Merz y Macron lideran en Múnich la respuesta europea ante la visión de Rubio
La Conferencia de Seguridad de Múnich reúne a 200 representantes de 120 países en un clima de tensión transatlántica, con Emmanuel Macron y Friedrich Merz defendiendo los valores europeos y con Pedro Sánchez rechazando que “el rearme nuclear no es el camino a seguir”.
La cita bávara se convierte en un escenario donde se confrontan diagnósticos, estrategias y visiones sobre el futuro del orden internacional en plena redefinición del vínculo entre Europa y Estados Unidos.
La 62.ª edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich arranca el viernes 13 de febrero con una imagen elocuente: una bola de demolición suspendida de una grúa como símbolo de un orden mundial “en demolición” bajo la sacudida de Donald Trump, según explican los organizadores de uno de los principales foros de las relaciones transatlánticas.
El símbolo de un orden en transformación
La pesada esfera de acero que preside la escenografía representa, en palabras de los impulsores del encuentro, la ruptura de las viejas reglas internacionales. Un año después del impacto causado por el discurso del vicepresidente estadounidense J. D. Vance, los jefes de Estado y de Gobierno europeos llegan con la expectativa de articular una respuesta frente a un Estados Unidos que, a su juicio, los desprecia y cuestiona el papel del Viejo Continente en el nuevo tablero global.
Vance no asiste en esta ocasión. En su lugar interviene el secretario de Estado, Marco Rubio, quien toma la palabra el sábado en el hotel Bayerischer Hof, escenario habitual del foro. Aunque se le atribuye una menor hostilidad hacia Europa, su diagnóstico coincide con el de la Casa Blanca: desde el atril describe a Occidente como golpeado por dos grandes flagelos y plantea la necesidad de “construir un nuevo siglo occidental”, en línea con la visión estratégica de Washington.
Macron y Merz reivindican el proyecto europeo
El presidente francés Emmanuel Macron insta al continente a sentirse orgulloso de sí mismo frente a los reiterados ataques procedentes de la administración Trump. En paralelo, el canciller alemán Friedrich Merz defiende los valores europeos y reafirma su compromiso con la relación transatlántica, subrayando que la cooperación sigue siendo esencial pese a las divergencias actuales.
Ambos dirigentes perfilan una Europa que aspira a ganar autonomía estratégica sin romper los puentes históricos con Washington, en un momento en el que la cohesión occidental se somete a una tensión inédita desde el final de la Guerra Fría.
Sánchez irrumpe con un alegato contra la escalada nuclear
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, participa este sábado en una mesa redonda dedicada a la seguridad transatlántica. Es el primer jefe del Ejecutivo español que interviene en este foro anual celebrado desde 1963.
En su primera intervención advierte con claridad que “el rearme nuclear no es el camino a seguir para evitar el conflicto entre naciones” ni para protegerse de “la amenaza real” que representa el presidente ruso Vladímir Putin. Subraya que los riesgos y los costes “pesan más que los beneficios para la paz” y recurre a una cita del expresidente estadounidense Ronald Reagan: “Una guerra nuclear no se puede ganar”.
Sánchez insiste en que la cuestión no responde a un eje ideológico de “izquierda o derecha” y alerta de que “está cambiando la marea” y de que las potencias mundiales “están olvidando los errores del pasado”. A ello suma la preocupación por el impacto de la inteligencia artificial sobre el armamento nuclear y formula una petición directa: “Se lo ruego, impidan el lanzamiento de una nueva carrera armamentística”.
Más gasto, más Europa y una OTAN reforzada
El líder socialista sostiene que España “ha triplicado su gasto y duplicado el número de tropas desplegadas” y aboga por construir un auténtico ejército europeo en el que “España colaborará con lo que haga falta”. A su juicio, “el rearme que más necesitamos en el mundo es un rearme moral (...) Centrarnos en cuánto gastamos juntos y (...) fortalecer el pilar europeo dentro de la OTAN”.
En el panel intervienen también la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en plena polémica por las pretensiones de Estados Unidos sobre Groenlandia, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb. Este último señala que su país se integra en la Alianza Atlántica para ser un “proveedor de seguridad, no un consumidor”, en un mensaje que subraya la importancia de aumentar el gasto en Defensa.
Tanto Stubb como Frederiksen reclaman hacer más para frenar a Putin y proporcionar más armas a Ucrania. “No podemos combatir con un brazo atado a la espalda”, sostienen al defender un apoyo militar más decidido.
Sánchez coincide en que “tenemos que hacer más, hacer frente a la realidad, ampliar la Unión Europea (incluyendo a Ucrania), realizar reformas internas y aumentar la competitividad económica”. Al mismo tiempo, defiende reforzar el vínculo transatlántico sin incurrir en ningún tipo de “vasallaje” frente a Estados Unidos.
El presidente español lamenta que existan voces en el país norteamericano que “ven el proyecto de la Unión Europea como una amenaza”, cuando en realidad constituye “un bien para la paz global”. Incluso llega a afirmar que “algunos querrían ver una UE más fragmentada”, aunque se muestra convencido de que los Estados miembros trabajan por una Unión más fuerte.
Con cerca de 200 representantes de gobiernos de 120 países hasta el domingo, la Conferencia de Seguridad de Múnich se consolida como el termómetro de una relación transatlántica sometida a revisión y como el escenario donde Europa intenta redefinir su lugar en un mundo que percibe en plena reconstrucción.
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