Hacia una economía digital inteligente

Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

La pandemia ha causado un daño a la economía mundial sin precedentes en tiempos recientes. Ni siquiera la crisis de 2008 tuvo efectos tan devastadores como los que ha causado el confinamiento de una parte importante de la población mundial, con unas consecuencias terribles sobre la demanda de bienes y servicios, el comercio internacional, y el volumen de producción, que se ha contraído prácticamente en todo el planeta.


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Cada vez existe más consenso en que la recuperación económica pasa por la digitalización. La adopción de tecnologías digitales por parte de las empresas y los ciudadanos ya era antes de la crisis provocada por el Covid-19 una profunda tendencia de cambio, pero ahora se perfila como una condición indispensable para la reconstrucción.


Una economía digital presenta una serie de características generales:


- Autónoma, elimina o limita la interacción humana.


- Aumentada, potencia la efectividad y la eficiencia de las acciones humanas.


- Es ágil y rápida en la ejecución, y además escalable.


- Está representada digitalmente, de forma que permite adquirir conocimiento a través de la analítica de datos.


- Está interconectada y es compatible, permitiendo que los dispositivos se comuniquen entre sí y aprendan unos de otros.


La pandemia no es más que un eslabón dentro de una cadena de transformación que tiene un abanico temporal mucho más amplio. El objetivo es lograr crear a medio plazo una economía inteligente, y, para ello, lo digital debe ser un tema transversal que esté presente en todas las estrategias de desarrollo. Es preciso impulsar una infraestructura de comunicaciones de banda ancha, tanto móvil como fija, capaz de soportar servicios de datos cada vez más avanzados y vanguardistas. Por otro lado, las acciones a emprender deben ser inclusivas para no dejar a ningún colectivo al margen, y deben tener en cuenta los principios de sostenibilidad ambiental. Es igualmente preciso promover la alfabetización digital entre trabajadores, cuyos entornos de trabajo van a ser cada vez más tecnológicos, y entre los ciudadanos, para que puedan beneficiarse y aprovechar al máximo los servicios que ofrece la sociedad digital.


Poco antes de la explosión de la pandemia, la Comisión Europea publicó el documento Dar forma al futuro digital de Europa, que establece las directrices que deben guiar la transformación digital del continente. El principal postulado de esta declaración es que el futuro de Europa debe ser verde y digital, y por ello, aboga por un cambio de rumbo hacia el desarrollo de soluciones medioambientalmente sostenibles.


Frente a las formas de progreso impuestas desde el exterior, la Comisión defiende una sociedad digital anclada en los valores europeos, que beneficie a todos los ciudadanos enriqueciendo sus vidas, y permitiéndoles desarrollarse, tomar decisiones y elegir, sin excluir a nadie (“La transformación digital solamente puede funcionar si funciona pata todos y no solo para unos pocos”). La estrategia europea tiene un horizonte temporal de cinco años, y se asienta sobre tres grandes principios:


- Una tecnología que redunde en beneficio de las personas.


- Una economía justa y competitiva.


- Una sociedad abierta, democrática y sostenible.


- La reconstrucción después de la crisis pasa necesariamente por la digitalización para desarrollar una economía inteligente garante de altos niveles de productividad y competitividad.


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