El efectivo pierde terreno a pasos firmes en España. Durante el primer semestre de 2025 se registraron 9.401 millones de pagos sin efectivo, un 8,5% más que un año antes, según los datos publicados este miércoles por el Banco de España. Detrás de la cifra hay una tendencia clara: la economía cotidiana es cada vez más digital.
La tarjeta se consolida como el instrumento dominante en número de operaciones. Entre enero y junio se realizaron más de 6.100 millones de pagos con tarjeta, un 11,1% más que en 2024. De ellos, casi uno de cada cinco fue remoto, principalmente a través de Internet, lo que confirma el peso creciente del comercio electrónico.
El gesto de acercar la tarjeta o el móvil al terminal también sigue ganando terreno. Los pagos sin contacto en comercios físicos superaron los 4.700 millones de operaciones, con un crecimiento cercano al 12%. Pagar sin introducir el PIN —o incluso sin sacar la tarjeta de la cartera— ya forma parte de la rutina diaria.
Transferencias: menos frecuentes, pero de mayor volumen
Aunque las tarjetas concentran casi dos tercios de las operaciones, el grueso del dinero se mueve por otra vía. Las transferencias bancarias representan la inmensa mayoría del importe total abonado sin efectivo. En los seis primeros meses del año se realizaron más de 1.500 millones de transferencias, por un valor conjunto de 5,7 billones de euros.
Es decir, mientras las tarjetas dominan el día a día —con un gasto medio de algo más de 30 euros por operación—, las transferencias siguen siendo la herramienta clave para empresas, nóminas, pagos entre compañías y grandes movimientos de capital.
Más tarjetas que habitantes
El avance del pago digital también se refleja en el bolsillo. En España circulan ya 119 millones de tarjetas, lo que equivale a una media de 2,4 tarjetas por persona, en línea con la media de la zona euro. El parque de tarjetas crece a doble dígito, impulsado por la digitalización bancaria y la proliferación de soluciones vinculadas al móvil.
En paralelo, los cajeros automáticos siguen reduciéndose ligeramente y se sitúan en torno a los 37.100 en todo el país. La red cae, pero a un ritmo más moderado que en el conjunto del euro.
Un cambio estructural en la forma de pagar
El volumen total movido a través de instrumentos distintos al efectivo alcanzó los 6,4 billones de euros, un 6,3% más que el año anterior. Más allá de las cifras, el mensaje es nítido: el efectivo ya no marca el ritmo del consumo ni de las transacciones empresariales.
España avanza hacia una economía cada vez más digitalizada, donde pagar con tarjeta, móvil o transferencia inmediata se impone como norma. El dinero físico no desaparece, pero su protagonismo se reduce semestre tras semestre.
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