La Policía Nacional revela por qué los fugitivos eligen Barcelona para dirigir sus redes
Un análisis detallado del Grupo de Localización de Fugitivos que actúa en Catalunya expone las razones estratégicas, logísticas y sociales que llevan a prófugos internacionales y nacionales a instalarse en la capital catalana y en el arco mediterráneo.
La conversación con el responsable operativo de esta unidad especializada permite comprender cómo se mueven quienes huyen de la justicia y qué mecanismos se activan para interceptarlos antes de que consoliden su escondite.
El inspector Carlos Gil, jefe adjunto de la Brigada Judicial de la Policía Nacional en Barcelona, describe con precisión el mapa invisible sobre el que se desplazan los prófugos que buscan refugio en la capital catalana. Desde 2018, el Grupo de Localización de Fugitivos, integrado actualmente por siete efectivos y dependiente de su área, se dedica a ejecutar órdenes de detención dictadas tanto por tribunales españoles como por autoridades extranjeras.
Una ciudad estratégica para el crimen internacional
El mando policial sostiene que quienes forman parte de organizaciones criminales valoran la proximidad geográfica como un elemento clave. “Siguen en contacto con sus organizaciones para seguir controlando sus negocios”, afirma, al explicar por qué determinados perfiles no se alejan en exceso de sus países de origen.
Para ilustrarlo, plantea un ejemplo concreto: “Si yo soy del crimen organizado francés de Marsella y estoy en Barcelona, estoy cerca. Porque si a lo mejor me voy a Brasil y me quedo, puede haber alguien que esté debajo de mí que a lo mejor quiera ocupar mi puesto aprovechando que estoy tan lejos”. La capital catalana, por tanto, funciona como una base operativa suficientemente próxima para mantener la autoridad dentro de la estructura delictiva.
Clima, anonimato y comunicaciones
El inspector reconoce que el clima puede parecer un tópico, pero admite que influye en la elección del destino. Barcelona, junto a otras ciudades del Mediterráneo hasta alcanzar Málaga y Cádiz, ofrece un entorno que los delincuentes perciben como cómodo. “Vives bien, es una zona privilegiada en todos los sentidos”, resume.
El anonimato en entornos turísticos también pesa en la decisión. La presencia de una amplia comunidad italiana, la mayor de España, facilita que determinados fugitivos de ese origen pasen desapercibidos. A ello se suma la conectividad: vuelos internos y desplazamientos dentro del espacio Schengen, a menudo con documentos falsificados, así como una extensa red de carreteras que permite cruzar fronteras terrestres con relativa facilidad.
Un territorio considerado seguro
Otro de los factores que menciona el responsable policial es la percepción de seguridad. A pesar de que en España existe un control estricto de armas, los investigadores detectan cada vez más presencia de armamento, incluso de guerra, utilizado para protegerse frente a clanes rivales con los que mantienen enfrentamientos en sus países de procedencia. Aun así, los prófugos consideran el entorno más seguro que otros escenarios.
La cooperación internacional como punto de partida
El trabajo del grupo comienza con la información que proporcionan los países reclamantes. En el ámbito europeo, se activan las órdenes de detención; en otros casos, se recurre a las notificaciones rojas emitidas por la Interpol.
El proceso se complementa con la labor de los oficiales de enlace destinados en Catalunya, entre ellos dos franceses y un italiano. “Ese es el punto de partida. En sus países los buscan activamente y ellos van dando información, que se va canalizando y transmitiendo”, detalla.
No obstante, el inspector advierte de que algunas notificaciones no contienen datos suficientes para acreditar la gravedad del delito, especialmente cuando proceden de regiones donde pueden confluir factores religiosos o de disidencia política. “Hay una amalgama de países que son sospechosos o dudosos”, apunta sin especificar cuáles.
El perfil del agente que persigue a los prófugos
La unidad exige cualidades muy concretas. Los integrantes deben ser buenos fisonomistas, capaces de identificar a una persona con una sola fotografía; pacientes, porque los dispositivos se prolongan; y estar disponibles las veinticuatro horas del día.
El propio Gil sintetiza la filosofía del equipo con una frase que define su trabajo: “Ellos han de tener suerte todos los días. Nosotros solo una vez, pero esa una tenemos que estar”. Las pesquisas incluyen la consulta de fuentes abiertas, vigilancias, escuchas telefónicas y el rastreo de redes sociales.
Cuando se confirma una localización estable, solicitan autorización judicial para la entrada y registro. Aun así, los fugitivos adoptan fuertes medidas de autoprotección. El inspector recuerda el arresto de un miembro de una mafia italiana que permanecía encerrado durante días y solo salía de noche para adquirir alimentos o recibía suministros con estrictas precauciones.
Intervenciones de alto riesgo
Las detenciones requieren formación específica en técnica operativa. “A veces tienes que actuar, cerrar un coche en marcha. Estas cosas no son fáciles”, explica. En situaciones de mayor peligrosidad, cuentan con el apoyo de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad, que disponen de armamento y escudos balísticos adecuados para garantizar una intervención más segura.
El factor humano y los errores que delatan
Más allá de la tecnología y la coordinación internacional, el factor humano resulta decisivo. “No dejan de ser personas”, subraya el inspector al recordar que la necesidad de contacto con familiares o parejas puede provocar descuidos.
Evoca el caso de un implicado en tráfico de drogas detenido cerca de la avenida del Paral·lel tras citarse con su pareja después de un largo tiempo sin verse, una actuación que, en tono distendido, reconoce que “fastidió su noche de amor”. También menciona la captura en 2018 de un agresor sexual que había violado y asesinado a un menor en Holanda y que se ocultaba en una zona boscosa de Castellterçol, arresto que se produce gracias a la colaboración de un compatriota que alerta a las autoridades neerlandesas y activa el mecanismo internacional.
El retrato que dibuja el responsable policial muestra una realidad compleja en la que Barcelona y otras ciudades del litoral mediterráneo se convierten en enclaves estratégicos para quienes intentan eludir la justicia, mientras un reducido equipo especializado trabaja de forma constante para frustrar sus planes.
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