A nuestros ángeles de la guarda: muchas gracias

Paloma Azpilicueta
Psicóloga clínica y psicoterapeuta

Nos encontramos ante una crisis sanitaria, social y económica al mismo tiempo, cuyas consecuencias todavía es pronto para imaginar, pero que serán, sin duda, de calado. En estos días, tan difíciles para tanta gente y desde tantos puntos de vista, pienso que, a pesar de todo, hay motivos de satisfacción. Dicen que en los momentos de crisis sale lo mejor y lo peor de cada uno. Creo que es cierto.


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En las líneas que siguen me voy a centrar, sobre todo, en aquello que considero que ha ido bien, en «lo mejor» de cada uno, aunque intentando no dibujar un cuadro idílico. También hablaré de aquello que pertenece a la categoría de «lo peor».


Los políticos


Muchas gracias a todos aquellos políticos que, pese a sus vacilaciones, sus errores, y con cierto retraso también, están haciendo su trabajo, su parte: ocuparse del bien común, de lo que concierne e interesa a toda la ciudadanía y no solo a sus votantes habituales o potenciales, y lo hacen con altura de miras, con mirada «larga», vaya. Trabajan, piensan, organizan y se esfuerzan por tener en cuenta las necesidades de las personas, especialmente de aquellas que ya se encontraban en una situación difícil y también de aquellas a las que esta crisis ha fragilizado muchísimo.


Pero no todos los políticos han actuado así: la mezquindad ha estado presente asimismo en aquellos que, persiguiendo intereses estrictamente de parte, intentan aprovechar la coyuntura de manera oportunista. Me parece que muchos sabrán a quiénes me refiero, y diría que no hace falta señalar.


Como apunte local, quisiera destacar la actitud proactiva que está teniendo el Ayuntamiento de Barcelona, muy especialmente en relación con las necesidades de la población más vulnerable. Y subrayar también la colaboración y el asesoramiento a la labor municipal de la ONG Médicos Sin Fronteras, que aporta su amplia experiencia en pandemias y emergencias.


Los servidores públicos


Muchas gracias a los servidores públicos (como dicen los ingleses: civil servant) en general, sean funcionarios o no, sean del sector público o del privado, que se están esforzando al máximo para que todo funcione. La lista es interminable, y seguro que me dejaré gente fuera, pero voy a intentarlo.


-Los empleados de las administraciones que implementan las medidas decididas por el gobierno, los gobiernos: ERTES, subvenciones y ayudas públicas de todo tipo a organismos varios, a los autónomos, etcétera.


-Los trabajadores que se ocupan de los servicios esenciales: energía, limpieza de las calles, recogida de basura, tiendas de alimentación e higiene, farmacias, servicios funerarios, transporte y distribución de mercancías, agricultores, ganaderos, pescadores, la policía, el ejército, los medios de comunicación, la banca y un largo etcétera. Muchos de estos profesionales, que tan poco «protagonistas» son de las noticias, tuvieron un lugar destacado en el programa Lo de Évole del domingo 22 de marzo.


-Los investigadores que trabajan por lograr medicinas que «curen» la infección y/o la vacuna que nos proteja frente a ella y que, en un esfuerzo coordinado con otros actores y entidades, están produciendo respiradores fabricados a través de impresión en 3D, así como los trabajadores de las empresas que han sabido adaptar su producción a la fabricación de instrumentos sanitarios. Necesitamos mucha investigación y, sobre todo, mucha cooperación, en este ámbito y en todos los demás.


En el apartado de los servidores públicos, quisiera dedicar un capítulo especial a la educación, el trabajo social en sentido amplio y los servicios sanitarios.


El mundo de la educación y el trabajo social


Muchas gracias a los maestros y profesores, que siguen trabajando con los alumnos desde sus casas (cuando esto es posible), elaborando materiales y corrigiéndolos, animándoles a seguir trabajando, a no desorganizarse. También a las personas, sean maestros o no, que recopilan materiales y los difunden para que los padres puedan trabajar con sus hijos más pequeños.


