Suspendía, desafiaba a sus profesores… y acabó siendo un genio: la cara oculta de Gaudí
El joven Antoni Gaudí fue un estudiante mediocre, pero ya apuntaba a revolucionar la arquitectura
“Le dimos el título a un genio o a un loco, el tiempo lo dirá”. Así recuerda RAC1 las palabras atribuidas a Elies Rogent cuando Antoni Gaudí se graduó en la Escuela de Arquitectura de Barcelona con tan solo 26 años.
La frase, que en su momento reflejaba dudas, hoy se ha convertido en una de las definiciones más precisas del genio que transformaría la arquitectura moderna.
Un expediente académico discreto
Lejos de la imagen de alumno brillante, Gaudí dejó un expediente irregular, con muchas asignaturas aprobadas por la mínima e incluso algún suspenso destacado, como Mecánica racional, que le obligó a repetir curso.
Su proyecto final tampoco convenció plenamente al tribunal. Diseñó un paranimfo innovador que competía directamente con el del propio Rogent, algo que pudo interpretarse como un desafío. Aprobó, pero no por unanimidad, y obtuvo la peor nota de su promoción.
Aprender fuera del aula
Gaudí no seguía el camino académico tradicional. Era selectivo: asistía solo a las clases que le interesaban y dedicaba su esfuerzo a los proyectos.
Durante su etapa formativa trabajó en la Cascada Monumental del Parc de la Ciutadella, diseñada por Josep Fontseré, donde realizó cálculos hidráulicos con tal precisión que el profesor Joan Torras le aprobó sin haber asistido a clase.
Un talento que no encajaba
Según el historiador Juanjo Lahuerta, Gaudí hacía lo que muchos alumnos brillantes: medir sus esfuerzos y concentrarlos donde realmente importaba.
En total, obtuvo 18 aprobados, un excelente y dos notables en proyectos. Entre sus trabajos destaca una monumental fuente para plaza Catalunya, con agua cayendo desde más de 50 metros, concebida como un elemento arquitectónico más.
Ese proyecto será ahora recuperado en una exposición inmersiva en el marco del Año Gaudí.
El genio que desafió las normas
Su trayectoria demuestra que el talento no siempre sigue las reglas. Gaudí cuestionaba a sus profesores, evitaba lo convencional y ya desde joven mostraba una visión única.
Aquella frase de Rogent, hoy ya tiene respuesta: no era un loco. Era un genio adelantado a su tiempo.
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