DANA Valencia 2024: Un estudio confirma el impacto directo del cambio climático

El trabajo, liderado por el investigador Carlos Calvo‑Sancho, constituye la primera reconstrucción detallada de aquella tormenta mediante un modelo atmosférico de escala kilométrica.

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Parte de los destrozos de la DANA/ Foto de Archivo

 

Un análisis científico de alta resolución ha confirmado que el calentamiento global desempeñó un papel determinante en la intensidad y extensión de la DANA que azotó la provincia de Valencia en octubre de 2024. La investigación, desarrollada por un equipo del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE-CSIC) y publicada en Nature Communications, concluye que el aumento de temperaturas amplificó de forma significativa la magnitud del episodio, especialmente en lo relativo al área afectada por precipitaciones extremas.

El trabajo, liderado por el investigador Carlos Calvo‑Sancho, constituye la primera reconstrucción detallada de aquella tormenta mediante un modelo atmosférico de escala kilométrica. Esta aproximación, similar a un “gemelo digital” de la atmósfera, permitió comparar el comportamiento de la DANA en dos escenarios: uno equivalente al clima preindustrial y otro bajo las condiciones actuales de calentamiento acumulado.

Un episodio sin precedentes en el interior valenciano


La DANA del 29 de octubre de 2024 se formó en un contexto de temperaturas anómalamente elevadas en el Mediterráneo, cuya superficie registraba 1,2 ºC por encima de lo habitual. Ese exceso térmico incrementó el vapor de agua disponible en la atmósfera, un factor decisivo para alimentar sistemas convectivos de gran intensidad.

El estudio revela que el calentamiento global incrementó en un 21% la tasa de precipitación en las horas más críticas y amplió en un 55% la superficie donde se superaron los 180 litros por metro cuadrado, umbral que marca el riesgo extremo en la fachada mediterránea. Localidades del interior, tradicionalmente menos expuestas a lluvias torrenciales, registraron acumulados excepcionales que desbordaron la capacidad de respuesta de infraestructuras y servicios de emergencia.

Los investigadores también constataron un aumento del 19% en el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar, un dato que ayuda a explicar la magnitud de las inundaciones posteriores.

La dinámica interna de la tormenta, alterada por el vapor de agua


Más allá de la cantidad de lluvia, el estudio profundiza en los mecanismos que hicieron que la DANA se mantuviera activa durante horas sobre la misma zona. La combinación de un flujo de levante en niveles bajos y vientos del sur en capas altas favoreció la formación de tormentas organizadas y autorregenerativas, un patrón especialmente dañino.

Según el equipo científico, el exceso de vapor de agua intensificó el calor latente liberado en el proceso convectivo. Este fenómeno fortaleció las corrientes ascendentes y modificó la microfísica de las nubes, generando un sistema más vigoroso y persistente. Calvo‑Sancho subraya que se trata de un proceso “no lineal”, en el que incrementos relativamente pequeños de humedad pueden desencadenar respuestas atmosféricas mucho mayores.

Un aviso sobre la evolución de los fenómenos extremos


Aunque el objetivo principal del estudio es comprender el episodio de 2024, sus autores advierten de que los resultados encajan con las proyecciones climáticas para el Mediterráneo occidental. Los modelos apuntan a un aumento de la frecuencia y complejidad de las lluvias extremas en un entorno marcado por mares más cálidos y atmósferas más húmedas.

El informe insiste en la urgencia de reforzar las estrategias de adaptación, especialmente en áreas urbanas y cuencas hidrográficas vulnerables. La mejora de sistemas de drenaje, la actualización de mapas de riesgo y la planificación territorial basada en escenarios climáticos actualizados figuran entre las prioridades señaladas por la comunidad científica.

Próximos pasos


Los investigadores prevén ampliar el análisis a otros episodios recientes en el arco mediterráneo para evaluar si se observan patrones similares. La integración de estos estudios en la planificación hidrológica y en los protocolos de protección civil será clave para anticipar impactos en un clima que evoluciona con rapidez.

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