La izquierda de la izquierda y la generosidad de sus “protagonistas”
Que la izquierda situada a la izquierda del PSOE anda descolocada es obvio. Solo hay que ver los resultados obtenidos en las elecciones autonómicas: con la excepción de Extremadura, en Aragón y en la última cita en Castilla y León se han quedado sin representación.
Que la izquierda situada a la izquierda del PSOE anda descolocada es obvio. Solo hay que ver los resultados obtenidos en las elecciones autonómicas: con la excepción de Extremadura, en Aragón y en la última cita en Castilla y León se han quedado sin representación. Han desaparecido con unos resultados para llevarse las manos a la cabeza. Tantos partidos con la misma ideología reflejan una división que solo se entiende desde el egoísmo y la prepotencia de mantener “chiringuitos” para controlarlos, pensando únicamente en conservar el poder y, sobre todo, los cargos.
Visto cómo transcurre el panorama de esa izquierda, las alarmas han sonado con más fuerza. Además, partidos de la ultraderecha como el liderado por Alvise, en el caso de Castilla y León, han duplicado el número de votos a Podemos. Este comportamiento deja mucho que desear: se dice una cosa y se hace otra. Cuando ocurre eso, muchos votantes se dan cuenta y, ante la decepción, o se quedan en casa o cambian el voto.
Gabriel Rufián, un político de ERC cuya evolución ha ido mejorando, lanzó hace ya algunos meses la propuesta de unidad de las izquierdas para frenar a la ultraderecha de VOX y a la derecha del PP (este último escorado, por conveniencia, hacia las tesis de VOX). En la primera iniciativa, con la presentación en Madrid del posible proyecto de “unidad”, las dos protagonistas de Podemos —con permiso de Pablo Iglesias— ni acudieron al acto ni estaban dispuestas a sumarse al proyecto, que, por supuesto, encabezaría el propio Rufián. Los resultados de las últimas elecciones le han hecho pensar que, o hacen algo, o seguirán perdiendo cada vez más presencia territorial, algo que no se pueden permitir.
Así que Irene Montero, donde antes decía una cosa, ahora afirma la contraria, y aquí paz y mañana gloria. Ya se sabe que en política no hay línea recta y que las matemáticas no siempre son exactas, sino que dependen de las circunstancias que les toca vivir a los protagonistas de la historia.
Que Sumar ha sido un invento fallido desde su inicio está a la vista, aunque dentro de sus filas cuenta con personas válidas, preparadas y coherentes. Ahora bien, el papel jugado por la todavía vicepresidenta del Gobierno, ministra de Trabajo y “líder” de Sumar ha acumulado errores de bulto que no se pueden ocultar. Yolanda Díaz ha estado mandando con ciertos toques autoritarios, enmascarados con un cambio de imagen y de estatus. Ahí se ha equivocado: sus viajes, algunos no justificados, acompañada de su hija como si se tratara de un viaje de turismo, no han sido muy apropiados. No se puede criticar y después actuar sin ética.
En plena situación bélica, en la que Estados Unidos e Israel bombardean Irán (y también el Líbano por parte de Israel), con el papel que está jugando en este conflicto el presidente Trump —quien, por cierto, siempre que tiene la oportunidad critica duramente al presidente del Gobierno del que ella forma parte—, decide asistir a la entrega de los Oscar con la excusa de “apoyar” al cine español, cuando no es ministra de Cultura, sino de Trabajo. El glamour de codearse con las estrellas parece fascinarle. ¿Es su último acto de glamour como cargo público? Lo cierto es que ha sido un gran error, en la forma y, sobre todo, en el momento, claramente inoportuno.
Díaz, según se afirma, no estaría incluida en el posible acuerdo del proyecto de “la izquierda a la izquierda del PSOE”. Ni la quiere Rufián, ni mucho menos Montero, y tampoco Pablo Iglesias. Ahora queda por ver cómo reacciona Izquierda Unida ante este proyecto “plurinacional de las izquierdas”. ¿Dejarán el protagonismo a otros? Mientras Rufián ha ido ganando simpatías, algunos recurrirán a la hemeroteca de sus intervenciones en el Congreso en sus inicios, que son muy reveladoras. Tampoco hay que olvidar la posición de su partido, ERC. ¿Sacrificará Junqueras las siglas de su formación para salvar a la izquierda o frenar a la ultraderecha? Parece poco probable, ya que bastante tiene con la batalla interna en su partido.
Habrá que estar atentos a cómo evolucionan los acontecimientos: si los egos, las parcelas de poder y los cargos dejan paso a un proyecto común de la izquierda, donde la generosidad de todos se ponga sobre la mesa, sin protagonismos individuales. ¿Se hará? ¿Por qué no?
Hay un refrán que dice: “Al dar, recibimos; al aferrarnos, perdemos”. Pues eso.
Carmen P. Flores
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