Vincularse con lo mejor de España
El régimen del 18 de julio secuestró a nuestro país y dio paso a un absurdo e injusto descrédito de nuestra sociedad que sigue siendo cultivado por quienes odian no ya el franquismo, sino a España.
El libro Vidas españolas, de Ricardo García Cárcel y Juan Pablo Fusi y promovido por la Fundación March, tiene como uno de sus objetivos dar una muestra de lo que podría ser la historia de España de razón ejemplar. A pesar de las deficiencias que padecemos, no es aceptable asumir lacras de inferioridad ya sean biológicas, intelectuales o morales. Les propongo un camino de Ronda, por las inmediaciones de meritorios esfuerzos que fueron difamados y cuya rica realidad nos fue distorsionada durante muchos años. Comencemos por la Institución Libre de Enseñanza, disuelta en 1939. En Vidas españolas, el profesor Fusi escribe: “El régimen de Franco liquidó la obra de la ILE, objeto además de una persistente e insidiosa ofensiva propagandista denigratoria”. Al inicio de su larga dictadura, los franquistas se obstinaron en justificarse machacando todo vestigio liberal. Todo lo que no fuera su propio discurso era perverso y debía ser perseguido; lo hicieron con particular saña. Quienes aceptaron sus palabras y sus hechos (los partidarios y los enemigos acérrimos; no se olvide, unos y otros) desfiguraron a conciencia las mejores realizaciones de España.
La Institución Libre de Enseñanza nació el 29 de octubre de 1876, un centro de educación privada, al margen del Estado y la Iglesia. Su principal inspirador fue Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), era natural de la ciudad malagueña de Ronda; de donde también lo fueron su sobrino Fernando de los Ríos Urruti (1879-1949) y su tío Antonio de los Ríos Rosas (1812-1873), todos ellos juristas y figuras egregias que, a pesar de su sólida personalidad, son escasamente conocidos por el gran público.
Su proyecto era ambicioso y noble. Desengañados de la realidad política que vivían, Giner y sus colaboradores Manuel B. Cossío, Gumersindo de Azcárate, Nicolás Salmerón y Joaquín Costa, entre muchos otros, consideraron la urgente necesidad de atacar el grave problema de educación que afectaba a cualquier actividad social. Y depositaron su esperanza en una renovación intelectual imprescindible honda, lenta y duradera, que aportara la formación de minorías dirigentes cultas y europeizadas a partir de su condición española (siempre plural, una forma particular para cada ciudadano). Por esto promovieron una educación de calidad, activa, integral y mixta, el cultivo de la alegría y las buenas maneras, el contacto personal de profesores y alumnos, la apertura a la convivencia y a la naturaleza.
La actividad de la Institución Libre de Enseñanza emergió en el curso 1878-79, dos años después de constituirse. Tras sopesar conveniencias e inconveniencias, se decidió comenzar con centros de enseñanza primaria y secundaria, aplazando la universitaria. El primer presidente de la ILE fue Laureano Figuerola, natural de Calaf, pueblo barcelonés de la Anoia, que unos años antes, siendo ministro de Hacienda, implantó la peseta como unidad monetaria nacional.
Citaré sólo algunos nombres de quienes estuvieron vinculados a la asociación: Joaquín Sorolla, Zenobia Camprubí, Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado (también el padre de ambos), Blas Cabrera, Julio Rey Pastor, María Moliner, María de Maeztu, Josep Pijoan, Ramón Menéndez Pidal. En su Boletín escribieron, entre otros, Charles Darwin, Bertrand Russell, Henri Bergson, León Tolstói, Rabindranath Tagore, Maria Montessori, H.G. Wells.
De la ILE emanaron entidades culturales como el Museo Pedagógico Nacional, la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, la Residencia de Estudiantes (donde estuvieron Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel), la Residencia de Señoritas (que tuvo como profesoras a María Goyri, María Zambrano o Dolores Franco) y las Misiones Pedagógicas.
Un elenco muy variado de altísimas calidades hizo posible el desarrollo de una labor extraordinaria e ilusionante, desintoxicada de la nefasta politización que siempre porfía por aplastar la finura de lo mejor de España. Nuestro país estuvo secuestrado durante años por el régimen del 18 de julio, dando paso a un descrédito de la nación que hoy sigue siendo cultivado a fondo por quienes odian no ya el franquismo, sino a España.
Como repetía Forges, ¡Qué país! con tantos brutos y bobos que parecen ignorar serlo.
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