Gaziel, el farmacéutico al que el azar convirtió en periodista
Agustí Calvet, director de La Vanguardia durante dieciocho años, fue uno de los periodistas catalanes y españoles más importantes del siglo XX.
Se llamaba Agustí Calvet e iba para farmacéutico o, en todo caso, para abogado, pero el azar le convirtió en periodista y en uno de los más destacados profesionales españoles de la comunicación del siglo XX. En realidad, toda su vida fue fruto del albur, de las contradicciones y de un cúmulo de deseos frustrados que, sin embargo, le concedieron el privilegio de pasar a la historia con el seudónimo literario que escogió: Gaziel. Francisco Fuster lo ha biografiado en “Insobornable. Vida de Gaziel” (Galaxia Gutemberg)
A Gaziel se le recuerda por haber desempeñado la dirección del diario barcelonés La Vanguardia entre 1920 y 1936, pero en realidad su quehacer periodístico fue fruto de la causalidad. Tras haber estudiado en Barcelona y Madrid marchó al París de principios de siglo XX para culminar su formación con una ayuda de cien pesetas mensuales de su padre (¡hay que ver lo que daban de sí las pesetas en aquellas calendas!) En la capital francesa vivió el estallido de la “gran guerra” y hubo de regresar a la ciudad condal donde le pidieron que publicara en La Vanguardia unos artículos sobre su visión del conflicto. Con tan buena fortuna que se convirtió en colaborador habitual del rotativo y a partir de 1920, en mimbro del equipo colectivo de dirección para más tarde ser entronizado por la propiedad como director único, lo que le convirtió en el “alter ego” de la familia Godó, propietaria de la empresa.
A pesar de su larga relación con dicho diario, dicha relación fue tensa. Con Ramón Godó, porque discrepaba de la postura que el diario mantenía sobre la cuestión catalana. Quizá por ello estuvo tentado mediados los años treinta en aceptar la dirección del nuevo periódico El Sol, algo que le aconsejó que declinara su amigo Osorio y Gallardo, quien resumió la situación diciéndole que eran unos momentos tan peligrosos que “hasta los catedráticos de filosofía llevan pistola”. Las tensiones con la propiedad de La Vanguardia continuaron con el heredero, Carlos Gogó porque en la posguerra, sospechosos ambos para el nuevo régimen por la postura que había mantenido el diario en relación con la república, se fueron pasando la pelota el uno al otro cuando fueron juzgados; Gaziel, por el Tribunal de Responsabilidades políticas y por la jurisdicción militar.
El caso es que desde una perspectiva ideológica Gaziel resultó sospechoso para tirios y troyanos. Se caracterizó como un hombre de la derecha liberal, profundamente catalanista y preocupado por la conflictiva relación entre Cataluña y España, lo que le llevó a defender una visión federalizarte que tendiese puentes pero que, a la vez, renunciase a todo tipo de actitudes maximalistas que siempre habían producido pésimos resultados.
Por otra parte, su vida personal y familiar estuvo plagada de sobresaltos. Así la separación de sus padres y el egoísmo de éste, siempre avaro en ayudar a la familia que había dejado, pero sobre todo las prematuras muertes de su esposa francesa y de la hija habida entre ambos y el peligroso itinerario de su hijo varón, que acabó teniendo que luchar durante la segunda guerra mundial en Indochina con el ejército francés.
Fuster concluye que “el Gaziel periodista no fue el resultado de una decisión plenamente voluntaria, sino el fruto de una jugada del azar…. De no haber sido por aquella casualidad que ha marcado la historia de un destino… la existencia que a él le hubiese gustado llevar es, justamente, la que solo ha podido gozar durante los últimos años de su vida… ser un escritor en lengua catalana”.
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