El FC Barcelona acudía a Montilivi con la intención de pasar página tras el contundente 4-0 encajado ante el Atlético de Madrid en la Copa y con el objetivo claro de recuperar el liderato de LaLiga después de la victoria del Real Madrid. Sin embargo, la realidad fue muy distinta a la esperada. El equipo dirigido por Hansi Flick no solo no logró su propósito, sino que salió del derbi catalán con más dudas que certezas y con la sensación de que la crisis deportiva se agrava en un momento clave de la temporada.
La derrota ante el Girona no fue únicamente un revés en la clasificación. Fue también un golpe anímico en un equipo que transmite inseguridad en el juego, fragilidad en momentos decisivos y una evidente falta de contundencia en las áreas. A ello se sumó una polémica arbitral que terminó por encender los ánimos del banquillo azulgrana y de su afición.
Dominio sin premio y un penalti que marcó el rumbo
La primera parte dejó señales contradictorias. El Barça no firmó un mal primer acto. Generó jugadas de peligro y contó con varios tramos de dominio como para adelantarse en el marcador. Sin embargo, como viene siendo habitual, volvió a aparecer uno de los males que persiguen al equipo en las últimas semanas: la falta de eficacia.
Lamine Yamal y Raphinha fueron los más activos y asumieron galones en ataque. El joven extremo lo intentó con descaro, en un día sin mucho acierto en el desborbe, y vio cómo su penalti no encontraba premio en la última jugada de los primeros 45 minutos, un fallo que pesó como una losa. El brasileño, por su parte, se topó con el palo en una de las acciones más claras. El Barça llegaba, pero no concretaba. Y en el fútbol de élite, perdonar suele tener consecuencias.
Un Girona con identidad y un plan claro
Tras el descanso, el partido cambió de guion. El Girona dio un paso al frente y mostró una versión reconocible: ordenado en defensa, sólido en el repliegue y letal al contragolpe. El planteamiento incomodó a un Barça incapaz de ajustar su presión y de controlar las transiciones rivales.
Cuando peor parecían estar los azulgranas, llegó un rayo de esperanza. A la hora de partido, Pau Cubarsí se elevó por encima de todos y conectó un cabezazo imponente a la escuadra que silenció momentáneamente Montilivi. El tanto parecía un punto de inflexión, el impulso necesario para cambiar la dinámica.
Pero la alegría fue efímera. Apenas un suspiro después, la defensa azulgrana perdió la concentración y permitió que el empate llegara con demasiada facilidad. Lemar, libre de marca en el área pequeña, aprovechó la desatención para igualar el marcador. Un golpe inmediato que dejó tocado al conjunto visitante.
Joan García sostiene… hasta que no puede más
A partir de ahí, el partido entró en una fase de incertidumbre para el Barça. El Girona olió la sangre y apretó. Fue entonces cuando Joan García emergió como salvador momentáneo con hasta tres intervenciones de mérito que evitaron el segundo tanto local. Sus paradas mantuvieron con vida a un equipo que ya mostraba signos de descomposición.
Sin embargo, la resistencia no fue eterna. En la acción que decidió el encuentro, Fran Beltrán ajustó un disparo al palo izquierdo imposible para el guardameta. Antes del remate definitivo, el entorno azulgrana reclamó una falta previa sobre Koundé, una acción que el colegiado decidió no señalar y que desató la indignación visitante. Montilivi estalló de euforia mientras el Barça protestaba una decisión que, a su juicio, condicionó el desenlace.
Una semana clave para frenar la caída
La derrota deja al Barça sin liderato y sumido en una dinámica preocupante tanto en resultados como en sensaciones. Más allá de la clasificación, inquieta la falta de contundencia en ambas áreas y la fragilidad emocional tras cada golpe recibido. El equipo parece debatirse entre la ansiedad por ganar y la frustración por no conseguirlo.
Hansi Flick dispone ahora de una semana para recomponer piezas, recuperar confianza y, sobre todo, devolver al equipo una identidad reconocible. Porque en Montilivi no solo se escaparon tres puntos; también quedó en evidencia que el Barça necesita algo más que intención para volver a sentirse candidato.
El FC Barcelona deberá encontrar rápido la forma de acercarse a la filosofía que siempre le ha acercado a ganar. Vaciar el mediocampo, no imponer ritmo, dejarse llevar por la marea del partido, precipitarse o resumir tu juego en las dos áreas, no suena bien. El conjunto azulgrana todavía tiene margen de reacción y de mejora, pero cada vez le queda menos tiempo si quiere optar a tocar títulos esta temporada.
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