Elecciones USA y trumpismo acechante

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Tras los chabacanos sucesos del asalto al Capitolio de EE. UU., protagonizados por las turbas espoleadas por su derrota electoral en las presidenciales de 2020, no pocos observadores políticos consideraron al multimillonario neoyorquino como un cadáver político. Craso error, a la vista de los últimos resultados de las primarias en curso para elegir a los candidatos de las próximas elecciones del mes de noviembre. Estas indicarán, a buen seguro, el porvenir político del reaccionario populista en su afán por volver a la Casa Blanca.


De entre los varios candidatos a lograr la nominación republicana en las primarias del estado de Ohio para el Senado, J. D. Vance ganó apretadamente con un tercio de los votos republicanos habilitados para votar. Antes de ser apoyado por Trump, Vance apenas si contaba con posibilidades en la contienda republicana. Pero, hete aquí, el empujón desde su suntuosa residencia de Mar-a-Lago en Florida ha sido decisivo para que Vance se enfrente electoralmente al demócrata Tim Ryan por el puesto senatorial de Ohio en liza en noviembre.


Ryan es un taimado político que ha sido (re) elegido en diez ocasiones para la cámara baja del Congreso estadounidense. Incluso llegó a disputarle a la ‘eterna’ Nancy Pelosi su puesto como líder de los demócratas en la Cámara de los Representantes. Pese a su apoyo entre los dos tercios de afiliados demócratas estatales, es incierto que ahora pueda lograr su ambición frente al protegido de Trump. Las habilidades de éste como repartidor de futuros puestos institucionales a sus candidatos favoritos no han perdido un ápice de efectividad. Trump es un maestro de pagar favores, lo que se conoce como la clientelista política de pork barrel; y ciertamente él no se olvidará de quienes, llegada la ocasión, apoyarán su eventual candidatura a la presidencia en 2024. Como tampoco habrá olvidado a los pocos que le dieron la espalda tras su derrota de 2020.


El trumpismo sigue acechante en un mundo convulso, donde los llamados MAGAs (término descriptivo de aquellos que compran electoralmente el eslogan Make America Great Again), premian la simplificación de un mundo feliz en el que ellos sean los ‘grandes’. Poco importa si los cambios de postura de los candidatos republicanos sean inesperados y hasta inverosímiles. Tomemos el caso del propio J.D. Vance como botón de muestra. El ahora flamante adulador de Trump le describió en 2016 como "heroína cultural que estaba conduciendo a la clase trabajadora de raza blanca hacía un oscuro y siniestro lugar".


Escritor de éxito, su libro Hillbilly Elegy relataba los avatares de una familia blanca en la región de los Apalaches, y las expectativas vitales de una clase trabajadora blanca estadounidense frustrada. Pero esa realidad descarnada, reflejada en su elegía rural la dejó el propio Vance detrás de si cuando pasó a hacer fortuna en el mundo de las finanzas. Su antiguo jefe, Peter Thiel, uno de los ‘tiburones’ más poderosos de Silicon Valley, aportó 10 millones de dólares para lanzar su carrera política. Tras el respaldo de Trump, más millones de otros supermillonarios han contribuido decisivamente a hacer posible su victoria en las filas republicanas. Hace pocos años Vance afirmaba que estaba en la política para luchar contra las élites nacionales. Todo su interés ahora parece integrarse en ellas.


Hasta el momento, la gran mayoría de los candidatos apadrinados o bendecidos por Trump han conseguido ganar sus disputas intrapartidarias para convertirse en los candidatos al Congreso, además de optar por otros cargos de relevancia política como gobernadores estatales. Todavía resta por comprobar si los apoyos trumpistas eran para candidatos ya favoritos o, como valida el caso de Vance, son para quienes no siendo favoritos apuntan hacia un cambio de tendencia a favor de los MAGAs. Las próximas primarias republicanas en otros estados, tan importantes como las celebradas en Ohio, nos darán el peso y la medida de la influencia de Trump entre los votantes del partido republicano.


En el entretiempo, sucesos de gran relevancia económica, política y social serán azuzados por el establishment conservador estadounidense con el objetivo de amplificar las ilusiones de los MAGAs y, eventualmente, comprobar que el trumpismo todavía es un caballo ganador en las carreras electorales. ¿Es una casualidad menor que el gran usuario de twitter en sus pugnas electorales del pasado asista complacido a la toma del control de la empresa de microblogueo por su colega multimillonario, Elon Musk?


Quizá el tema de mayor calado a la hora de redactar estas líneas sea el asunto del aborto y el Tribunal Supremo. Según ha revelado Politico, el alto tribunal habría votado el ‘borrador’ para anular su propia sentencia de 1973 en el caso Roe v. Wade que legalizaba el derecho al aborto en EE. UU. Ahora se comprueba el efecto retardado de la politización conservadora que auspició Trump durante su mandato presidencial. Como se sabe, tal sesgo conservador se afianzó con el nombramiento de tres candidatos a la alta magistratura propuestos por Trump, lo que fue un número inusualmente alto realizado en un solo mandato presidencial. Recuérdese que los cargos del Tribunal Supremo son vitalicios.


De confirmarse tan polémica decisión, se ‘devolvería’ a los estados la potestad sobre un asunto tan sensible y fundamental, lo que implicaría una geografía del aborto altamente fragmentada. Con una diversidad de normas favorables se situarían los estados más liberales en ambas costas, y los más restrictivos y derogatorios en las zonas centrales. Todo ello haría de las elecciones del próximo noviembre un choque de consecuencias directas para las aspiraciones de Donald Trump. Él y su sequito de MAGAs podrían pasar a dominar los tres poderes constitutivos de la Unión. Y sin necesidad de desplegar de nuevo a las turbas en el National Mall frente al Capitolio.

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