miércoles, 22 de septiembre de 2021

Teatro Gaudí: “Matrona”, flamenco heterodoxo en un musical de fusión

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La sala principal del Teatro Gaudí tiene una disposición cuadrangular que permite situar la acción dramática en el centro del espacio y a los espectadores en cada uno de los lados, posibilitando de este modo que los espectáculos se desarrollen con plena libertad, sin paredes que los alejen del público. Más aún, cuatro pantallas estratégicamente situadas permiten que, si los responsables de cada montaje lo desean, puedan enriquecer sus creaciones con la adición de elementos audiovisuales. Esto es justamente lo que ha hecho Manel Borrás con “Matrona”, un espectáculo del que ha sido creador, director y autor de la película con la que desea subrayar o apoyar lo que ocurre en escena.


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@TeatroGaudí


Se nos dice que «Matrona» “habla de acompañar, de unir, de la soledad y de la reflexión de la vida” utilizando para ello la danza contemporánea, el baile y cante flamencos, el canto moderno, la música electrónica y clásica como elementos que dan forma a este espectáculo. Y ciertamente de todo ello hay en un montaje que nos deja un poco estupefactos. Porque, por una parte, sobre el cuadrilátero Tina Martí, Paula Domínguez e Iván Góngora dan rienda suelta a sus excelente aptitudes interpretativas, mientras de tanto en cuando sobre las pantallas se proyectan imágenes de un reportaje fílmico que trata sobre la situación de una mujer embarazada en los momentos finales antes de dar a luz -termina pariendo-, dos contextos cuya significación no hemos sido capaces de unir y que por mucho que nos expliquen creemos que confunden, porque lo que pasa en la sala de partos distrae al espectador de lo verdaderamente esencial e interesante, que es lo que ocurre en escena.


Y lo que ocurre es sencillamente un espléndido espectáculo de fusión musical en el que el protagonismo de un flamenco heterodoxo se enriquece con otros géneros y estilos, permitiendo que cada uno de los intérpretes acrediten sus cualidades, canto, piano y baile. A subrayar muy especialmente el zapateado de Góngora, esforzado, exigente, riguroso, sin un momento de relajamiento, ni de descanso, con una ejecución sublime. Todo ello sin aditamentos escénicos innecesarios en un espectáculo en el que hay también paréntesis de silencio y que preside en todo momento una increíble belleza plástica

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