Un plan histórico para Barcelona: El PDUM de la AMB redefine la metrópolis y plantea todo tipo de incógnitas

La AMB propone un modelo policéntrico y sostenible, pero la ejecución del plan dependerá de infraestructuras externas, coordinación institucional y aceptación social

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La AMB prepara una transformación con la aprobación del PDUM Foto: EP

 

La Autoridad Metropolitana de Barcelona se enfrenta a un reto histórico: actualizar un modelo territorial que llevaba casi cinco décadas en funcionamiento. El Pla Director Urbanístic Metropolità sustituye al Pla General Metropolità aprobado en 1976 y a los planes de ordenación de los municipios del área metropolitana, con el objetivo de consolidar un modelo de desarrollo que sirva como referencia en la administración urbanística y que integre medidas consensuadas con todos los municipios.

Según el vicepresidente Damià Calvet, los instrumentos anteriores tenían “décadas de historia” y no incorporaban visiones contemporáneas sobre biodiversidad, medio natural o perspectiva de género. La intención del PDUM es modernizar el marco urbanístico y adaptarlo a los desafíos actuales, desde el crecimiento poblacional hasta la movilidad sostenible. Calvet recuerda que el PDUM nace también como consecuencia de la propia creación del AMB, en cumplimiento de la ley 31/2010 del Parlament.

El primer plan se presentó el 21 de marzo de 2023, pero tras recibir 528 informes y 5.184 peticiones —incluyendo alegaciones de particulares, empresas, ayuntamientos e informes sectoriales de organismos como Protecció Civil o la Agència Catalana de l’Aigua— durante 2024 y 2025 el equipo técnico trabajó en su revisión. Ahora, el documento reforzado se somete a una segunda aprobación inicial, tras la cual se abrirá un nuevo periodo de alegaciones antes de su aprobación provisional.

 

Cinco principios para una metrópolis más sostenible

El PDUM se articula en torno a cinco principios estratégicos que buscan equilibrar desarrollo urbano y sostenibilidad.

El primero es preservar la matriz biofísica del territorio, protegiendo aproximadamente la mitad del suelo como espacios libres y garantizando la función ecológica y los servicios ecosistémicos.

El segundo objetivo es crear nodos metropolitanos, cruzando infraestructuras y tejidos urbanos para generar centralidades distribuidas y oportunidades de progreso en toda el área metropolitana. El documento identifica 16 nuevas centralidades metropolitanas, incluyendo áreas de oportunidad económica, zonas de regeneración urbana y espacios de restauración ambiental.

La movilidad activa y sostenible ocupa el tercer eje, fomentando el transporte público y los desplazamientos a pie o en bicicleta. En este ámbito, el PDUM incorpora cifras concretas: propone incrementar en 240 kilómetros las grandes avenidas metropolitanas, mejorar la capilaridad con 735 kilómetros de calles, añadir 140 kilómetros de conectores y crear casi 1.000 kilómetros de ejes verdes.

Esto se complementa con la necesidad de ordenar los asentamientos urbanos, promoviendo un modelo policéntrico en el que la cohesión social dependa también de la cohesión territorial.

Finalmente, el PDUM busca mejorar el metabolismo urbano, destinando espacios a energía, gestión de residuos y agua, reforzando la sostenibilidad y la autosuficiencia de la metrópolis.

 

Vivienda y suelo: densificar sin expandirse

Uno de los objetivos más ambiciosos del PDUM es garantizar la oferta de vivienda hasta 2050, con la construcción de unas 220.000 viviendas principales. El documento amplía este rango y estima que podrían generarse entre 167.800 y 262.000 viviendas, dependiendo de la evolución demográfica y del planeamiento derivado. Más del 10% serían de carácter asequible y estable, unas 166.000 unidades, con un mínimo del 7,5% de vivienda asequible en cada uno de los ámbitos funcionales (Vall Baixa i Ordal, Llobregat Delta, Llobregat Continu, Nord Vallès y Barcelona).

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Proyecto de creación de viviendas del PDUM  Foto: Generada por IA

La idea es fomentar tejidos urbanos mixtos, acercando residentes y puestos de trabajo y logrando una relación cercana entre ocupados y residentes.

Para lograrlo, el plan apuesta por crecimientos intensivos dentro del suelo ya urbanizado, regeneración urbana y aumento de edificabilidad, renunciando al crecimiento extensivo. Sin embargo, surgen preguntas: ¿aceptarán los municipios más altura y densidad? ¿Habrá suficiente suelo transformable para absorber más de 200.000 viviendas? ¿Podrían tensionarse los precios del suelo y producirse gentrificación?

Además, el PDUM plantea una reestructuración del suelo: se desclasificarán 1.850 hectáreas de suelo urbano o urbanizable para convertirlas en no urbanizables, mientras que se incorporan 600 hectáreas como suelo urbano, parte destinadas a parques o espacios ganados al mar tras el desvío del Llobregat. La intención es concentrar el desarrollo donde ya existen servicios e infraestructuras.

 

Movilidad y transporte: planificación limitada por competencias

Aunque el PDUM vincula el crecimiento a la accesibilidad en transporte público, el director técnico Xavier Mariño advierte que no es competente en movilidad estructural. Las grandes infraestructuras, como autopistas, trenes o conexiones estratégicas, dependen de la Generalitat, del Estado, de Adif, Renfe o FGC.

Esto genera incertidumbre sobre la viabilidad real de los desarrollos urbanos. Si las infraestructuras no llegan, la promesa de que más del 50% de las viviendas y actividades económicas estén a menos de 500 metros de transporte colectivo podría quedar en papel mojado.

 

Espacios, equipamientos y recursos naturales

El plan también apuesta por equipamientos y espacios libres: 3.147 hectáreas destinadas a dotaciones públicas y 5.748 hectáreas para espacios libres, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y cubrir necesidades ciudadanas.

En cuanto al metabolismo urbano y los recursos naturales, el PDUM plantea reducir el consumo doméstico de agua un 12% y el consumo por unidad de actividad económica un 19%, aumentar la autosuficiencia energética hasta el 32% y reducir un 24% las emisiones de gases de efecto invernadero respecto al escenario tendencial de 2050.

 

Gobernanza y seguridad jurídica: equilibrio delicado

El PDUM refuerza la autoridad urbanística de la AMB, pero los ayuntamientos mantienen sus propios modelos de desarrollo y la Generalitat conserva la última palabra. Las alegaciones municipales tienen un peso considerable, lo que puede generar tensiones entre intereses locales y metropolitanos.

Además, la desclasificación de suelo y los ajustes legales necesarios podrían abrir la puerta a litigios o recursos judiciales, mientras que la ausencia de proyectos concretos y de calendarios deja su ejecución dependiente de financiación, voluntad política y coordinación interadministrativa.

 

Un rumbo claro, pero de ejecución incierta

El PDUM marca un rumbo estratégico para la metrópolis, definiendo un modelo territorial más sostenible, policéntrico y compacto. Propone blindar la mitad del territorio, crear nuevas centralidades, fomentar la movilidad sostenible y garantizar vivienda hasta 2050.

Pero su aplicación plantea dudas sobre la viabilidad de construir 220.000 viviendas sin expansión, la dependencia de infraestructuras que la AMB no controla, las tensiones de gobernanza y los riesgos legales asociados a la desclasificación de suelo.

Es un plan ambicioso que marca objetivos claros, pero su eficacia dependerá de la capacidad institucional, la coordinación entre administraciones y la aceptación social de un modelo más denso y compacto.

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