España, primer país de Europa y tercero del mundo en consumo de prostitución (María Pilar Molina)
En “Repressió franquista i prostitució” María Pilar Molina hace un análisis en torno al desarrollo de la legislación española sobre la prostitución y el tratamiento de patologías venéreas, en especial el funcionamiento del “sifilicomio” barcelonés de la Magdalena
Es evidente que la prostitución, considerada como una de las actividades más antiguas de la sociedad humana, ha sido históricamente debelada por razones religiosas y morales, lo que no ha evitado en ningún momento que continuara existiendo. María Pilar Molina estudia los antecedentes de carácter legal e higiénico-sanitario en “Repressió franquista i prostitució” (Laertes), aunque hay que decir que el análisis de dicho libro es más amplio de lo que invita a pensar su título puesto que comprende no solo la regulación de la prostitución y las normas sobre tratamiento de enfermedades de transmisión sexual durante el período franquista -que en realidad ocupa una parva parte del volumen- sino que analiza el conjunto de este tema a lo largo de los dos últimos siglos en el conjunto de España.
En realidad fue a partir de principios del siglo XX cuando el Estado inició una acción reguladora que trataba en teoría de proteger a las mujeres con la promulgación de diversas normas legales. La primera de ellas, la creación del Patronato para la represión de la Trata de blancas que se anticipó dos años a la firma en París de un acuerdo sobre tal materia y siguió con la aprobación de unas “Bases para la reglamentación de la profilaxis pública de las enfermedades venéreo-sifilíticas” en 1918. Curiosamente, y por lo que respecta a Cataluña, fue el general Martínez Anido, tan criticado por la historiografía a causa de otras razones, quien promovió la creación de una primera institución nosocomial para el tratamiento de esas patologías, el Hospital de la Magdalena, situado en la zona de la Sagrera de Barcelona, donde, según recogía el periódico El Día gráfico “se recogían y tamizaban todos los detritus de la vida galante barcelonesa”. Un centro que fue calificado como “hospital prisión” por el periodista Doménec de Bellmunt, quien publicó una serie de reportajes en el diario La Rambla durante el período republicano.
España contó, el menos en zona republicana y durante la guerra civil, de un Ministerio de Sanidad cuya primera titular, la anarquista Federica Montseny, creó los llamados “liberatorios de prostitución”, mientras que la Generalidad habilitó para el internamiento de mujeres el antiguo convento de las Hijas de la Caridad sito en Las Corts, del que se había incautado. Una línea de tratamiento del sexo venal que varió durante la posguerra con la creación en 1941 del Patronato de Protección bajo cuya dependencia siguió funcionando el establecimiento conventual con marcado carácter penitenciario.
Los datos más preocupantes son los que apunta Molina sobre la realidad actual del sexo venal en España, donde existen 800 prostíbulos, 2.500 pisos, amén de otros 50 lugares al aire libre utilizados para el ejercicio de dicha actividad, a la que se estima que se dedican entre 25.000 y 30.000 mujeres con un porcentaje de usuarios del 39 % de la población masculina. Todo un récord que sitúan a nuestro país en el primero de Europa y el tercero del mundo en consumo de prostitución.
Pablo-Ignacio de Dalmases
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