¿Qué nos queda sin la razón?

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Javier Marías.- Europa Press

 

Los períodos de polarización política, como el nuestro de hoy en día, son turbios y pueriles, empujan a atacar como sea a los adversarios –haciéndolos enemigos- y a defender lo indefendible de los 'tuyos'. Lógicamente, esta disposición es desastrosa. Es una renuncia expresa a buscar la verdad y a tener razón. Es una deliberada apuesta por la mentira, negándola como tal cuando es 'propia'. Esta tendencia al enredo, la falsedad y la tergiversación es peligrosa para la ciudadanía: resulta contagiosa y la lleva a un callejón sin salida.

Hace unos seis siglos, el dramaturgo valenciano Guillén de Castro escribió en Las mocedades del Cid algo que unos y otros siguen haciendo perenne: "Procure siempre acertarla el honrado y principal; pero si la acierta mal, defenderla y no enmendarla". Estos versos quedan simplificados en la célebre y deplorable fórmula sostenella y no enmendalla. En Así que pasen treinta años, Javier Marías lamentaba con amargura: "Y si uno se encuentra de pronto en un mundo en el que tener razón no importa, ¿qué nos queda?". La razón avasallada por la sentimentalidad o por el interés. Este abandono nos hace capaces de engañarnos de continuo y negar la realidad manifiesta. Además, todo se olvida y nada cuenta si no produce beneficio. Y de forma inexorable caemos en la incapacidad de "no ver, no descifrar, no reconocer con claridad al otro", decía el excepcional escritor.

Fiarnos de quien nunca deberíamos fiarnos o al votar a quien nos saldrá rana tiene serias repercusiones. Hace cinco años, Marías argumentaba que "no hay manera de meter un sobre en la urna sin arrepentimiento simultáneo, una calamidad". Tener conciencia de esto produce desasosiego y preocupación, pero seguir la política del avestruz no nos sacará del atolladero.

 Javier Marías se apresuró a denunciar que todo el mundo aprendía de Trump rápidamente. Y señalaba: "El trumpismo es un virus del que está el PSOE gravemente aquejado. Se cuenta la realidad según sus deseos". Mentir a lo Trump es mentir con desfachatez. Varios políticos de distinta orientación acumulan mentiras por centenares. En mi caso particular, valoro no escribir (ni hablar) para quedar bien. Así, todo lo que digo lo pienso y no digo todo lo que pienso, pues a veces resulta no sólo inútil sino dañoso.

Ser un cascarrabias es un desahogo que poco ayuda o resuelve, y ser quisquilloso o tiquismiquis es, a menudo, el gusto de hacer la pascua; lo que en Cataluña decimos ser un Pere Punyetes.

Otra cosa es enfocar el aspecto que un político nos sugiere. Así, "Abascal es la viva imagen del moro traicionero que solía haber en las películas medievales". Y Sánchez destaca por "su apostura vacía y robótica", alguien con temeridad suficiente como para hacer vicepresidente a un individuo como Iglesias ("un alma nítidamente totalitaria"): "Por más que, desde su poder, y con sus sueldos a nuestro cargo, juegue como un vivales, a ser también un agitador falaz". No se trata sólo de observar a dirigentes políticos, sino también fijarse en el rumbo de sus organizaciones: veía a Vox como una formación antidemocrática, neofranquista, racista y xenófoba, y a Podemos como una formación cuyo objetivo es derribar la democracia constitucional, algo que ya era "palmario desde sus inicios. A Podemos y Vox los separan los cantos de un par de monedas".

Sánchez y los suyos alardean de no hablar con Vox, pero no sólo tienen en el Gobierno a los podemitas, sino que "pactan y gobiernan con el brazo político de ETA" y "con quienes han intentado en Cataluña un golpe totalitario"; el 6 y el 7 de septiembre de 2017. Hablando sólo de los indultos, Marías deploraba que Sánchez equiparase la aplicación de la ley con "una venganza, una revancha". Y adelantaba que ni los perdonados reconocerían o agradecerían el gesto: "lo despreciarán y, si acaso, lo presentarán como conquista suya". Efectivamente, así ha sido.

 El respeto a los impuestos, que no su imposición, se pierde cuando, en plena pandemia y sin apenas actividad política, el Gobierno se gastó 17,5 millones en las nóminas de sus asesores: "unos 20.000 elegidos a dedo y que jamás rinden cuentas". Se refería al primer trimestre de 2021. No tengo datos a mano, pero toda la dinámica del Gobierno apunta a un irrefrenable gasto, desmesurado e injustificado.

Javier Marías apuntaba bien y sin discriminar. Recordaba que antes de ser presidenta de la Comunidad de Madrid, a Isabel Díaz Ayuso se le preguntó por sus aficiones literarias, dijo que leía sin cesar a Borges y que 'no se perdía' una novela de Javier Marías, a lo que éste apostilló: "Por Borges no puedo hablar, claro; pero en lo que a mis libros respecta, lamento mucho comunicarle que, en su beligerancia, en su falta de dudas y en su chulería, no reconozco el poso de esas lecturas". Blanco y en botella.

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