Por un turismo responsable

Maria Assumpció Vilà i Planas
Síndica de Greuges de Barcelona


El 27 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Turismo. Barcelona superó los 8 millones de turistas en 2018, una cifra récord que todavía no había alcanzado. Entendemos por turista los / las visitantes que al menos pernoctan una noche en la ciudad, con independencia del motivo de su estancia. Como vemos en la tabla inferior, el aumento de turismo en Barcelona desde el año 2010 es más que evidente: las pernoctaciones han crecido más de un 33% (pasando de 15 millones a 20 millones) y el número de turistas ha crecido aproximadamente un 25% (han evolucionado de 6.400.000 turistas a más de 8 millones).


La ciudadanía de Barcelona percibe este aumento del turismo en su día a día. Barcelona es un reclamo turístico de primer nivel y lo seguirá siendo. Por este motivo, hay que promocionar y apostar por un turismo sostenible y responsable que satisfaga las necesidades de los turistas y que a la vez proteja la integridad cultural y medioambiental de nuestra ciudad. En la Defensora de Barcelona hemos recibido quejas de ciudadanos con problemas relacionados con el turismo: molestias derivadas de pisos turísticos y convivencia con el turismo masivo en determinadas zonas.


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Los pisos turísticos ilegales y las molestias que generan


En 2016 dispararon las quejas sobre el turismo, básicamente debido al sitio web que puso en marcha el Ayuntamiento de Barcelona para detectar los pisos turísticos ilegales. No descartamos que una buena parte sean los mismos propietarios de estos pisos turísticos ilegales, en contra de esta iniciativa de detección. Pero el caso es que en 2015 tuvimos 25 quejas sobre turismo mientras que en el año 2016 aumentó hasta las 123. Saltamos el año 2018 y registramos 11 quejas formales en relación a molestias del vecindario por la existencia de posibles pisos turísticos ilegales en su finca o de pisos legales que generen molestias al vecindario.


Desde la Defensora de Barcelona siempre hemos valorado positivamente la persecución activa de las viviendas de uso turístico ilegales para preservar el derecho a la vivienda, así como también hemos insistido mucho en la necesidad de una gestión más eficiente los expedientes sancionadores referentes a actividades turísticas que no disponen de licencia.


Uno de los ejemplos de queja es una ciudadana que es propietaria de un local que alquiló como almacén. La persona arrendataria lo utilizó como actividad de vivienda de uso turístico sin licencia. La propietaria, una persona de 80 años con una pensión mínima, recibió una sanción de 30.001 euros por una actividad que nunca había llevado a cabo. Finalmente, la propietaria presentó toda la documentación y solucionarse el caso, pero no ahorró recibir la notificación de incoación de expediente sancionador por un importe de 30.001 euros. Si la actuación hubiera sido diligente, no habría sido necesario.


Otro ciudadano vino a la Defensora de Barcelona a exponer las molestias acústicas continuadas que sufre desde hace tres años por la actividad de vivienda de uso turístico legal que se realiza en el piso adyacente al suyo. La persona promotora de la queja ya es conocedora de que la vivienda en cuestión dispone del título habilitante para realizar la actividad turística, pero esto no excluye que los usuarios de la HUT (Vivienda de Uso Turístico) deban tener un comportamiento adecuado para convivir en una finca donde hay otras personas que habitan.


Para solucionar problemas como este y para mejorar la convivencia de los alojamientos turísticos con el vecindario, el Ayuntamiento aprobó una medida de gobierno el

noviembre de 2017 en el que se dispone la creación de un servicio de mediación entre vecinos y usuarios de los HUT, como gestión alternativa de los conflictos en el ámbito de la convivencia residencial con los turistas.


Turistas y pernoctaciones en los hoteles de Barcelona

Las zonas de Barcelona que conviven con el turismo masivo


La Asociación de Vecinas y Vecinos de la Sagrada Familia nos explicó el problema que significa el gran volumen de turistas que visitan el templo de la Sagrada Familia. Piden respeto por el vecindario y que desde el Ayuntamiento se impulse una ordenanza que regule esta gran afluencia, dada la falta de conciencia para dejar pasar y transitar por las calles. En este sentido, proponen que puedan trabajar con las guías turísticas que conducen los grupos con el objetivo de que antes de bajar de los autocares den indicaciones a los visitantes que hagan compatible las visitas turísticas con los hábitos y costumbres del vecindario residente. El marcado carácter turístico del barrio de la Sagrada Familia también provoca que los establecimientos tengan instaladas pizarras promocionales en la vía pública, junto a las fachadas de los edificios, lo que conlleva un grave contratiempo para las personas invidentes.


El vecindario del Gótico también considera que la actividad turística en el barrio está masificada y éste es uno de los problemas más graves que sufren. Entienden que el turismo conlleva actividad económica con unos efectos positivos, pero también se generan efectos perniciosos, como actividades ilegales, ruido, ocupación del espacio público y el incivismo, entre otros.


Uno de los puntos que consideran más perjudicados es la calle Escudellers, con tres discotecas (alguna de las cuales cierra a las 6 de la mañana). El vecindario también cita la zona por debajo de la calle Ferran y especialmente los entornos de la plaza Real, que están muy afectados por el ocio nocturno. Creen que "en cualquier otro barrio sería impensable una zona con el mismo nivel de quejas" y manifiestan sentirse abandonados por la Administración, ya que no resuelve esta situación. Opinan que la Ordenanza de terrazas (en la que contribuyeron a través de procesos participativos, especialmente por el interés en mejorar espacios, como la plaza Orwell, la plaza Real o la Boqueria) ha sido aprobada según la voluntad de los propietarios de los locales de pública concurrencia y no la del vecindario.


También les preocupa la práctica inexistencia de comercio de proximidad (el cual se ha ido sustituyendo por comercios dirigidos al turismo), lo que supone un problema para la continuidad de la vida vecinal en el barrio y de subsistencia para aquellas personas que tienen dificultades de movilidad o afectadas por la brecha digital.

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