Presos políticos, políticos presos o presos por motivos políticos: una discusión bizantina

Genís Carrasco
Médico y escritor

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En ocasiones, los ciudadanos debemos contemplar atónitos como los políticos se enredan en discusiones absurdas, improductivas y que no llevan a ningún. En estas situaciones decimos que están discutiendo sobre "el sexo de los ángeles" o bien que se trata, simplemente, "de una discusión bizantina".


Este es el caso de los políticos de uno y otro bando cuando debaten si los nueve presos independentistas son presos políticos, políticos presos o presos por motivos políticos.


La discusión es, en sí misma, totalmente estéril. Sin embargo permite reflexionar sobre el contexto en que se producen estas discusiones. Aprendemos de la Historia. La leyenda señala que las discusiones sobre el "sexo de los ángeles" fueron protagonizadas por filósofos, teólogos, políticos y hasta todo el pueblo bajo, envidia en tan trivial cuestión, haciendo caso omiso al asedio de su ciudad -Bizancio- y al inminente asalto de los soldados otomanos que la rodeaban. Es decir, perder el tiempo en cuestiones bizantinas tan absurdas como la denominación del políticos catalanes que están en prisión podría hacer olvidar el verdadero peligro que nos rodea como Sociedad: la imprevisible crisis política entre el Gobierno catalán y el Gobierno español. Una crisis política que ni los más osados politólogos atreven a pronosticar cómo acabará.


Pero vamos a lo que es realmente importante: el contexto político y social donde se produce este "debate sintáctico".


"Todo es política" afirmaba el escritor Thomas Mann. Y estoy totalmente de acuerdo. Incluso la Gramática puede ser mal empleada con intencionalidad política. Es obvio que no es lo mismo "preso político" que "político preso". La sintaxis -que estudia el orden de las palabras en las frases- es muy importante. Todo el mundo sabe que no es lo mismo afirmar que alguien es un "hombre pobre" que decir que es un "pobre hombre". Pero desde la perspectiva de un nuevo republicano catalán -que respeta y ama a los españoles como hermanos-hablar de políticos presos es un error conceptual.


Comprensible sí, pero una equivocación que denota la ideología del que defiende este término.

Con todo el respeto por los que opinan diferente -como no puede ser de otra manera-, daré dos razones para defender que el término políticos presos no es aplicable a los presos independentistas.


La primera razón se fundamenta en la definición de preso político que hace la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Este organismo define como presos políticos aquellos que son encarcelados por sus convicciones y actividades de tipo político excluyendo sólo a los políticos encarcelados por delitos comunes (robo, homicidio, falsificación, corrupción ...) y los que han utilizar o llamado a la violencia. Está claro que los políticos del Partido Popular enchironados por la sentencia de la trama Gürtel son políticos presos. Y también lo es que el miembros del Gobierno Puigdemont en prisión cumplen estrictamente la condición de presos políticos. No es válido el argumento de que los políticos independentistas vulnerar la Constitución y las leyes vigentes. Desobedecer pacíficamente las leyes puede ser "desobediencia" pero nunca sedición ni rebelión. Recordemos el caso de Nelson Mandela que durante más de 27 años estuvo en prisión por combatir el régimen del apartheid en Sudáfrica.

Mandela fue acusado de sedicioso porque se oponía a las leyes en vigor, leyes que con el paso del tiempo han sido consideradas totalmente injustas.


La segunda razón se deriva del anterior. La actitud de Mandela fue considerada ilegal en su tiempo pero no hay ninguna duda de que era legítima. No es lo mismo "legal" que "legítimo". Y cuando los más de dos millones de ciudadanos que votaron "sí" el 1-O aprueban la actuación de los políticos que hicieron posible el Referéndum ilegal no puede hablarse de ilegitimidad. Será ilegal pero fue legitimado por la voluntad de muchos ciudadanos. Porque actuar pacíficamente contra unas leyes que se consideran injustas es del todo legítimo. Esto es lo que hizo Rosa Parks -la primera persona de raza negra que desafió América blanca- asiento en la parte delantera de un autobús en la América de los años 50 del pasado siglo. Ella tuvo que romper la legalidad para defender lo que consideraba justo. Esta es la misma desobediencia que protagonizaron nuestros abuelos y padres durante el siglo pasado. Gracias a este tipo de desobediencia hoy votamos, han disminuido las desigualdades, tenemos educación, sanidad y pensiones públicas y los menores de 16 años no deben trabajar para subsistir.


