Nostalgia de la melancolía

Mario Polanuer


Melancola

Melancolía es una palabra hermosa. Sin duda mucho más bella que depresión. Quizás porque su significación ha ido variando con el tiempo (es lo que tiene, la significación) hasta adquirir una pátina romántica, casi poética, descriptiva más de un estado del alma que de una enfermedad mental. Los románticos, allá por el final del siglo 18, fueron los que iniciaron esa deriva reivindicando, además, su categoría de fuente de inspiración.


Más allá de su belleza intrínseca la historia del término melancolía es muy larga. Comparado con depresión tiene, sin duda, mucha más solera.


Introducido por Hipócrates de Cos, el fundador de la medicina occidental, cuatro siglos antes de Cristo, deriva del griego antiguo μέλας (melas), "oscuro, negro", y χολή (kholé), "bilis".


Su teoría de los humores fue de las más longevas de la historia de la ciencia. Estuvo vigente desde su formulación hasta hace doscientos años. Proponía que la naturaleza del hombre estaba regulada por el equilibrio dinámico de los cuatro humores: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. El predominio de la bilis negra daba lugar al talante melancólico y, cuando llegaba a ser absoluto, a la melancolía.


A medida que el positivismo se fue adueñando de la psicopatología el término melancolía fue desplazado de las clasificaciones psiquiátricas, para ser reemplazado por el de depresión.


Un término añejo, con profundas raíces y enormes resonancias fue reemplazado por otro de mucho menor calado. La prueba es que depresión ya no quiere decir nada (ver mi post anterior).


La melancolía fue desterrada en los manuales clasificatorios hasta ser relegada a lo que en lenguaje DSM se llama una especificación: es decir una subcategoría que describe un subtipo de depresión y que no tiene relevancia ninguna en el enfoque de los tratamientos porque queda fuera de los protocolos.


Es lógico si se piensa en el estado actual de la psiquiatría. De medicina del alma -deriva del griego ψυχή (psiqué) alma, y ἰατρεύω (iatréia) curación- sólo conserva el nombre: los avatares del alma son esquivos a las clasificaciones y su tratamiento es imposible de protocolizar. Por eso la cosa se ha invertido: se intenta forzar dichos avatares para hacerlos clasificables y se usa los protocolos (y sus corolarios, los tratamientos farmacológicos) para hacerlos entrar en vereda.


En el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales de la Asociación de Psiquiatría de Norte-América) la melancolía está arrinconada como una apostilla de un episodio depresivo mayor (eso es una especificación): episodio depresivo mayor, grave (hasta aquí se puede codificar) con síntomas melancólicos. Se lo debe ir a buscar al final del capítulo llamado “trastornos del estado de ánimo”.


Una apostilla entre otras:

Crónico

Con síntomas catatónicos

Con síntomas melancólicos

Con síntomas atípicos

De inicio en el posparto


Para poder añadir esta especificación deben concurrir los siguientes factores:


A. Presencia de uno de los siguientes síntomas durante el periodo más grave del episodio actual:

1. pérdida de placer en todas o casi todas las actividades

2. falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros (no se siente mejor, ni siquiera temporalmente, cuando sucede algo bueno)


B. Tres (o más) de los siguientes:

1. una cualidad distintiva del estado de ánimo depresivo (p. ej., el estado de ánimo depresivo se experimenta de forma distinta del tipo de sentimiento experimentado tras la muerte de un ser querido)

2. la depresión es habitualmente peor por la mañana

3. despertar precoz (al menos 2 horas antes de la hora habitual de despertarse)

4. enlentecimiento o agitación psicomotores

5. anorexia significativa o pérdida de peso

6. culpabilidad excesiva o inapropiada


Como sucede muy a menudo lo que sale por la puerta entra por la ventana. A pesar de la redacción árida y patéticamente "anti literaria" - pocas cosas más apasionantes que el funcionamiento mental y pocas más aburridas que leer los manuales modernos de psiquiatría - y a pesar de la intención claramente objetivante de sus autores la potencia conceptual de la melancolía retorna de forma sintomática, se cuela mostrando que a este desmoronamiento del alma el traje de la depresión, que se propone como "trastorno del estado de ánimo", le viene muy pero que muy pequeño.


No sería extraño que en las próximas ediciones del manual termine por eliminarse. El concepto melancolía, que apunta a lo específico de este padecimiento, debe ser desterrado de la psicopatología para que puedan seguir repartiéndose antidepresivos a poblaciones cada vez más amplias. El concepto depresión es mil veces más laxo y es aplicable, por su laxitud, prácticamente a cualquier situación vital en la que predomine la tristeza.


Por ese motivo, y desde el punto de vista del rigor conceptual, no cabe duda: a la depresión la melancolía le gana por goleada.

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