Oriente y occidente, ¿huelen igual los capitales ocultos?

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Tras el período colonial contemporáneo, y la continuada dominación económica de las antiguas metrópolis sobre los nuevos países formalmente independientes, comenzó a teorizarse sobre la división Norte-Sur y el mantenimiento de la vieja desigualdad y dependencia


El "Norte" pasó a coincidir con casi toda la geografía del hemisferio occidental denominada como Occidente, y el llamado “Primer mundo”. Con la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin, las cosas han cambiado. Y no solo geográficamente.


El nuevo eje Este-Oeste, representado por el orientalismo imperialista ruso y el pujante capitalismo estatalista de la China comunista, se confronta ahora con el occidentalismo de mercado liberal de Norteamérica y Europa en un mundo crecientemente desideologizado. Es patético asistir al intento de la cuadratura del círculo que algunos nostálgicos de la Unión Soviética buscan llevar a cabo


Así, se interpretan los aires de grandeza de Putin como un revival de la pretendida dominación mundial manifestada en la Cumbre Comunista de septiembre de 1957. Entonces 64 partidos nominalmente comunistas --12 de los cuales estaban en el gobierno de sus países, incluidas Rusia y China-- enunciaron su objetivo antioccidental y anticapitalista basado en una supuesta supremacía ideológica comunista.


No es menos desalentador constatar cómo los países de la UE tratan ahora de frenar una respuesta eficaz y coordinada a la guerra de Putin, ante la fuerte dependencia de algunos de ellos de las fuentes energéticas provenientes de la Rusia asiática. Alemania ilustra tal proceder de forma palmaria y hasta vergonzante. Y es que los dineros son los dineros y en todas partes priorizan las relaciones económicas del capitalismo global.


Recuérdese la expresión en la antigua Roma de que Pecunia non olet ("el dinero no huele"). Se significa con dicha locución latina que el valor del dinero no tiene que ver con su procedencia. El ejemplo de la maximización de una actividad “olorosa” en pos de ganar dinero atañía en la vieja Roma al aprovechamiento de las aguas menores. 


Con su secular sabiduría, los romanos no quisieron ir más allá en la explotación prosaica de otras aguas mayores y apestosas relativas al negocio macabro de la guerra y la muerte. Como sucede hoy en Ucrania. Oligarcas del Este, y también del Oeste, proceden a ocultar sus capitales peregrinos en medio de un conflicto ya internacionalizado financieramente.


Según datos de Yanis Varoufakis, el 0,01% más opulento de Rusia (el 1% superior del 1% superior) se ha llevado de Rusia cerca de la mitad de su patrimonio, unos 200.000 millones de dólares con el fin de guardarlo en el Reino Unido y otros paraísos fiscales. 


Al mismo tiempo, el 0,01% más rico de los norteamericanos sacó de los Estados Unidos alrededor de 1,2 billones de dólares, sobre todo para evitar el pago de impuestos. Por cada dólar que los plutócratas rusos acumulan en el extranjero para evitar inspecciones, los plutócratas estadounidenses ocultan diez dólares de los suyos.


Como bien se pregunta el economista griego,denostado por los neoliberales radicales que le llaman Varoufuck, ¿será que el exclusivo énfasis sobre los rusos que hay en Occidente significa que «nuestros» oligarcas y aquellos que nutren nuestros aliados son en cierto sentido mejores? Mas bien no, es la respuesta.


Según la última entrega de los Papeles de Panamá, 3.700 sociedades opacas de oligarcas sancionados, millonarios y banqueros vinculados a Rusia han salido a la luz pública. Ya en octubre del año pasado la documentación facilitada por el Consorcio de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) exponía el escarnio en países mayormente occidentales del desenfrenado fraude fiscal.


Las filtraciones de los Panamá Papers afecta a las compañías intermediarias que han facilitado la evasión de impuestos creando estructuras y empresas en paraísos fiscales tales como las Islas Caimán, Dubái, Mónaco, Panamá, Suiza o las Islas Vírgenes. En tales offshores, las empresas se abren a nombre de un interesado (puede ser una persona u otra sociedad) Utilizan instrumentos administrativos mediante los que ponen a nombre de las sociedades implicadas un patrimonio, como pueda ser una casa, un auto, un barco, o dinero volátil o “invisible”, ocultando al verdadero dueño.


Así que los dineros tramposos del Este y del Oeste comparten la misma carencia de olores, ahora más putrefactos con la guerra de Ucrania. El dilema de fondo para la UE es que, sin recaudar impuestos sorteando la evasión fiscal, es difícil gobernar y atender a las demandas sociales. Las clases subordinadas (medias, principalmente) pugnan por mantener escuelas, hospitales y pensiones con fondos siempre menguantes. Y lo hacen en el actual contexto, cada vez más beligerantemente populista, que persigue destruir nuestro Modelo Social Europeo.


Es oportuno recordar que el valor compartido de la progresividad fiscal configura el apoyo de los contribuyentes europeos al reparto de recursos públicos para el mantenimiento de los sistemas de bienestar social continentales, lo que contrasta con la disparidad implícita en la economía neoliberal de empoderamiento personal, entendido como un individualismo posesivo ajeno a la redistribución colectiva. 


La aspiración a la igualdad, y por ende el mantenimiento de la cohesión social, se formaliza en la regla fiscal de que aquellos que disfrutan de una posición más acomodada en la sociedad deben contribuir en mayor medida --y no sólo proporcionalmente-- al bien común y al bienestar social de la ciudadanía en su conjunto. 


En consecuencia, no sólo cabe esperar que los ricos paguen más impuestos y los menos ricos obtengan mayores frutos de la redistribución fiscal, sino que el montante general de la recaudación impositiva alcance a toda la ciudadanía. Y que ni los unos ni los otros los evadan torticeramente.


Mientras mueren soldados y civiles en la ya devastada Ucrania, los evasores y oligarcas del Norte, del Sur, del Este y del Oeste, siguen ocultándose haciendo caja en los cuatro puntos cardinales del Planeta.

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