“La edad media de acceso a la pornografía en España es a los 8 años” (Adrián Chico)
“Sobreviviendo en el mundo gay” es un manual entretenido escrito por un psicólogo y terapeuta gay que trabaja exclusivamente on line y trata todo tipo de pacientes gais, entre ellos futbolistas y gente de la tercera edad
Adrián Chico, un autor joven, de treinta años que ejerce como psicólogo, sexólogo y terapeuta, acaba de publicar “Sobreviviendo en el mundo gay. Una guía para quererse y querer con orgullo” (Bruguera), un libro que, según su autor, “tiene base científica, pero es de divulgación y por tanto apto para cualquier lector interesado en el tema; en él que combinó datos científicos y empíricos con mi propia experiencia personal y que, por encima de todo, he procurado que resulte entretenido”. Suscita además la intervención directa del lector proponiendo que responda a diferentes cuestionarios, ejercicios, encuestas, etc. puesto que ”está diseñado para que lo utilice como si estuviera en una terapia sin sustituirla, o incluso para detectar su necesidad”.
Como su libro anterior (“Tu camino hacia el amor”), lo escribió mientras viajaba. Aquél, a través de diversos países de América, mientras que a este le puso punto final en Kobe (Japón) ¿Cómo es posible trabajar como terapeuta, escribir y estar a la vez dando la vuelta al mundo continuamente? “Muy fácil, porque trabajo on line; nunca lo hago en consulta, aunque ciertamente empecé con ella. Hay que tener en cuenta que este método está hoy muy perfeccionado, los pacientes participan con confianza, se expresan con naturalidad y quedan satisfechos, mientras que a mí me permite atender a mucha gente de diversos países sin dificultad alguna”. Es, desde luego, una metodología delicada porque “no todo el mundo responde igual a la terapia on line. Hay gente que no está preparada y entonces el tratamiento resulta más complejo. Es imprescindible adaptar los ejercicios que se hacían en persona, a cuyo fin utilizo técnicas que lo hacen posible”. “Trabajamos -cuenta con un equipo de colaboradores- adicciones, ansiedad, depresiones, trastornos alimentarios o de la sexualidad, disfunciones, rupturas y un largo etcétera. Y cuando hay una patología que no entra dentro mi campo de especialidad, derivo al paciente alguno o alguna de mis compañeros”.
¿Cómo resuelve el gay asumir su propia identidad sexual? “No hay una solución mágica, es imprescindible escuchar lo que quiere su cuerpo, no empeñarse en negarlo ni ocultarlo. Y cuando ya lo tiene suficientemente claro, compartir esa información con personas de confianza que no le van a dar importancia. Personas cercanas con empatía que se limiten a aceptar lo que se les explica. No podemos quedarnos callados toda la vida y uno mismo debe convertirse en ejemplo para la gente acepte este rasgo con naturalidad”.
Se acusa a los gais de promiscuidad. “Reconozco que existe un estereotipo de este tenor y cuando el rio suena, agua lleva. Se produce por varios factores: la adolescencia no facilita la iniciación sexual y entonces todo se fía en el porno; el adolescente se suele sentir además malquerido o marginado y busca su validación en el sexo; y en tercer lugar existe una ansiedad generalizada propia de colectivo gay, la “ansiedad minoritaria”, en la que el cerebro permanece en alerta o ansiedad latente, lo que puede dar lugar a otras patologías como comer en exceso, drogase o practicar sexo de forma desaforada”.
Chico cree que la pornografía “ha devaluado mucho las relaciones y no solo en el colectivo gay, sino también en el hetero, porque reduce la capacidad de fantasear y da lugar a -valga la comparación- una situación análoga a la natación sincronizada, lo que provoca una distorsión enorme de la realidad. Enseña prácticas que no forman parte no diré de la normalidad, pero sí de lo que pudiéramos denominar sexualidad común. Invita a excitarse con situaciones que no son reales y acaba convirtiéndose en una verdadera droga. Es una cuestión preocupante puesto que en la actualidad se estima que la pornografía en España se empieza a consumir a partir de ¡los ocho años! como explica Alejandro Villena en uno de sus libros”.
