El 70% del suelo agrícola del área metropolitana de Barcelona desaparece: sólo quedan 16 m² por habitante
Un estudio del ICTA-UAB alerta que la pérdida masiva de tierras cultivables deja la agricultura periurbana en apenas el 8,5% del territorio, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y la biodiversidad de la región.
La alarmante reducción del suelo agrícola en el área metropolitana de Barcelona evidencia un conflicto creciente entre urbanización, especulación inmobiliaria y sostenibilidad, y plantea la necesidad urgente de políticas que protejan los cultivos locales y la resiliencia urbana.
Retroceso histórico y cifras preocupantes
El Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) documenta que la superficie agrícola en el Área Metropolitana de Barcelona ha disminuido un 70% en las últimas décadas. La zona cultivable representa apenas un 8,5% del territorio, equivalente a 16 m² por habitante, una cifra que refleja la extrema presión sobre el espacio destinado a la producción local.
El investigador Johannes Langemeyer detalla que “la expansión urbana, la especulación inmobiliaria y la baja rentabilidad del sector” son los factores que explican la transformación del paisaje periurbano. El estudio indica que el mayor ritmo de pérdida se produjo antes de la crisis de 2008, coincidiendo con el auge del ladrillo, mientras que en la última década la transformación se ha estabilizado sin que se haya revertido la tendencia.
Agricultura periurbana y resiliencia urbana
Los especialistas subrayan que los cultivos cercanos a las ciudades son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y la resiliencia ante crisis económicas o conflictos bélicos. Langemeyer explica: “Históricamente, la desvinculación de la producción agrícola del entorno de las ciudades es un fenómeno relativamente nuevo y excepcional. En momentos de crisis, por ejemplo, económicas o en caso de guerras, esta desvinculación aumenta el riesgo alimentario en las ciudades”.
El informe también resalta que estas tierras contribuyen a reducir las emisiones de transporte, regulan el clima y mantienen la biodiversidad. No obstante, los agricultores enfrentan problemas crecientes como la fragmentación de parcelas, la pérdida de infraestructuras de riego y las dificultades de acceso al agua.
Conflictos territoriales y oportunidades de recuperación
El análisis del ICTA-UAB pone de relieve las tensiones entre conservación ambiental y actividad agrícola. En zonas elevadas como la Serra de Collserola, la Serralada Marina o la Serra de l’Ordal, el abandono de cultivos ha dado paso a la expansión forestal, dificultando recuperar la actividad agrícola. En cambio, en áreas llanas como el Delta del Llobregat, la urbanización y las políticas de protección ambiental generan conflictos con los agricultores.
A pesar de este escenario adverso, los investigadores destacan que “aún existen oportunidades para frenar e incluso revertir esta tendencia”, mencionando el Parc Agrari del Baix Llobregat como ejemplo de protección activa del suelo frente a la presión metropolitana y modelo de sostenibilidad y producción local.
Un llamado a la acción y la planificación urbana
El estudio concluye que la recuperación de la agricultura periurbana requiere medidas de planificación integradas que combinen protección de tierras, incentivos económicos y fortalecimiento de infraestructuras de riego, asegurando así que la región mantenga la capacidad de producir alimentos, conservar biodiversidad y reducir vulnerabilidades ante crisis futuras.
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