El Chiquilicuatre del alcalde de Ourense sigue en sus trece

Carmen P. Flores

Hay personas que lo mejor que saben hacer en su vida es ser noticia y no precisamente por su buena gestión en cualquiera de los ámbitos en los que trabaja. En política hay bastantes ejemplos de ello, uno de los más significativos - no es el único- es el protagonizado por el alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome, de Democracia Ourensana, que con solo tres concejales - la corporación la integran 27- tras marcharse el PP del gobierno municipal, quiere seguir gobernando. Es toda una obra de ingeniería que sólo un político estrafalario, marrullero y populista puede llevar a cabo, con permiso de los partidos de la oposición.

 

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El alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome

 

En las elecciones del 2019, los socialistas fueron los ganadores al conseguir 9 concejales, seguidos por el PP y Democracia Ourensana con 7 concejales cada uno. Ciudadanos y el BNG sacaron el mismo número, 2. Con estos resultados, el PP que durante toda la campaña había puesto de vuelta y media a Jácome, se tragaron sus palabras, y decidieron que Jácome fuera elegido alcalde a cambio de que este apoyará a Baltar para seguir siendo presidente  de la “familiar” Diputación de Ourense, que como muchos saben es el gran bastión de la familia Baltar y del PP gallego en la actualidad.

 

Las cosas con el “predicador” Jácome, que llegó a sacar siete concejales gracias a poner de vuelta y media a Baltar y al PP en su televisión local, donde en alguno de sus programas sus compañeros tertulianos salían más de una vez cargaditos de “caldos gallegos” con alcohol. No era fácil ese extraño gobierno, siempre habían líos, posturas autoritarias y decisiones arbitrarias del alcalde, hasta tal punto que se le marchó un concejal de su propio partido, y la cosas con los populares iban de mal en peor. Eso sí, el PP de Baltar lo intentó, y ha conseguido desestabilizar a Democracia Ourensana. No obstante, como el famoso cómico argentino Joel Rigole, Jácome sigue y sigue en su postura de mantenerse en el cargo. La oposición ha pedido a los populares que todos los partidos que conforman el consistorio presenten una moción de censura para sacarlo del gobierno,  pero hasta ahora se han negado porque la alternativa sería que gobernaran los socialistas, cosa que no quiere ni hablar Baltar.

 

Mientras los concejales de su propio partido más los del PP lo iban dejando, él con su particular modo de actuar, iba contratando asesores, hasta 19, que es lo permitido, más tres cargos directivos. Todos ellos con vínculos familiares, amigos, conocidos y de su propio partido. Claro que en esta situación el ayuntamiento está prácticamente paralizado, pero eso no le importa dado que faltan diez meses para los comicios municipales.

 

Jácome se debe valer de los decretos de alcaldía para ir funcionando a su manera tan peculiar. Lo que puede quedar en evidencia es si los resultados de los comicios del 2023 - que pronostican su caída-, el nuevo equipo de gobierno que entre pide que se lleve a cabo una auditoría de sus gestión, e igual se llevan más de una sorpresa. Los ourensanos están hasta el moño de los caprichos, mala gestión, enchufismo y privatizaciones de un predicador televisivo que está haciendo todo lo que en su día criticaba a sus rivales del PP, especialmente a la familia Baltar. Ourense necesita un cambio de alcalde - ¿también en la  diputación?- para devolverle la categoría que siempre ha tenido hasta la llegada de este chiquilicuatre que la está dejando por los suelos con todo el espectáculo que se está produciendo. ¿No hay ya bastante con el fuego que está arrasando la provincia?


 

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