Chico trata también del uso de aplicaciones como Grindr, que acaba llevando a su consulta a pacientes por culpa de su uso indebido.” Es una herramienta maravillosa, pero si la usas desde una situación de insatisfacción y, sobre todo si no sabes controlarte y piensas que cuantos más cuerpos y más personas mejor acaba convirtiéndose en una patología”. En todo caso, considera que la promiscuidad no tiene tanto que ver con el ser gay como como el hecho de ser hombre. “Al heterosexual también le gustaría disponer de todo tipo de ofertas con la misma facilidad, pero lo tiene más difícil porque la mujer tiende a reservarse. De ahí que en el sexo gay exista una mayor sensación de accesibilidad sexual y, por ende, una mayor predisposición a la promiscuidad. Además, si al final has conseguido superar los valores morales y te has aceptado tal como eres, no vas ahora a limitarte en el sexo…”.
No elude tratar de la inmunodeficiencia y demás patologías de transmisión sexual, pero desmitifica la inculpación que se le hace al colectivo gay. “Según las estadísticas actuales resulta que mientras dichas patologías han llegado a triplicarse entre los heteros, se mantienen estables entre los gais”. Es el resultado de una cultura de la cautela que conduce al uso del preservativo, los tratamientos preventivos de Prep, que son gratuitos, y en su caso a la prescripción de doxiciclina. “Los homosexuales tenemos mayor conciencia de la enfermedades sexuales, al punto que, por ejemplo, en Estados Unidos no te comes un rosco si tu pareja no sabe que usas algún tratamiento preventivo”.
No elude dos cuestiones harto debatidas. Una, la persistente ocultación de la homosexualidad en el ámbito deportivo. “El deporte está unido a un constructo que es la masculinidad y esto es un grave condicionante. Súmese a ello que las marcas patrocinadoras no permiten que sus patrocinados salgan del armario por temor a reacciones que producirían pérdidas económicas millonarias”. Pero haberlos, “hailos”: cuenta entre sus pacientes con no menos de decena y media de deportistas, algunos de los cuales pueden incluso llevar una vida gay normalizada y tener pareja, aunque, eso sí, en el ámbito privado y familiar. “Entre ellos futbolistas que todo el mundo sabe privadamente que son gais”.
El otro tabú es la vejez porque “en el mundo gay existe un culto muy grande a la belleza, una obsesión por la gente joven y en cuanto te sales de este esquema se relega a la persona o se la menosprecia, tal cual ha reflejado muy bien la película Maspalomas. Yo tengo muchos pacientes mayores que me confiesan que nunca pudieron disfrutar de una relación normal. Es muy complicado ayudarles porque tienen pocas expectativas de futuro, si bien algunos de ellos ¡han acabado teniendo novio!”. Entre un 10 y un 15 por ciento de sus pacientes pertenecen a este grupo de edades. “Muchos son bisexuales, con mujer e hijos, que jamás habían podido sincerarse y lo hacen en cambio con toda naturalidad conmigo, que tengo 30 años, lo que les permite escuchar cosas que antes nunca les habían dicho. Esto hace que su tratamiento me resulte particularmente gratificante”.
No quiero terminar la entrevista sin preguntarle si algún paciente ha intentado ligar con él. “Pues sí, ocurre con facilidad, pero de forma superficial; solo en dos casos llegó al enamoramiento y entonces transfiero siempre el paciente a alguno de mis compañeros”.
Una última confesión: cuando tuvo listo el manuscrito, se le entregó a su madre para que lo leyera. “Se escandalizó por algunas cosas, pero le aclaré que yo no hacía todo lo que explicaba. En definitiva, que le gustó, me preguntó mucho, también lloró y se preocupó. Pero la cosa no llegó a más”.
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