Trump paraliza las amenazas a Irán: suspende la ofensiva militar y abre la vía de diálogo
El presidente estadounidense otorga un plazo de cinco días para la negociación diplomática
La tensión prebélica en el Golfo Pérsico ha dado un giro inesperado que ofrece un respiro, al menos temporal, a la estabilidad global. Tras horas de máxima alerta, Donald Trump ha anunciado la suspensión de sus planes de ataque contra las infraestructuras energéticas de Irán. Esta decisión congela, por un periodo de cinco días, la amenaza de una ofensiva militar que parecía inminente si el régimen de los ayatolás no desbloqueaba el paso por el Estrecho de Ormuz.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario confirmó que ha instruido al Departamento de Guerra para aplazar cualquier acción contra las centrales eléctricas iraníes, condicionando este alto el fuego al éxito de las "discusiones profundas y constructivas" que, según la Casa Blanca, se están llevando a cabo entre ambas naciones.
Un alivio inmediato para los mercados y el bolsillo
El impacto de este anuncio no se ha hecho esperar, especialmente al producirse minutos antes de la apertura de Wall Street. La volatilidad del mercado energético, que durante la mañana había llevado el barril de Brent a un máximo preocupante de 114,43 dólares, reaccionó con una caída vertical.
Tras conocerse la prórroga de Trump, el precio del crudo descendió hasta los 96 dólares. Esta corrección es vital para los consumidores, ya que un petróleo desbocado suele traducirse en un encarecimiento directo del transporte y los productos básicos. Mientras el valor del barril bajaba, las bolsas internacionales iniciaban una tendencia al alza, celebrando el alejamiento momentáneo de un conflicto a gran escala.
Del ultimátum a la diplomacia de última hora
El escenario hasta hace apenas unas horas era radicalmente distinto. El pasado domingo, Trump estableció un límite de 48 horas para que Irán reabriera el tránsito en Ormuz, bajo la advertencia de destruir el sistema eléctrico del país. La respuesta de Teherán no fue de sumisión, sino de desafío, amenazando con sembrar de minas las rutas comerciales del Golfo Pérsico.
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