Edmund Font

Una caja idiota menos alienante

Paso varias horas a la semana frente a la televisión. Lo cuento poco porque no es considerado "intelectualmente" correcto hablar de ello y da cierta vergüenza confesar que se asiste, aparentemente perdiendo el tiempo, a los múltiples contenidos de la denominada "caja idiota". Ello, en vez de aplicarnos a tratar de agotar la lista inabarcable de la bibliografía personal que se ha ido acumulando durante varias décadas, con temas y géneros tan diversos, en cinco o seis idiomas en mi caso.

Martín Casillas: "Traducir con el alma" o su viaje con Shakespeare

Algo habrá de magia, a la manera iniciática de los Isabelinos, cuando se reencuentra, inesperadamente, a un amigo que se ha admirado, por su disciplina de excelencia. Es el caso de haberme deparado, un cuarto de siglo después, con Martín Casillas, ingeniero químico, matemático, fundador y director editorial del prestigioso periódico "El Economista"; editor de la mayor pulcritud, devenido un extraordinario y sorprendente traductor de WilliamShakespeare; conferencista de los que parece que se les va la vida en su rigor didáctico, y literato tardío -pero jamás atrasado- que lo mismo ha tenido el valor de novelar "Mcbeth", "Antonio y Cleopatra" y "Romeo y Julieta", que incursionar en la narrativa histórica (nacional-familiar) y en la ficción novelada de su propia vida, que de algún modo le ha salvado otras interiores, a la usanza de Hemingway, Scott Fitzgerald, o del propio Juan Rulfo, cuando el creador de Comala rescata las voces de los caminos del occidente de México, nunca mejor dicho, mientras vende llantas por caminos reales donde seguían transitando las mulas y los contadores de historias, con los fantasmas de don Pedro Páramo a cuestas.

La isla del padre de las hijas lejanas

El personaje de esta breve historia de la noche vieja es tan solo una persona sin pretensión novelesca, que decide irse de sí mismo -un modo de decir-; de todo lo que le rodea, en procura de una isla ajena y a la vez inmediata, próxima. Y la busca en el mapa mundi (ahora se llama Internet), tratando su pesquisa con un aire "demodé", con sentido

"Vintage", diría una voz snob que nunca habrá leído el Spleen de París de Baudelaire.

Jaime Camino se nos ha ido

Orfandad, es la primera palabra en la que pienso para expresar la pena de haber perdido a Jaime Camino. Toda la semana estuve angustiado con la noticia del estado tan delicado de su salud, que ya no auguraba nada bueno. Apenas hace unos cuantos días le había escrito un correo electrónico -con el que cerraré este lamento que no hubiera querido escribir nunca- para contarle la casualidad de que en mi ciudad natal se había abierto un festival de cultura con su último trabajo en el cine. Y digo casualidad, porque mi larga, rica amistad con él me llevó a lamentar no haber participado en ese programa, que le hacia un reconocimiento indirecto. En otras ocasiones rendí homenaje a su obra, como en la muestra retrospectiva de su cine que organicé en el "Hábitat Center" de Nueva Delhi, en mis tiempos de la India, en los que Jaime, además, tuvo mucho que ver.

Morir cantando: Allen Toussaint

No fue mientras cantaba "Brickyard Blues" la última canción de su repertorio, y de su vida, esa noche en el teatro"Lara" de Madrid; Toussaint aún se dio el lujo de bajar del escenario y darse una ducha de público, estrechando con sus manos de extraordinario intérprete de Soul y Blues, a los entusiastas que siguen a músicos del genero renacido en Nueva Orleans como a gurús de un culto primigenio que surgió en los ritmos milenarios del África. En su caso, no sólo brillaban sus dedos sobre las teclas que ejecutaban su Jazz y variaciones, si no que numerosos temas célebres de su autoría fueron popularizados por músicos de la estatura de Paul McCartney, Eric Clapton, Elvis Costello, y por bandas como las de los Rolling Stones y The Who.

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