Acepto que el gobierno de Puigdemont actuó fuera de la ley (por razones que considero legítimas). Pero también hay que aceptar que el Gobierno del PP que los encarceló les negó el diálogo y se lucrarse con dinero negro proveniente de contratos públicos fraudulentos. 'Quid pro quo'. Creo que hay una nueva Constitución que fomente más la participación de los ciudadanos y permita su expresión votante un Referéndum que es la única alternativa de éxito a medio plazo. Con una nueva Constitución más adaptada a los tiempos actuales, probablemente el Gobierno de Puigdemont habría actuado dentro de la ley.


El caso de Jordi Cuixart y de Jordi Sánchez -presidentes de Òmnium cultural y Asamblea Nacional Catalana-es, si cabe, aún más flagrante. Cuando lograron disolver pacíficamente la manifestación del 20-S -yo lo vi- no eran ni siquiera políticos en activo sino líderes de asociaciones ciudadanas con cientos de miles de socios. No son ni presos políticos ni políticos presos. Son "presos de conciencia" tal como reconoce una organización tan poco sospechosa de sediciosa como Amnistía Internacional. En su caso, no hay ni tan solo lugar para la discusión sintáctica. Aquí la pregunta es: España puede permitirse la vergüenza de tener presos de conciencia?


Creo que para cerrar el debate sintáctico el término "presos por razones políticas" debería ser aceptable para todos mis conciudadanos sea cual sea su respetable ideología política. Y creo también que cuando el 80% de catalanes (incluyendo una parte importante de unionistas y equidistantes) están a favor de la liberación de los presos independentistas la única alternativa democrática debe ser facilitar que vuelvan con sus familias. Por humanidad pero también por justicia.


Este debería ser el primer paso para abrir un diálogo empático y resolutivo del problema catalán. Pero para ello sobran políticos miopes que hacen monólogos incendiarios en contra y sobran también periodistas y tertulianos hiperventilats que repiten una cacofonía chirriante sobre que los políticos catalanes están en prisión por protagonizar un golpe de estado. En el caso de los políticos independentistas hablar de golpe de estado es un "oxímoron", una figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio o opuesto. Porque golpe de estado aplicado en este caso es una 'contradictio in plazos' dado que la propia definición incluye necesariamente la amenaza o el uso de una violencia que todo el mundo sabe que no existió en la actuación de los políticos independentistas.


Finalmente, para los que sigan negando que los miembros del Gobierno de la Generalidad son presos políticos, les recuerdo que no buscaban lucrarse sino que sabían que corrían un riesgo personal siguiendo el mandato popular. Lo mismo ocurrió en nuestra historia reciente cuando, en la España de la Transición, la Sociedad se mostró generosa. Cuando para resolver las heridas del franquismo -de y otro bàndol- se promulgó la Ley de Amnistía de 1977. Esta ley sancionaba en su artículo primero que "quedaban amnistiados todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese el su resultado, tipificados como delitos y faltas y los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos en ocasión o motivo de ellos, tipificados en el Código de justicia militar ". Cuarenta años después deberíamos ser tan generosos como los ciudadanos del siglo XX. El pacifismo, la fraternidad, la solidaridad y la generosidad son los valores más seguros para resolver conflictos graves en una Sociedad sometida a cambios vertiginosos.


Hagámoslo desde la perspectiva de que la surrealista situación en España ha sido creada tanto por la decisión unilateral del Gobierno de Puigdemont de desconocer las leyes, como por el empeño del PP de tumbar el Estatuto catalán, que había sido aprobado por el Parlamento catalán, el Parlamento español y ratificado en referéndum. No permitimos que, como ocurre casi siempre en España, con las cosas de la patria se olvide la razón y se deje que el arrebato dirija la toma de decisiones incendiarias de las que nos arrepentimos.


Serenarnos. Ponemos cordura, no más gasolina. Respetamos fraternalmente las opiniones de los demás sobre las soluciones más adecuadas. Personalmente no lo comparto pero entiendo y respeto que algunos defiendan que el encaje territorial de Cataluña en España puede venir de una mayor autonomía o de un régimen federal. Hay que encontrar fórmulas de diálogo constructivo o me temo que España correrá el riesgo de romperse dolorosa y irremisiblemente.

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