jueves, 21 de octubre de 2021

Teatre Gaudí: “Exit”, un sainete sobre la precariedad laboral

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La creación teatral contemporánea oscila entre dos grandes géneros, la comedia y el drama, con un género intermedio que sería la comedia dramática. Nos hemos olvidado de muchos otros géneros teatrales que antaño tuvieron una entusiasta acogida por parte del público y, que, en realidad, siguen vigentes, al punto de que muchas de las obras que se estrenan pueden quedar encuadradas sin dificultad en alguna de tales clasificaciones. Estamos pensando en el sainete, que en su tiempo fue considerado un género menor de carácter jocoso con un tema de tipo costumbrista o popular y de una duración no superior a un acto.


Pues bien, habida cuenta que la dramaturgia contemporánea opta por la brevedad con textos de duración análoga a los de las películas cinematográficas -es decir, no más de 90 minutos- y que muchos de los temas que trata fabulan con humor sobre situaciones propias de nuestra cotidianidad, convendremos en que los sainetes están tan vigentes como cuando los firmaban Carlos Arniches o los hermanos Álvarez Quintero.


Teatro Gaudu00ed Exit


Viene esta digresión a propósito del estreno de 'Exit' en el Teatre Gaudí. Agustí Franch se ha inspirado en una situación muy habitual en nuestro tiempo, cual es la de la precariedad laboral y la facilidad con que las empresas prescinden de alguno de sus empleados según su propia conveniencia. Una tarea incómoda que ejercen los jefes de personal, ahora llamados más elegantemente 'jefes de recursos humanos'. He aquí el tema en torno al que se desarrolla este sainete que ha dirigido el propio autor con la colaboración de Oscar Contreras y que interpretan Irina Robles, Mingo Ráfols y Roser Batalla.


Como corresponde a todo sainete, el carácter posiblemente dramático del punto de partida -hay que prescindir de los servicios de uno de los dos empleados presentes en escena- se atempera con el tratamiento humorístico que desemboca a ratos en situaciones punto menos que surrealistas y que, como exige el género citado, acaba sin embargo felizmente, al menos para los protagonistas, aunque no para otros personajes invisibles.


La disposición cuadrangular de la sala mayor del Gaudí permite que la acción dramática se desarrolle en el centro de la estancia. Unos elementos sencillos a base de un par de sillones y mesita de Ikea, con mesa de despacho, sillón de jefe y perchero, constituyen el decorado que facilita simultanear este montaje con otros que también se desarrollan en el teatro. En todo caso, el espectador se siente perfectamente incardinado en el desarrollo de la obra que, como decimos, es ligera y entretiene sin dejar el mal gusto de boca que podría provocar una realidad muy presente en nuestro mundo cual es el de la parva estabilidad de los puestos de trabajo. 

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