¿Cómo es la isla de Lesbos?

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Raül Torras.- Cuando en julio de 2011 estallaba la guerra civil en Siria, nadie podía imaginar cuáles serían sus consecuencias. La respuesta del régimen de Bashar al Assad a las demandas democratizadoras de la sociedad civil fueron las balas, iniciando así un confuso espiral de violencia entre la oposición y las autoridades que ya se ha llevado más de 450.000 vidas. Ante la extrema violencia en la que estaban expuestas miles de personas fueron muchas las que decidieron dejar atrás aquel horror para poner la vista en el continente europeo, ilusionada por la decisión de Alemania de abrir sus fronteras para todos aquellos que huían del conflicto. Sin embargo, Siria no es el único país marcado por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, así que los habitantes de los países vecinos verán en esta decisión una inmejorable oportunidad para acceder a Europa y al bienestar que esta lleva implícita. La vía elegida será primero viajar hasta Turquía para posteriormente cruzar el mar mediterráneo accediendo así a Grecia, ya continuación seguir por la ruta de los Balcanes. Antes de eso sin embargo, el primer territorio europeo al que llegarán cientos de miles de refugiados será una pequeña isla helenos, Lesbos.


Situada a sólo 16 km de Turquía, la isla de Lesbos se ha convertido para muchos el fin de una odisea. Pisar su suelo significa haber dejado atrás una travesía de semanas o incluso meses, significa haber sobrevivido a un peligroso trayecto con una embarcación más que precaria, con exceso de pasajeros, donde la única medida de seguridad son unos chalecos salvavidas muchas veces falsas. Para ello han tenido que pagar a los traficantes la vergonzosa cantidad de 1.500 euros por persona, especialmente indignante teniendo en cuenta que la atraviesa de Lesbos en Turquía cuesta menos de 25 euros. Una muestra más de la desigualdad de oportunidades que impera entre el norte y el sur.


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              Foto: Oriol Bäbler


Esta pequeña isla de pescadores llena de olivos carga en sus hombros gran parte del peso de la crisis de los refugiados en Europa aunque no es algo nuevo, ni mucho menos. Debido a su ubicación geográfica ha sido un importante receptor de inmigrantes durante la trasera década, aunque nunca antes se había producido con la actual intensidad. Para hacernos una idea, Lesbos tiene una población de unos 86.000 habitantes, y sólo en lo que llevamos de 2016 ha recibido 73.750 refugiados. O lo que es lo mismo, esta isla de 1.630 kilómetros cuadrados ve desembarcar en sus costas una media diaria de 1.170 personas. Así, el día a día de la población local ha quedado absolutamente condicionado por este fenómeno, el cual ha modificado por completo su estructura económica, donde la principal fuente de ingresos ya no es el turismo sino todo lo relacionado con los refugiados y los trabajadores y voluntarios desplazados a Lesbos para asistirlos. El sector de los servicios dispone ahora de una plena actividad durante los 365 días del año y no sólo en los meses de verano como ocurría anteriormente: los hoteles están siempre llenos, las compañías de alquiler de coches no dan abasto y todos los pequeños negocios del puerto se han readaptado a la nueva clientela, así que ahora todas las tiendas venden mochilas, linternas, tiendas, cargadores de móvil y otros accesorios elementales para aquellos que tienen todavía un largo trayecto por delante.


Es complicado proyectar una imagen de la población local de Lesbos ya que las opiniones y actitudes respecto a la cuestión de los refugiados son muchos variadas. La sociedad griega es una sociedad que se ha mostrado comprensiva con la problemática en cuestión, especialmente los habitantes de esta isla, muchos de los cuales se establecieron aquí a partir de 1920 después de tener que abandonar Turquía fruto de la persecución ortodoxa que se llevará a cabo. Sin la solidaridad entra en conflicto con las necesidades vitales de una ciudadanía no precisamente rica, cansada, después de haber lidiado con este problemática durante tanto tiempo y sin ver todavía una solución realista.


En este sentido hay que decir también que el personal internacional desplazado a la isla ha sido incapaz de integrar sus demandas y preocupaciones en la gestión de esta crisis. Algunos pues se miran con recelo a aquellos que han llegado a su tierra para darlo todo a los recién llegados pero que han ignorado a los ciudadanos de la isla que también viven en primera persona las consecuencias del drama. Es por tanto una de las muchas asignaturas que tenemos pendientes, mejorar la comunicación y la coordinación con la población local de Lesbos, nutrirnos de su conocimiento y su experiencia para proveer mejores servicios al conjunto de la comunidad. No hay que olvidar que tal vez un día la crisis de los refugiados llegará a su fin, pero ellos seguirán allí.


Lesbos

               Foto: Raúl Torras


Así es la vida en Lesbos, un lugar donde se pueden presenciar las dos caras más opuestas de la naturaleza humana. Aquí se inspira tristeza y se espira impotencia, se lee el miedo y la desazón en los ojos de aquellos que huyen para sobrevivir. En las silenciosas noches se escuchan llantos y se maldice a la humanidad por haberlos olvidado hace ya tanto tiempo, preguntándose el por qué, por qué les ha tocado ser víctimas de la crueldad de la guerra, la injusticia y la invisibilidad. Pero no todo es oscuridad. Lesbos es también un hilo de esperanza para los que luchan contra la indiferencia, es la muestra de que todavía quedan personas que velan altruistamente por el bienestar de su especie, un ejemplo de coraje, entrega y compromiso con el valor de la igualdad.


Raül Torras, coordinador de Better Days For Moria, una ONG situada en la misma isla de Lesbos. 

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