Pablo Iglesias descubre que le gustan "los coches chinos" en su "viaje de negocios" a China
El sector del automóvil en España ha escuchado alto y claro las declaraciones del exvicepresidente del Gobierno, que ha ido de viaje de "negocios" oficial a China.
En su "viaje de negocios", Pablo Iglesias, ha defendido los coches eléctricos chinos en una entrevista con CGTN, el canal vinculado al Gobierno chino con el que ha llegado a un acuerdo de colaboración empresarial.
El exvicepresidente español destacó en su visita laboral que, frente a los modelos europeos, los coches eléctricos fabricados en China son una opción más accesible para los consumidores. En sus declaraciones, Iglesias afirmó que "los coches eléctricos ya no son una promesa para el futuro, sino una realidad que debe ser asequible para todos", y aseguró que China es el país capaz de fabricar estos vehículos a precios competitivos, en contraste con los modelos europeos más caros.
Este apoyo a la industria china eléctrica ha sido recibido con las manos abiertas en Pekín, especialmente en un contexto donde la expansión de los coches eléctricos chinos está desafiando a los fabricantes europeos, que temen por el futuro de su industria ante esta creciente competencia, algo que no le quita ni un minuto de sueño al fundador de Podemos, más que encantado con el cierre de un acuerdo para su productora que ahora le liga al país asiático comercialmente.
El discurso de Iglesias en China forma parte de un acercamiento más amplio entre Podemos y el Partido Comunista Chino. Durante su visita a Pekín, Iglesias destacó la importancia de una cooperación más estrecha entre Europa y China, especialmente en el "ámbito económico" y geopolítico, considerando que Europa debe distanciarse de la influencia estadounidense y explorar nuevas alianzas con el gigante asiático. Unas declaraciones que coinciden en el tiempo con el "sorpraso" indigesto de las maniobras de los EEUU frente a las costas venezolanas, en las que ya han sido destruidas 22 narcolanchas y en una creciente tensión diplomática. La operación se presenta como parte de la “lucha contra el narcotráfico”, pero está generando un fuerte debate político y jurídico tanto en EE.UU. como en la región.
Cabe recordar que desde mediados de 2025, EE.UU. intensificó sus ataques contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas en aguas cercanas a Venezuela. En noviembre y diciembre se reportaron nuevos incidentes, incluyendo un segundo ataque contra supervivientes de una embarcación, lo que ha generado polémica en el Congreso estadounidense. La operación de los EEUU incluye el despliegue de un portaaviones nuclear y aviones de combate, lo que ha elevado la tensión con el gobierno de Nicolás Maduro.
El enfoque de aproximación a China de Iglesias se refleja fundamentalmente en el acuerdo entre el canal de Iglesias, y CGTN para emitir contenido del canal chino en español, del que no ha trascendido la letra pequeña.
Hay que tener en cuenta además que las relaciones entre China y Venezuela en 2025 son estrechas y estratégicas. Pekín respalda a Caracas frente a las sanciones de Estados Unidos, impulsa acuerdos de cooperación económica, tecnológica y turística, y refuerza su presencia cultural y diplomática en el país. De hecho, el presidente Xi Jinping ha reiterado que China seguirá apoyando a Venezuela en la defensa de su soberanía y seguridad nacional, reforzando la idea de que América Latina es parte de su esfera de influencia diplomática y comercial.
Este giro en la política exterior de Podemos y su fundador coincide con las preocupaciones de los fabricantes europeos, especialmente en España, donde la industria del automóvil es clave para la economía y el empleo. De esas preocupaciones, las líderes de Podemos a la sombra de Iglesias, parece ser que nada hablaron con Pekín, encantadas como estaban de hacerse la foto fija en China y de ser recibidas con todos los honores de lideresas europeas, representantes de ¿los intereses de los trabajadores españoles?.
Europa afronta la crisis industrial y Cataluña refuerza su peso manufacturero
La industria europea del automóvil atraviesa una de las etapas más complejas de las últimas décadas. La combinación de costes energéticos elevados, escasez de semiconductores y la fuerte competencia de fabricantes asiáticos ha puesto en jaque a sectores estratégicos como el automovilístico, que en apenas tres años ha visto caer su producción en un 25%.
Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), Europa pasó de producir 21,2 millones de vehículos en 2019 a 16,2 millones en 2022. La transición hacia la electrificación, que debía ser la palanca de modernización, avanza con lentitud, dejando al continente rezagado frente a China y Estados Unidos en el mercado de los vehículos eléctricos. La llamada “Declaración de Amberes” de 2024 ya alertaba de un posible colapso industrial si no se aceleraban las inversiones y reformas, aunque también señalaba la oportunidad de una reindustrialización verde.
Catalunya, motor industrial por encima de la media española
En este contexto, Catalunya mantiene un papel destacado dentro de la economía española. La industria manufacturera representa el 15,5% del PIB catalán, frente al 11,9% de la media nacional, y la comunidad catalana aporta cerca del 19% del PIB de España.
Sectores como la automoción (con Seat y los nuevos proyectos de electrificación tras el cierre de Nissan), la química, la farmacéutica y los bienes de equipo sostienen el peso industrial catalán. En 2025, la economía catalana crece alrededor del 3%, con la industria como motor principal, consolidando su posición como uno de los polos productivos más relevantes del sur de Europa.
España, segundo productor de automóviles de la UE
A nivel nacional, la industria supone en torno al 12% del PIB, con fuerte presencia en automoción, química, agroalimentación y metalurgia. España es el segundo productor de automóviles de la Unión Europea, solo por detrás de Alemania, aunque la crisis de chips y la electrificación han reducido volúmenes en los últimos años.
El sector automotriz europeo emplea directamente a 2,6 millones de personas, una parte significativa en España, lo que convierte cualquier disrupción en un riesgo social y económico de primer orden.
Un futuro en transición
La gran incógnita es si Europa sabrá aprovechar la transición verde y digital para reforzar su competitividad. Cataluña y España, con un peso industrial superior a la media europea, tienen ante sí el reto de consolidar su papel como plataformas de innovación y producción sostenible, evitando que la crisis actual derive en un declive prolongado.
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