Crónicas del coronavirus: UCIs sin barreras

Genís Carrasco
Médico y escritor

Acabo de colgar el teléfono después de hablar con la señora Teresa, la esposa de un paciente de 81 años ingresado en la 4ª planta del Hospital de Barcelona por una neumonía secundaria a SARS-Cov-2. Ha sido una conversación muy difícil, incluso para un médico intensivista con 35 años de experiencia. Con la voz quebrada por el llanto, Teresa me ha explicado que sufre mucho por su marido porque si empeora no podrá ingresar en UCI. Ha escuchadoen no sé qué programa de radio que los pacientes de más de 80 años tienen prohibido el ingreso en UCI durante la pandemia. Añade que así lo han ordenado las autoridades sanitarias. La tranquilizo. Le explico que su marido está bien con una máscara de oxígeno, que de momento puede continuar en una planta de aislamiento y que no hay que valorar su traslado a un área de críticos o semicríticos. Parece serenarse cuando le digo que en las UCIs no tenemos ningún plan B para la pandemia: seguiremos atendiendo cuidadosamente a todos los pacientes que lo necesiten.


Finalmente le aclaro que esta noticia es una tergiversación periodística de un documento del Sistema de Emergencias Médicas (SEM). Ningún médico o enfermera intensivista podría aceptar una instrucción o recomendación que vaya contra su juicio clínico y sus valores éticos y morales. Nuestro criterio clínico y ético es soberano. Si nos desbordara la demanda (lo que aún no ha pasado) haríamos lo imposible para abrir más camas todavía. Siempre ha sido así. Siempre hemos tenido la pesada responsabilidad de gestionar nuestras camas y recursos. Son decisiones consensuadas que se toman atendiendo a la gravedad de la enfermedad aguda, la situación funcional previa, las patologías asociadas o comorbilidades, la potencial reversibilidad y los valores y preferencias del paciente. La edad no es ninguna barrera, en todo caso es un factor más y ni siquiera el más importante.


Un médico sujeta un móvil mientras un paciente habla con un familiar



Circular del Sistema de Emergencias Médicas (SEM)


El documento que ha generado la alarma de la señora Teresa, y de parte de la opinión pública, es una reciente circular del Departamento de Salud que han recibido el personal del SEM y algunos hospitales. Según la interpretación periodística el documento ordena no ingresar en UCI los pacientes de coronavirus con más de 80 años. Y así lo han publicado en titulares. Pero si leemos la circular nos daremos cuenta que no se trata de una "orden" sino de una "recomendación" que no anula el criterio clínico del profesional, sino que, al contrario, respeta y deja la última decisión en manos de los profesionales sanitarios. No puede ser de otra manera. En definitiva, que la circular dice una obviedad que los médicos intensivistas hacemos desde siempre: valorar las posibilidades de supervivencia de cada paciente bajo el principio de beneficencia y optimizar el uso de recursos bajo el principio de equidad. Pero obviamente esto parece tener poco interés por algunos periodistas poco informados.


Ninguna barrera de ingreso en UCI por los ancianos


El triaje de pacientes de UCI no ha sido nunca fácil. En todo caso implica la decisión soberana y consensuada del equipo del Servicio de Medicina Intensiva buscando el máximo beneficio del paciente. No hay una barrera para los ancianos ni por ningún paciente. Contrariamente, se valora cada paciente de forma global, y no la enfermedad de forma aislada. Todos los casos son analizados de forma personalizada y cuidada. En el caso de personas mayores, esto implica tener en cuenta muchos otros aspectos más allá de la edad cronológica, sobre todo los relacionados con su edad biológica (grado de fragilidad, multimorbilidad ...). Siempre lo hemos hecho así porque es muy importante evitar la "futilidad terapéutica". La futilidad es un error en el que es fácil caer. Consiste en aplicar tratamientos agresivos sin efectividad demostrada pero que pueden traer sufrimiento y dolor innecesarios al paciente al que le alargamos la vida unos días o semanas a costa de un suplicio evitable. Hay que evitar lo que presencié cuando yo era un médico residente y un cardiólogo se vanagloriaba ante el familiar de un paciente que había sufrido un paro cardíaco diciéndole: el corazón funciona mejor, se restablece correctamente del infarto, todo muy bien, pero está claro que quedará con un estado vegetativo persistente.


Humanización de las UCIs en tiempos de crisis


Desde hace años, los servicios de Medicina Intensiva viven una revolución de valores que está cambiando las formas tradicionales de trabajar. Satisfacer las necesidades emocionales y afectivas de los pacientes y los familiares va centrando cada vez más, todas las actividades de los servicios. Bienvenida revolución. Por eso no me ha sorprendido que las enfermeras de las UCIs y las plantas del Hospital de Barcelona complementen la información telefónica diaria que damos los médicos con videollamadas que ponen en contacto visual al paciente con sus familiares. A menudo lo hacen con sus propios móviles dado que esto es tan nuevo que todavía no disponemos de tablets institucionales para tal efecto. También las he visto facilitando la entrada en la habitación de aislamiento al hijo de un enfermo terminal para acompañarlo en sus últimos momentos. He presenciado como enfermeras y auxiliares vestían al familiar de astronauta y como después le enseñaban pacientemente el protocolo de descontaminación. Todo con cariñosas palabras de apoyo y miradas solidarias.


Las muestras de solidaridad de los profesionales sanitarios son tantas que resulta imposible reseñarlas todas. Podría citar casos de humanismo solidario como el de la Dra. Paola Jubert que ha vuelto a trabajar en la UCI tras completar una larga vida laboral como intensivista o la de médicos jubilados del hospital que desde su confinamiento colaboran en la atención telefónica a los familiares de los pacientes ingresados. Los ejemplos son muchísimos. Y la inventiva de los profesionales del hospital e incluso de sus familiares es inimaginable. A modo de ejemplo quiero citar como el marido de Núria Colàs, una enfermera de UCI y el sobrino del Dr. Jordi Marcé, un cardiólogo del hospital, han generado con sus impresoras 3D las piezas imprescindibles para adaptar unas máscaras de snorkel del Decathlon (también dadas) a los circuitos de los respiradores disponibles. Son ejemplos de otros héroes anónimos que nos están ayudando a superar esta crisis.


Principios bioéticos en tiempos de pandemia


En definitiva, los ciudadanos pueden estar tranquilos. Las decisiones en UCI se toman exclusivamente según el criterio clínico y afortunadamente no las toman políticos, sino profesionales que han demostrado el máximo nivel de generosidad, solidaridad y humanismo con un ejercicio profesional basado en criterios bioéticos. Porque la ética y el humanismo son fundamentales. Y ahora, en tiempos de epidemia, aún más.

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