jueves, 26 de noviembre de 2020

Crónicas del coronavirus: la primera victoria

Genís Carrasco
Médico y escritor

Hoy hemos extubado al primer paciente con COVID-19 en la UCI del Hospital de Barcelona. Puede parecer una simple anécdota, pero para los médicos y enfermeras del servicio es una gran noticia. Porque para un hospital que tiene el 90% de las camas ocupadas por pacientes con neumonía COVID-19 y que recibe un 200% más de presión asistencial, la primera extubación significa una pequeña luz en el largo túnel que estamos recorriendo. Y vendrán muchas más.


UCIS



Sabemos que si miramos hacia adelante veremos que aún nos queda lo peor, pero también sabemos que si miramos hacia atrás la vista es muy diferente.


Porque hay motivos para estar satisfechos por la labor realizada. Hemos visto cómo, gracias a la colaboración de todos los compañeros del hospital, la UCI ha podido crecer de 13 a 25 camas y hemos conseguido pasar de 8 respiradores a 27 (tenemos máquinas de quirófanos, exploraciones complementarias e incluso respiradores domiciliarios). Y todo funciona con el máximo rendimiento.


No obstante, como sucede en todo nuestro entorno, la transformación humana del servicio y del hospital ha sido aún más profunda. Vistiendo equipos de protección que parecen de astronauta, cambiando a rutinas de descontaminación tan necesarias como pesadas, hemos perdido la idea del calendario ya que nos vemos obligados a trabajar 4 turnos seguidos de 12 horas sin descanso ni fines de semana. El agotamiento físico y psicológico es ahora un aliado del virus. Pero el equipo hospitalario sigue respondiendo con sonrisas y palabras de ánimo a una carga asistencial creciente que a ratos es casi insoportable. Fuera de las áreas de críticos, hemos visto traumatólogos auscultando pacientes, cirujanos haciendo historias clínicas y enfermeras de quirófano ayudando en urgencias. Se puede decir que en dos semanas hemos pasado de ser anestesiólogos, cardiólogos, traumatólogos o cirujanos a ser única y sobre todo médicos. Médicos de primera línea contra el COVID-19. Y lo mismo han hecho las enfermeras, las auxiliares, los camilleros y el personal de limpieza. Todo el mundo, e incluyo a todo el personal no asistencial, está dejándose la piel en la lucha contra la pandemia. Aquí también se cumple la frase de Churchill: "Nunca, en el campo del conflicto humano, tantos han debido tanto a tan pocos".


No creías que los que estamos en primera línea no tenemos miedo. Lo tenemos. Es un virus que puede matar y al que nos tenemos que enfrentar continuamente. Pero esto no nos detiene. Porque lo que más paraliza es el temor a lo desconocido y poco a poco vamos aprendiendo más cosas de COVID-19.


Sabemos que el virus es muy diferente al de la gripe estacional. Y sabemos muchas cosas más.
La primera diferencia es que es un virus nuevo y por lo tanto nadie tiene anticuerpos contra él y, además, es aún más contagioso que el de la gripe a través de gotas o de contacto con superficies contaminadas. De ahí que lo más importante sea el lavado casi obsesivo de las manos (incluso más que las mascarillas o guantes).


Una segunda diferencia que conocemos es que sólo afecta gravemente al 20% de los infectados. Hay un 80% de portadores asintomáticos o con mínimas molestias pero que pueden contagiar el virus. Por tanto, el distanciamiento social y el confinamiento total son herramientas imprescindibles.


La tercera novedad tiene que ver en los casos más graves. Como la gripe, las complicaciones son más frecuentes en ancianos o personas con con patologías respiratorias. Pero a diferencia de ésta también afecta a un pequeño grupo de jóvenes sanos que genéticamente tienen mayor cantidad de dos citoquinas, la interleuquina-2 (IL-2R) y la interleuquina-6 (IL-6) en su suero, Los síntomas clínicos de estos pacientes muestran que su enfermedad se deteriora gravemente después de una o dos semanas por una inflamación pulmonar causada por la llamada "tormenta de citoquinas", que es una reacción exagerada del sistema inmunológico contra el propio pulmón del paciente . Por lo tanto, es importante encontrar formas de predecir o detectar pronto la "tormenta de citoquinas". Tenemos datos de que lo que provoca las neumonías no es tanto el virus sino un ataque del propio sistema inmunológico del paciente contra sus pulmones.


También vamos avanzando en el tratamiento. Y lo hacemos a buena velocidad. Estamos administrando medicamentos off label dada la situación crítica de algunos pacientes. Los medicamentos o prescripciones off label son aquellos que se indican para enfermedades diferentes a las recogidas en la ficha técnica del fármaco. Los protocolos de actuación de los hospitales incluyen los medicamentos off label más prometedores que se utilizan sólo en los casos más graves y bajo vigilancia continua para detectar cualquier tipo de efecto adverso. Los más conocidos de estos fármacos son la hidroxicloroquina (utilizada en la artritis reumatoide y la malaria), algunos antirretrovirales indicados en el SIDA, la azitromicina (un antibiótico para tratar infecciones respiratorias) y los corticosteroides. Además, el esfuerzo por la búsqueda de nuevos tratamientos sigue creciendo a toda velocidad: desde varios estudios clínicos en marcha en nuestro país, al análisis masivo de datos para expertos en Biología computacional o en Big Data. No dudéis que hasta que no dispongamos de vacuna (que puede llegar en unos meses) seguiremos indicando los mejores fármacos que retrasen o apacigüe la acción del virus y modulen la tormenta inmunológica de algunos pacientes críticos.


En estos momentos hemos conseguido recuperar el primer paciente que intubamos hace 10 días. Y a esto hay que sumarle las diversas altas de la UCI de pacientes no intubados pero que requirieron ventilación con máscara.


Son motivos de alegría en este maratón asistencial no deseado.


Seguro que venceremos la pandemia y espero poder escribir pronto la segunda parte de esta crónica para poder felicitarnos entre todos.


Mientras tanto, ya falta un día menos.

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