El corporativismo

Manuel Fernando González Iglesias

DeLara 1


El corporativismo es un mal endémico que padecemos la mayoría de los profesionales españoles, y los jueces no son una excepción. Sus sentencias están para acatarse, pero no existe ninguna posibilidad de que, en nombre de la libertad de expresión, los periodistas tengamos que compartirlas. La crítica razonable ha de ser nuestra norma, sino el estado de derecho sufre un grave quebranto, ya que los que nos dedicamos a este oficio de escribir perdemos el derecho a defender lo que entendemos es más ético.


Esta reflexión viene a cuento de una noticia que hemos publicado en GaliciaPress sobre la decisión del Consejo General del Poder Judicial de dar la razón a la jueza estrella Pilar Lara, la cual envió a un prestigioso despacho de abogados de La Coruña a la policía judicial o si lo prefieren, a la aduanera, a realizar un registro que ahora, a sus señorías del Poder Judicial, les parece pertinente.


Hace unos días el Tribunal Supremo emitía una sentencia que quitaba la razón a la citada jueza por unos regalos navideños que a ella le parecieron sospechosos de delito. La contundencia con que se pronunció el Alto Tribunal no dejaba lugar a dudas sobre que la decisión de la citada Jueza era manifiestamente injusta.


Varias empresas y cargos públicos de nuestro país están siendo investigados por esta magistrada, que como sucediera en su día con el ex Juez Garzón o la inolvidable Jueza Alaya en Sevilla han ocupado, día sí y día también, los titulares de los diarios, lo cual, nos hace sospechar de que todos ellos disfrutan viéndose retratados ante la opinión pública como adalides de la Justicia, algo que a nuestro CGPJ parece tenerle al pairo.


Todavía recuerdo como a otro Juez llamado Julio Solaz, ahora en la Audiencia de Barcelona, le encomendaron que investigara el gigantesco fraude del Palau de la Música. Se pasó dos años tocándose el birrete, y acusó a varios de sus compañeros de acosarle porque se desesperaban con su lentitud y por no haber recibido a testigos esenciales que luego se han demostrado ante el Fiscal como fundamentales. 


En aquel entonces, el Consejo General de los Jueces les abrió un expediente a esos jueces críticos y así apagó "repentinamente" unas críticas más que justificadas. Otros vinieron cuando Solanz se fue a hacer justicia a esa Audiencia Provincial mientras se conocía que formaba parte de una lista de jueces a favor de la independencia que todavía no han sido llamados a capítulo. Los recién llegados trabajaron mucho y acabaron un trabajo que se ha demostrado requería premura y eficiencia. Hoy podemos leer las tropelías que se cometieron en la centenaria institución musical catalana que acabará con una sentencia que, dada la edad de los principales acusados, no tendrá la eficacia que todos deseamos por el tiempo que duró la instrucción. Naturalmente el Consejo General no ha reconocido a estas alturas que se equivocó gravemente, pero así fue.


Un Juez no es Dios en la tierra, sino un hombre justo que sirve a la sociedad. Su trabajo es muy difícil y solitario. Está mal pagado y tiene pocos medios materiales, pero eso no quiere decir que sus decisiones sean siempre las correctas. A la Jueza Lara hay que dejarla trabajar, pero también exigirle rigor y, sobre todo, respeto al resto de los profesionales de la Justicia. Por ejemplo, a unos abogados que están cumpliendo escrupulosamente con su trabajo y pretenden que sus defendidos gocen del beneficio de la duda, porque ante la ley, nadie es culpable hasta que se demuestra esa culpabilidad. Los despachos profesionales, al igual que el de los jueces, se merecen un respeto a la intimidad. 


Por lo demás, dilatar las instrucciones, o llevarse por ejemplo un camión con documentos que no vas a poder leer durante toda tu vida judicial, no es Justicia, o al menos eso a este periodista no se lo parece.


Amparar actuaciones muy discutibles suena a presunto corporativismo, y el gobierno de los jueces no debe defender sola la independencia de la labor de sus compañeros y compañeras sino la de todos los estamentos de la Justicia. Con todos mis respetos, no comparto su decisión sobre el asunto que nos ocupa, y espero que la Juez Pilar de Lara sea a partir de ahora más discreta y eficiente, y sobre todo, que no conceda todas "sus exclusivas" a una sola periodista de cámara de un prestigioso medio cuando esas "primicias" corresponden a la fase de instrucción en la que la discreción es fundamental para que los acusados, que no culpables, tengan una defensa justa.


Artículo publicado previamente en Galiciapress

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