Escenari Brossa: “Pruna” denuncia la pederastia, en particular la de ámbito familiar

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Hay lacras sociales antiguas pero que han tardado en emerger y cuando lo han hecho ha sido de forma clamorosa. El teatro no podía dejar de hacerse eco de ellas, como es el caso de la pederastia y, en general, de los abusos y maltratos soportados por los menores. La realidad que ha salido a la superficie es estremecedora si tenemos en cuenta que un 20 % de nuestra sociedad ha padecido algún tipo de abusos sexuales durante la infancia y que el mayor porcentaje de los mismos ha sido cometido … ¡por los propios padres de las víctimas!


Teatro   Pruna



Queralt Riera ha concebido y montado sobre este tema un texto dramático titulado “Pruna” que se presentó el Grec y obtuvo el premio Adrià Gual de teatro y que ahora regresa muy oportunamente al Escenari Brossa. "Ciruela -nos dice su autor- es una obra cruda y poética. Hemos puesto el corazón al servicio de la pieza y esperamos estar a la altura de todos los testigos que nos han regalado su intimidad de una manera tan generosa. La verdad, el amor, el reconocimiento, la responsabilidad, son nuestros pilares. La voluntad artística y la creación de una pieza escénica contemporánea de calidad, nuestro motor”.


Cuando el público penetra en la sala mayor del Escenari Brossa se encuentra a las intérpretes situadas junto a un artefacto metálico con forma humana que aparecerá y desaparecerá y paseará por el espacio escénico durante toda la fusión y que manejan con soltura Carlos Gallardo y Momo Fabré. Es la presencia amenazante de un personaje que puede ser padre, tío, vecino, enseñante, cuya sombra se proyecta sobre una niña que en el caso que nos ocupa se llama Pruna y a la que vemos en dos etapas de su vida: cuando, siendo menor, es violada por su progenitor y de mayor, cuando ha digerido aquella lamentable experiencia que, sin embargo, sigue oculta en su interior y emerge cuando menos se piensa.


Podríamos decir que “Pruna” es una obra de ficción si no reflejase una realidad que tiene nombres y apellidos. Los evoca Riera en forma de muñecas, cada una de las cuales lleva el nombre de alguna de los miles de niñas -también hay niños- abusadas que son el testimonio de cargo contra una sociedad que hasta ayer mismo escondió este drama con la política del avestruz y con el respaldo de una legislación nefasta.


Laura Calvet y Annabel Castán son las encargadas de encarnar a Pruna en cada una de las etapas de su vida. La caracterización de la niña consigue, en el relato de su peripecia familiar, pasar de la intrascendencia de hechos aparentemente irrelevantes al recuerdo de la tragedia que sufrió, exhibiendo su intérprete una meritoria versatilidad. La Pruna mayor es, en cambio, pizpireta y alegre, pero a la postre resulta que tras sus amores con el serbio Ardal late una herida imborrable.


Dos observaciones finales. Una, sobre el texto. El autor alude en algún momento al hecho de que la mayoría de edad para el consentimiento sexual estuvo fijada en España en los 14 años, algo que hoy nos parece inexplicable, pero no dice, o no sabe, que en su día esto fue aprobado en el Congreso, no sin polémica, como ¡un avance progresista! La otra hace referencia a los efectos sonoros. Durante un largo principio de la función se escucha un ruido de fondo que dificulta el perfecto entendimiento de la voz de las intérpretes y del que, caso de no ser imprescindible, sería deseable prescindir. 

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