miércoles, 22 de septiembre de 2021

¿QUIÉN ES EL PUEBLO?

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Escucho la segunda autoridad del país, la Presidenta del Parlamento, diciendo que "los tribunales no pueden detener un pueblo". ¿De quién hablan cuando hablan del pueblo? Exactamente del 47% de la gente que fue a votar el 27 de septiembre, nada despreciable, al contrario. Pero este es el apoyo electoral que tienen y que, de momento, dificulta hacer Gobierno e investir al presidente, que eso sí es mandato democrático y lo pueden hacer. ¿Es un mandato democrático terminar con prisas el "proceso de desconexión" con el Estado? No lo es, porque si las elecciones fueron en clave plebiscitaria, el apoyo a la independencia no llega ni al 50%. Recordemos que nuestra máxima ley de autogobierno, que es el Estatuto, necesita dos tercios para su reforma, por poner solo un ejemplo. Es lo que ocurre cuando la épica ciega la realidad. Y en Catalunya existen muchas realidades. Atribuyen el problema al Gobierno del Estado y los tribunales, que lo es también, pero no se dan cuenta de que el tema es interno, que la mitad de la población no quiere la desconexión. Una obviedad que no pueden saltarse tirando por el derecho.


Cuesta entender el momento y el tono de la propuesta de resolución de desconexión. Si era para convencer a la CUP, en estos momentos no lo parece. Si es para forzar una negociación con el Gobierno del Estado, tampoco, porque estamos de lleno en campaña electoral. Lo que sí puede provocar es que en esta campaña se hable más de España (eslóganes patrióticos y abstractos) que de las crisis que sufre, incluida el encaje de Catalunya. Y es sin duda de una gran ayuda al PP, que ahogado como está, puede incluso ganar las elecciones aunque sea por la mínima. ¿O es mejor un Gobierno en Madrid inmovilista para continuar alimentando la frustración? La supervivencia entre dos nacionalismos enfrentados cada vez se hace más insoportable. Y sobre todo la inestabilidad política y el desgobierno.


Con toda la modestia me aventuro a hacer un pronóstico. Quizás tenemos que volver a hacer unas elecciones catalanas anticipadas en el primer trimestre de 2016, sí, aunque sea agotador porque lo es, la verdad. Se ha hecho mucha broma y despreciado los proyectos políticos que son matices, pero es en los matices donde podemos encontrar las claves para la negociación. Porque cualquier salida debe ser negociada, con el Estado, con Europa... y con el pueblo especialmente. Se necesita una salida pensando en todo el país si es que no lo queremos dividir más, la capacidad de dirigirse "a los demás" y no sólo a uno de los dos bloques. A estas alturas necesitamos bisagras, ya no solo con el Estado, sino internamente en Cataluña. Por el camino se han quemado algunas etapas que muy probablemente habría que recuperar. Por ejemplo algunas de ellas: la relación bilateral de Catalunya y el Estado, el blindaje de competencias exclusivas y el blindaje de la lengua, el pacto fiscal, los cambios legislativos incluida la Constitución... y el referéndum, poque cualquier salida deberá pasar por las urnas. Una hoja de ruta nacional (haciendo uso de la jerga de los últimos tiempos) viable, creíble, aglutinadora y una fuerte agenda social que responda a los graves retos sociales tienen mucho recorrido en una población cada vez más agotada. Las elecciones de diciembre son una oportunidad para que cada uno haga su oferta.


Y mientras escribo este artículo, a saber si en el corto plazo de su escritura y su publicación nos sorprenderá alguna noticia más.

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