opositora se ha desintegrado, en principio como consecuencia de sus propias contradicciones, pero además por la sistemática represión, intimidación, coacción y soborno  que el gobierno ha ejercido contra y sobre ella.


No obstante, y quizás en respuesta a esta falta de liderazgo, ha comenzado a conformarse un movimiento de la sociedad civil que ha decidido “morir con las botas puestas” antes que ceder sin pelear los espacios políticos. Así, han surgido unos cuantos candidatos no vinculados con el gobierno ni con los partidos opositores tradicionales, entre los numerosos postulados a conformar la nueva junta directiva del CNE, y también como candidatos a algunas gobernaciones y alcaldías. No parecen ser advenedizos o inexpertos en política y quizás de allí surja un nuevo liderazgo.


Sin embargo, se observa también que debido al escalamiento de la crisis económica y social y del conflicto fronterizo con el grupo guerrillero disidente de las FARC, en la frontera con Colombia al sur del Estado Apure, el tema electoral, al menos para el gobierno, parece haber pasado a un segundo plano.


Así, mientras esperamos a ver qué ocurre, seguimos, como desde hace ya varios años, con el salario mínimo más bajo del mundo (0,95 cts de dólar/mes),  pero con los que se han enriquecido a expensas del erario público instalando Bodegones con productos en dólares, comprando a precio vil bienes inmuebles dejados por los migrantes, y construyendo lujosos edificios de oficinas y mansiones en sitios privilegiados. También seguimos con la moneda pulverizada, con la inflación volviendo “sal  y agua” nuestros menguados ingresos, con el agua racionada a un día por semana en el mejor de los casos, con fallas diarias en el suministro eléctrico, con el sistema de salud colapsado, sin combustible para los vehículos, con la instituciones educativas paralizadas, con la delincuencia desatada y los asesinatos y ejecuciones extrajudiciales creciendo y, como si fuera poco, con un discurso agresivo por parte del gobierno, que anuncia la posibilidad de una guerra con Colombia.

1 Comentarios

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Preciso, atinado

escrito por María Alvarez Mederos 09/abr/21    03:23

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