La agonía de la “nueva” socialdemocracia

José Miguel Villarroya

Rosa roja marchita


El pasado fin de semana se produjeron dos hechos, que vuelven a marcar el lento proceso de la agonía que el socialismo de la tercera vía patrocinada por Tony Blair viene sufriendo desde hace tiempo.


Por un lado las elecciones italianas significaron el hundimiento total del otrora primer ministro Mateo Renzi, discípulo avanzado de Blair y de su partido el PD, consiguiendo el peor resultado de la historia del mismo, como de los antiguos PSI y PCI de antaño. Barridos del mapa por la fuerza de los indignados de los stelle. Por el otro las elecciones internas del SPD, que votaron a favor de la Gran coalición con Merkel, finalmente lo que queda del otrora partido guía del socialismo europeo, decide seguir por la senda del fracaso electoral, y lo que es más importante ideológico.


Desaparecida en Francia, Holanda, Austria, países escandinavos, y ahora en Italia, tampoco va mejor en España, donde cada vez se parece más a C’s con toques pseudoprogres, la “nueva” socialdemocracia agoniza porque desde el primer momento abandonó lo que deberían ser sus raíces ideológicas y sus objetivos políticos, para lanzarse en brazos del neoliberalismo, intentado algo tan absurdo como reformar el capitalismo. 


Alejada cada día más de sus bases electorales, y sirviendo a los que dice combatir, ha quedado huérfana tanto de ideales como de votantes, y sufre una lenta y dolorosa agonía que la convertirá en un cadáver político, por más que pueda subir en algunas elecciones puntuales, pero que será una herramienta inútil para los desfavorecidos.


Alguien me dirá que en Portugal está triunfando y mejorando la vida de la gente; algún día habrá que hablar en serio del milagro portugués, donde si es cierto que se han obtenido beneficios para la gente, no deja de ser un árbol que esconde un bosque de mayores desigualdades y de pingües beneficios para los de siempre.


Como ocurre en la Historia y en la vida, lo que mal empieza mal acaba, y cuando se aleja y se abomina de las ideas originales, al final el pueblo prefiere el original a la copia, por ello entre votar derecha camuflada o la derecha pura, se queda con la última.

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