El espantajo del comunismo

Joan Ferran

De comunistas, anarquistas, católicos, luteranos y otras especies los hay de todo tipo y condición. Los hay buenos, malos, honestos, truhanes, picaros, simpáticos y aborrecibles... El muestrario sería interminable y la catalogación imposible. Sentadas estas consideraciones previas, hijas del sentido común, he de manifestar que aborrezco esa táctica -que algunos usan indiscriminadamente- de descalificar al adversario político etiquetándolo despectivamente como ‘comunista’ o ‘totalitario’. Más deleznable me parece aun la actitud de otros bocazas que, agitando el espantajo del estalinismo, hacen extensible ese tipo de insultos a toda la izquierda en general. Tampoco me agradan esas voces que no dudan en calificar a los miembros y votantes del PP como viles fachas franquistas. Ni aquellas otras que identifican como ‘fascistas’ a todo aquel que no comulga con la retorica y la mística del ‘procés’ en su senda hacia Ítaca. A estas alturas de la película un macartismo a la española devendría insoportable.


A este país le urge recuperar el verdadero nombre de las cosas, respetar el derecho de las personas a pensar diferente y rebajar la tensión política. Hace escasos días un artículo en prensa de Jordi Borja glosaba el papel jugado durante la Dictadura y la Transición por el PSUC y el PCE. Centenares de militantes comunistas pisaron las cárceles franquistas por el simple hecho de defender las libertades y muchos de sus dirigentes ayudaron a consolidar la democracia que hoy disfrutamos. Tampoco sería justo menospreciar el papel de los socialistas en su titánico empeño por garantizar la unidad de la sociedad civil catalana. Respeto pues para todos aquellos que lucharon por la libertad y la cohesión social más allá de las ideologías.


Seamos justos. Salvando las distancias algo similar ocurre con el PP. No justificaré jamás sus regresivas políticas neo liberales pero estoy convencido de que en su seno habita mucha gente honrada, con profundas convicciones democráticas, homologable con sectores de la derecha europea más civilizada. Me abstengo de opinar acerca de aquellos que etiquetan como ‘botiflers’ a los no nacionalistas, pura bilis emocional.


Ha comenzado un nuevo ciclo electoral, vamos a ver y a oír muchas sandeces. Convendría que los portavoces de las diferentes formaciones políticas se esforzaran en pulir la carga emotivo-despreciativa de sus palabras cuidando su significado. El arte de convivir en paz se dibuja a partir del respeto no solo hacia las ideas de los otros sino también hacia su pasado.


Como en botica: rojos, anarcos, curas, socialistas, liberales y demás los hay, los hubo y los habrá de buenos y de no tan buenos. 

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