miércoles, 22 de septiembre de 2021

Gardenia Pulido, Romanones y el aeropuerto del Prat

Pablo-Ignacio de Dalmases
Periodista y escritor

La ciudadanía barcelonesa vive estupefacta el sainete que nuestros políticos han montado en torno a la ampliación del aeropuerto Josep Tarradellas, más conocido como aeropuerto del Prat (y cuando yo tenía menos años, aeródromo Muntadas) con una zigzagueante actitud entre el imprescindible apoyo para conseguir unas condiciones adecuadas a las previsibles necesidades futuras de transporte aéreo de la ciudad y el inesquivable respeto, impuesto incluso por las normas europeas, a la conservación de los espacios de especial valor natural que lo rodean.


Archivo - El aeropuerto de de Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, cerca del espacio protegido natural de La Ricarda, a 9 de junio de 2021, en El Prat de Llobregat, Barcelona, Cataluña (España).

@EP


Disculpen la comparación, pero esta surrealista situación me ha hecho recordar a aquella turbadora suripanta llamada Gardenia Pulido que entretenía nuestros ocios en el inolvidable Molino y cantaba con voz insinuante un cuplé en el que decía: “Cuando digo que no, es que digo que sí, cuando digo que sí, es que no, es mi forma de hacer, es mi formade amar, es mi forma de ser ¡soy mujer!”. ¡Qué bien podría aplicarse aquella copla a nuestros políticos actuales de los que nunca se sabe si afirman cuando niegan, ni niegan cuando afirman! Ya lo había advertido con claridad meridiana hace un siglo el olvidado cacique de la Restauración que fue el conde de Romanones: “Cuando digo que no (vale igualmente para cuando se dice que sí) me refiero… ¡a las próximas veinticuatro horas!”. Más o menos como la Pulido.


Bien, lo cierto es que la ampliación está en el alero, que con las contradicciones y enfrentamientos de unos y otros pueden perderse los fondos europeos previstos a tal fin o atrasar la ejecución del proyecto hasta las calendas griegas. Sólo hace falta que haya quien tenga el valor suficiente para desatacar esta situación que parece haber llegado a un callejón sin salida, aunque eso le cueste soportar críticas con estoicismo benedictino.


Y hora permítanme que acuda de nuevo a mi cada vez más desmemoriados recuerdos para tratar de encontrar una solución acaso salomónica, pero eficaz. Tengo para mí que hace tropecientos años, antes incluso de la transición, ya se hablaba de que habría de llegar un momento en que se comprobase la imposibilidad de ampliar el aeropuerto del Prat más allá de ciertos límites y que sería necesario plantearse la necesidad de construir otro de nueva planta en un punto mucho más alejado de la ciudad. Pienso incluso que se hablaba de la zona del Penedés.


¿Será desvaríos de viejo o realmente se contempló en algún momento esta hipótesis como la única salida a un aeropuerto que superase de una vez por todas las limitaciones del actual, encajonado entre el Mediterráneo, una ciudad (Prat de Llobregat) y el espacio natural de la Ricarda, la laguna de El Remolar y el cauce del río Llobregat?  Porque no deja de ser un privilegio, cada vez compartido por menos ciudades, el de Barcelona, que tiene la terminal aérea a un tiro de piedra de la plaza de Catalunya.

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