sábado, 7 de diciembre de 2019

Venezuela: la oposición en su laberinto

Alex Fergusson
Ecólogo. Negociador. Profesor-Investigador. Universidad Central de Venezuela. Columnista del diario El Nacional.

En lo que va de mes, se han hecho evidentes las contradicciones entre los diversos grupos que lideran la oposición venezolana frente al gobierno.


Aunque este proceso de luchas internas comenzó desde el mismo momento –y quizás antes- en que se instaló la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional (AN, nuestro Parlamento), en enero de este año; no fue sino ante el evento de la entrada fallida de la ayuda humanitaria desde Colombia y Brasil, cuando se desataron los demonios.


Se da por sentado que en política, las tensiones, impases y diatribas son comunes, incluso entre co-religionarios, es parte de su ejercicio cotidiano; pero cuando está en juego un bien mayor su presencia debe ser digna de más atención.


El asunto es que, contrario a lo que la prudencia recomienda, esto es, que los “trapos sucios se laven en casa” y las diferencias se expresen y mantengan en privado mientras se resuelven, aquí se ventilan en la redes sociales.


La AN ha sido el blanco de los ataques del gobierno desde que se instaló, y eso era de esperarse, pues representa el mayor peligro político al que se ha enfrentado desde el Paro Petrolero y el golpe de Estado de Carmona, recién estrenado Chávez en la presidencia.


Pero que los mismos opositores contribuyan, a veces con saña, a debilitar el liderazgo y le sumen sus efectos a la ya agobiante y brutal persecución política disfrazada de legalidad, a los encarcelamientos, desapariciones de diputados y miembros del equipo de la AN, y más recientemente a los asesinatos de civiles y militares producto de la tortura cruel, cínica y despiadada, es como demasiado.


Mientras tanto, como todos ya saben, el país sigue sumergido en la crisis económica, social y política más grande de su historia y una de las mayores de los últimos tiempos en el mundo.

En lo que va del año, la producción petrolera ha descendido hasta 400.000 barriles diarios, en contraste con los 1.500 que se producían el año pasado y los 2.500 de hace 4 años. La actividad económica cayó 63,4 % y, como si fuera poco, el gobierno decide ahora aplicar una alta carga impositiva a los “grandes capitales”, como para liquidar lo poco que queda de la empresa privada, cuyo músculo financiero les había permitido sobrevivir.


Respecto a los servicios, seguimos con el agua potable, la electricidad y el gas para uso doméstico escasos y racionados, lo mismo que la gasolina para el transporte. Sigue sin aparecer el papel moneda, los bancos no tienen dinero suficiente para honrar los préstamos; los sueldos y salarios siguen congelados y los precios multiplicándose cada semana.


Así que, enfrentar a un gobierno que nos mantiene navegando en este “mar de calamidades” y que la paz que nos ofrece es “la paz de los sepulcros”, está requiriendo ahora más que nunca y con urgencia un poco más de lealtad, confianza, solidaridad, flexibilidad y tolerancia por parte de los que lo adversan y no esos ataques despiadados que está recibiendo de sus propios amigos. Ya con los del gobierno tiene suficiente.


No obstante y pese a las adversidades, debemos seguir hablando de PAZ en Noruega.

Veremos que ocurre en los próximos días.

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