Leonardo Padura y sus nueve noches con Violeta
Fantasioso, es titular una crónica así. Su nombre pertenecería al terreno de una ficción veteada de memorias pasionales de adolescencia. Casi por seguro. Un intrigante relato que desdobló, de un libro a otro, Leonardo Padura, conlleva también una coincidencia personal. Así como un guiño de la ficción hacia la realidad.
En cuanto el novelista y guionista se acomodó en el sofá del hotel "El Nacional", le propuse hacer un picnic allí mismo, con el propósito lúdico de aclararle que las viandas que llevaba —una hogaza de masa madre, un queso cabrales, un vino tinto, y un trozo de mojama con aceite de oliva— no eran para él, si no para celebrar juntos el refinado paladar de su célebre personaje, Mario Conde.
Como muchos habrán leído, de tanto en tanto el detective de la zaga policíaca de Padura se reúne con sus desilusionados compinches a degustar un guisado cubano de antología, preparado por Josefina, la preclara madre de uno de ellos. Esas comilonas, en las que se gastan sus ahorros, nos rememoran a José Lezama Lima, el prodigioso autor de "Paradiso", y su fascinación por el pecado de gula.
Leonardo Padura, reconocido con el premio nacional de literatura de Cuba, y con el Princesa de Asturias, llegó puntual a nuestro encuentro. No solo pude conversar asuntos relevantes con ese admirable intelectual, dueño de una obra de ficción trufada de crítica social —con riguroso enfoque histórico— si no que me permitió transmitirle una invitación para asistir a un homenaje a su trabajo, programado con la alcaldía de Tampico (donde desembarcó Trotsky, personaje suyo en "El Hombre que amaba los Perros".
Durante nuestra plática saqué a colación una inquietud. ¿Porqué a León Trotsky lo trasladaron desde Coyoacán al hospital donde murió, en la calle Revillagigedo, a unos cuantos metros de la Alameda Central, en lugar de atenderlo en algún pronto socorro del sur de la ciudad? Esta cuestión dio paso a hablar del,asesino Ramón Mercader quien vivió encubierto en Cuba hasta su muerte en 1978, y recordar un dato singular: Padura refirió que los famosos galgos rusos de Mercader, con los que paseaba por la quinta avenida de Miramar, aparecen en una película de Tomás Gutiérrez Alea, "Los Sobrevivientes". El famoso director cubano, sin saber a quien pertenecían los perros, le pidió a su gente que los consiguieran prestados para utilizarlos en su película.
Insondables caminos son los que llevan a encrucijadas y coincidencias. Tan solo enunciarlas produce un efecto de prestidigitación, sin truco, que despierta incredulidad. Sería difícil explicarlo bien, pero la obsesión de Mario Conde —y de otro personaje destacado de un relato de Padura— por la cantante de boleros Violeta del Río, me intrigó. Mientras esperaba abordar mi vuelo en Rancho Boyeros, para volver a México, descubrí, en uno de los libros de Padura, un dato de mi biografía amorosa. Uno de los nombres de una compañera clave de la bella cantante de la sala de fiestas de La Rampa, a la que acudía los fines de semana el joven cubano de provincias, enamorado de Violeta del Río, coincidía con el de una enamorada mía.
El otro desdoblamiento de mis lecturas de Padura se dio también mientras aguardaba mi vuelo en el aeropuerto José Martí; uno de los relatos incluía la letra de dos canciones. Una de ella la desconocía y creí que había sido concebida para el texto. Quise estar seguro, y me atreví a preguntarle a una señora cubana que se sentaba en la fila de asientos detrás de la mía:
—¿disculpe el atrevimiento, podría decirme si esta letra le recuerda algún bolero?—
La señora leyó el fragmento y dijo que si conocía la melodía.
—¿se animaría usted a cantarla?—.
Tras advertirme que no lo hacia nunca, entonó "a capela" el bolero compuesto por Arsenio Rodriguez que reproduzco aquí, en la grabación casera que recogió ese momento:
LA VIDA ES UN SUEÑO
Después que uno vive
Veinte desengaños
Que importa uno má
Después que conoces
La acción de la vida
No, no debes llorar
Hay que darse cuenta
Que todo es mentira
Que nada es verdad
Hay que vivir el momento feliz
Hay que gozar lo que puedas gozar
Porque sacando la cuenta en total
La vida es un sueño y todo se va
La realidad es nacer y morir
Porqué llenarnos de tanta ansiedad
Todo no es más que un eterno sufrir
Y el mundo está hecho, sin felicidad...
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