Treinta años de liderazgo: el Banco de Cordón de Catalunya, un modelo mundial de ciencia y generosidad

En tres décadas, el Banc de Sang i Teixits ha logrado posicionar a Catalunya como referente europeo en trasplantes de sangre de cordón, con más de 2.000 pacientes trasplantados y 18.000 unidades almacenadas que hoy salvan vidas en más de 30 países

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El Banc de Sang i Teixits, líder en Europa foto: Govern

 

Hace tres décadas, en un laboratorio del Banc de Sang i Teixits (BST), se congeló el primer cordón umbilical donado en Catalunya. Aquel gesto, que en ese momento parecía una prueba más, marcó el inicio de una historia de vida: hoy, más de 2.000 personas en todo el mundo han podido superar leucemias y otros cánceres de sangre gracias a las células madre almacenadas en el Banco de Cordón de Catalunya, líder europeo en trasplantes de este tipo.

En estos treinta años, el Banco de Cordón ha pasado de conservar unas pocas unidades a disponer de más de 18.000 muestras criopreservadas a −196 °C. Todas ellas, listas para ser utilizadas en trasplantes en cualquier parte del planeta. Su trabajo no solo ha salvado vidas: ha situado a Catalunya en el mapa mundial de la medicina regenerativa y ha convertido al BST en referente internacional de innovación biomédica y cooperación sanitaria.

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El Banc de Sang i Teixits, líder en donación de cordón umbilical  Foto: Gencat

El banco que más cordones ha enviado en toda Europa

Según datos del registro internacional EUROCORD, el Banco de Cordón de Catalunya es el que más unidades ha enviado para trasplantes en toda Europa. Desde sus instalaciones en Barcelona se han gestionado 2.146 trasplantes de sangre de cordón, realizados en más de 30 países diferentes.

El 76 % de las unidades trasplantadas contenían una alta concentración de células madre, un indicador clave de su calidad y eficacia terapéutica. Este porcentaje, muy superior a la media internacional, consolida el liderazgo del banco catalán y demuestra la excelencia de su labor científica.

A través del Programa Concòrdia, impulsado por el BST desde 2007, se coordinan donaciones procedentes de Catalunya, seis comunidades autónomas y Andorra, lo que ha permitido crear una red interterritorial única en Europa. Cada cordón donado se procesa, se analiza y se conserva siguiendo los estándares más exigentes, garantizando su disponibilidad inmediata para cualquier paciente del mundo que lo necesite.

 

Una historia de éxito con ADN catalán

La historia comenzó en 1995, cuando una madre donó su cordón umbilical en el Hospital Sant Joan de Déu. Un año más tarde, ese cordón permitió salvar la vida de un paciente del Hospital de Bellvitge. Desde entonces, la cadena de solidaridad no se ha detenido y las donaciones han crecido hasta el punto de convertir Cataluinya en líder.

Treinta años después, el Banco de Cordón catalán se ha convertido en un ejemplo de cómo la combinación de ciencia, colaboración y generosidad puede liderar Europa. Actualmente, el 26 % de las unidades enviadas se quedan en España, mientras que el resto viaja a centros hospitalarios de todo el mundo, desde América hasta Asia.

Gracias a los registros internacionales de donantes, el 98 % de los pacientes con cánceres de la sangre puede encontrar un donante compatible, incluso cuando no lo tiene en su entorno familiar.

 

Más allá del trasplante: nuevas terapias que salvan vidas

El liderazgo del Banco de Cordón no se explica solo por el número de trasplantes, sino también por su papel en el desarrollo de nuevas terapias con la sangre extraída del cordón umbilical.

Las propiedades únicas de esta sangre —rica en células madre y factores regenerativos— han abierto el camino a tratamientos innovadores en oftalmología, dermatología y neonatología. Actualmente, del cordón umbilical se obtienen colirios para tratar lesiones oculares graves, geles que regeneran úlceras de difícil curación y plasma rico en plaquetas que acelera la cicatrización. Solo en el ámbito ocular, el BST produce más de 225 tratamientos anuales gracias a los cordones umbilicales.

Además, parte de las muestras se destinan a investigación en terapias avanzadas. Entre las más prometedoras, los bioimplantes cardíacos que utilizan células del cordón para reparar el corazón tras un infarto, y los ensayos clínicos con células mesenquimales para tratar lesiones medulares o enfermedades del sistema inmunitario.

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