¿Abrir el melón, presidente Arguello?, ¿por qué no el de la Iglesia?

Hasta la llegada del Papa Francisco al Vaticano, los casos de abusos a menores, los informes, dosieres estaban guardados bajo llave, sin ningún interés por sacarle el polvo, ponerse las pilas, atajar el tema como se merece y resarcir a esas personas que perdieron su infancia, juventud, que les destrozaron la vida y que se han sentido abandonados por la Iglesia. 

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Archivo - Recursos de una Iglesia Evangélica de tradición metodista y presbiteriana.
La iglesia en nuestro pais da un paso hacia la reparación del daño/ Foto de archivo EP

 

"Nunca alcanzarán nuestras palabras de arrepentimiento y consuelo para las víctimas de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia. Hemos pecado gravemente: miles de vidas han sido arruinadas por quienes debían cuidarlas y tutelarlas. Jamás será suficiente lo que hagamos para intentar reparar el daño...". Estas son las palabras del Papa Francisco hablando del gran problema que ha socavado los cimientos de la Iglesia católica: los abusos sexuales durante largos años a niños. 

Las víctimas llevaban años reclamando el reconocimiento de estos hechos y los representantes eclesiásticos trataban de taparlos para no reconocer esos abusos, que pederastas forman parte de la Santa Madre Iglesia. El ocultismo, el silencio cómplice han sido su estrategia para ignorar lo sucedido. Mientras el sufrimiento, la culpabilidad y la falta de sensibilidad y caridad cristiana han acompañado a las víctimas. ¿Esa es la Iglesia? Esa es una parte de sus componentes, más de uno con cargos muy altos, y con moral y principios muy bajos.

 

Hasta la llegada del Papa Francisco al Vaticano, los casos de abusos a menores, los informes, dosieres estaban guardados bajo llave, sin ningún interés por sacarle el polvo, ponerse las pilas, atajar el tema como se merece y resarcir a esas personas que perdieron su infancia, juventud, que les destrozaron la vida y que se han sentido abandonados por la Iglesia. El santo padre, una persona valiente, se implicó en el caso y empezó a interesarse por los asuntos. Lo hizo con rapidez, pidiendo informes, entrevistándose con algunas de las miles de víctimas. Quería asumir ese compromiso con las víctimas a las que pedía perdón por lo sucedido. Hasta entonces, nadie del país más pequeño del mundo lo había hecho. Un gesto valiente, humano, que le valió críticas internas en ese poder “en la sombra” que siempre ha gobernado en el Vaticano, al que le molesta  que el Papa pueda hacer cambios, abra las ventanas, entre el aire fresco de la transparencia, la democracia, y se derrumbe el muro de la opulencia de los altos “cargos de la Iglesia”. En el tiempo que ha estado el Papa Francisco, no lo ha tenido nada fácil.

Buena parte de la curia, ante los cambios que quería hacer el Santo Padre, le pusieron todos los obstáculos: le echaron un pulso (como estaban acostumbrados a hacerlo a lo largo de los siglos) y contaron con un importante y oscuro aliado externo: Steve Bannon, ideólogo de Donald Trump y exjefe de estrategia en la Casa Blanca durante unos meses. 

Sus tentáculos se extendieron en Europa a través del Instituto de la Dignidad Humana, un think tank católico que Bannon quiere convertir en una escuela de formación de líderes populistas. Se llegó a hablar incluso de un trío formado por Burke, Bannon y el líder derechista Matteo Salvini para ejercer una fuerte presión contra Francisco.  Pese a todas las trabas, Francisco continuó adelante en descubrir a los pederastas. “El abuso de hombres y mujeres de iglesia, abuso de autoridad, abuso de poder y abuso sexual es una monstruosidad. Porque el hombre o mujer de iglesia, sea sacerdote, religioso, religiosa, o laico o laica, está llamado a servir, a crear unidad, a hacer crecer, y el abuso destruye siempre. Pero quiero ser muy claro en esto: el abuso es una realidad trágica de todos los tiempos, pero también de nuestros tiempos”. Decía públicamente el Papa, ante el clamor de una parte de la curia, los más retrógrados, los que tenían más que perder.

Por fin, después de dos años de denuncias, estudio de los casos y del compromiso del Papa, este lunes se firmaba el protocolo para indemnizar los casos de abuso sexual de la Iglesia católica. Unas negociaciones llevadas por representantes de la Iglesia y el Gobierno. En la firma del acuerdo  estaban el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes y el defensor del pueblo (cuyo informe, pese a las críticas de la Conferencia, ha sido importante y decisivo; servirá para reparar económicamente a las víctimas) . El vicepresidente Bolaños decía en su intervención que este día es histórico, “un día de justicia para las víctimas porque pueden sentir que el Estado está a su lado”. Por su parte, el presidente de la conferencia, Luis Arguello, decía: "El perdón no sirve sin propósito de enmienda". Menos afortunado fue Arguello cuando, al ser preguntado por la cuantía de las indemnizaciones, dijo que “no entra en el tema porque abrir ‘el melón' igual alguien tendría que devolver dinero...  Igual, el melón sí se tendría que abrir en la Iglesia para conocer lo que realmente se oculta tras esa “cáscara” dura, impenetrable y poco puesta a los tiempos actuales.

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