miércoles, 2 de diciembre de 2020

Aznar: cabreado y maquinando

Manuel Fernando González Iglesias

Aznar renuncia


Lo natural en la vida es que los hijos se independicen de sus padres, aunque los de mi generación aspiremos a que los nuestros dejen de machacarnos el bolsillo y que nunca se vayan del todo ya que, además, de ellos asumimos el gasto de nuestros mayores, porque el Estado se ha olvidado de sus derechos y por supuesto del de nuestros nietos, a los que también hay que ayudar porque sus padres no suelen llegar a final de mes, financieramente hablando.


No obstante, no creo que este sea el caso de Jose María Aznar y su heredero Mariano Rajoy, ya que ambos gozan de una inmejorable salud financiera y su futuro político más inmediato no parece correr ningún peligro que sepamos. Y, sin embargo, el padre le ha anunciado al "hereu" que decimos en Catalunya, que deja de ser Presidente de Honor del partido que fundara Don Manuel Fraga, anuncio que nos ha dejado a todos perplejos, aunque algo ya barruntábamos cuando el expresidente del Gobierno y Copríncipe de las Azores ya había sacado a la FAES de la lista de Fundaciones próximas al PP.


O sea, que en el próximo Congreso popular a celebrar en el mes de febrero, o se convoca a Aznar como simple militante y compromisario, o el de Valladolid dejará de estar en la mesa presidencial de forma honorífica aplaudiendo las decisiones que tome delante suya la Asamblea. Un detalle que no es menor y que va a revolucionar a la derecha española.


¿Cuál va a ser el próximo paso de Aznar? Nadie lo sabe. Pero seguro que en La Moncloa, ahora mismo, deben estar buscándole la repuesta más apropiada, ya que tener el enemigo en la propia casa no entraba en los planes de Don Mariano, y mucho menos, en los de la Ejecutiva que maneja de momento María Dolores de Cospedal.


En principio, todas estas muestras de desagrado aznariano predicen una hoja de ruta hacia la confrontación o la crítica dura a la gestión del Gobierno y, sobre todo, a la de su Presidente. Zasca que adquirirá mayor virulencia en el momento en que a Rajoy le agobie el problema catalán o la legislatura se le vuelva en contra.


Si eso no se produce, Aznar se mantendrá callado, aunque nunca se sabe si hará lo mismo que hizo Adolfo Suarez en los tiempos de UCD, cuando se fue del partido que fundara en la Transición y se inventó el CDS de efímera existencia y escaso apoyo electoral.


Y aunque no parezca probable, el talante de Don José Maria, como todos sabemos, está tan cargado de autocomplacencia que desdeñar esa posibilidad es casi suicida.


De momento, y es un aviso serio para navegantes precongresuales, ya lo tenemos en su propia salsa: cabreado y maquinando.

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