Muchas gracias a los trabajadores sociales en general, incluidos los trabajadores familiares, educadores sociales, etcétera, que están haciendo un esfuerzo ímprobo para atender a las personas y familias en situación precaria (mujeres y niños objeto de maltrato, personas sin hogar o con uno poco digno, personas mayores aisladas, con movilidad reducida y con grave riesgo de infectarse). Por supuesto, a todas las organizaciones del Tercer Sector que participan de este esfuerzo en Centros de Emergencias, Residencias, Centros de Menores, etcétera.


Los profesionales sanitarios


Muchas gracias a los profesionales sanitarios: médicos, enfermeras, psicólogos, farmacéuticos, biólogos, camilleros, auxiliares, cocineros, personal de limpieza, personal de administración (seguro que me dejo gente) de los CAP, hospitales y consultas varias. Quizá sea este el sector que mayor esfuerzo está realizando y que mayor riesgo de contagio corre.


Es forzoso mencionar aquí los fuertes recortes y las numerosas privatizaciones que se hicieron unos diez o doce años atrás, en los que Cataluña fue «pionera», y que solo se han revertido en una mínima parte. Abrieron el camino, pero otras autonomías (regidas mayoritariamente por partidos de derechas) les siguieron con mucha devoción…


Estos recortes y privatizaciones han fragilizado enormemente el sistema sanitario y sobrecargado fuertemente a sus profesionales. Y a todo ello, ahora, se le suma esta crisis. Este aspecto se menciona muy poco en las informaciones que recibimos. Seguramente una crisis de este calibre hubiera desbordado también un sistema sanitario fuerte, pero si este se halla debilitado el impacto, como estamos viendo, es devastador.


En La Vanguardia del domingo 22 de marzo, Ana Macpherson habla con acierto de la sanidad como «un traje estrecho y viejo». Dice: «El traje tiene diez años sin apenas arreglos. Pero nos lo ponemos una población diez años más vieja y más gruesa». «Y en ese punto estamos. Hace diez años ya había planes para afrontar una nueva realidad: el creciente número de mayores con enfermedades crónicas». «Pero los planes se quedaron ahí. La primaria nunca recibió ese impulso. Los servicios sociales que debían participar siguieron aparte y sin apenas comunicación. Tal vez por eso no se había pensado en las mascarillas para los geriátricos…».


Quizá ahora más de uno ―incluidos políticos recortadores y privatizadores― se dé cuenta de lo imprudentes que fueron descuidando y desprotegiendo la sanidad pública, suprimiendo o no sustituyendo a los sanitarios que se jubilaban o enfermaban, eliminando camas, fomentando una inmensa precariedad laboral, poniendo reiteradamente como ejemplo de eficacia la empresa privada a la que favorecían indisimuladamente. Quizá también la gente de a pie (incluso los que cuenten con un seguro privado) valore mejor a partir de ahora que el sistema público es el único que no se pone de perfil en una situación difícil como la actual: el sector público es el que lidera básicamente una aproximación global, correcta e inclusiva a la atención sanitaria.


Creo poder afirmar que los sanitarios están, además de exhaustos, muy emocionados por el aplauso entusiasta que reciben cada día a las ocho de la tarde, pero aún más emocionados estarían si sus servicios ―muy especialmente los de Atención Primaria, postergados en los presupuestos año tras año― se financiaran adecuadamente.


Muchas gracias a los médicos y enfermeros recientemente jubilados que se han reincorporado sin pensarlo dos veces a su trabajo, a los MIR sin plaza adjudicada que ya están trabajando, a los estudiantes del último curso de enfermería que vienen a echar una mano...


Muchas gracias también, y deseo hacer mención expresa de ellos ―quizá porque soy del «gremio»―, a los psicólogos que están contribuyendo voluntaria y solidariamente a atender la Salud Mental de los profesionales sanitarios y de la población en general, a través de una iniciativa surgida del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).


Esta situación está causando mucha angustia, mucho dolor y sufrimiento a toda la población. En el caso de los profesionales sanitarios, no solo el hiper-esfuerzo cansa y angustia; también una situación nueva e incierta, asimismo amenazadora, para la población en general, pero más especialmente para ellos por el riesgo de infectarse que corren cada día, teniendo además en cuenta las dificultades a la hora de dotarse de los equipos necesarios: batas, mascarillas, guantes, gafas, kits de diagnóstico, respiradores...


La ciudadanía en general


Muchas gracias al gran número de personas que están siendo capaces de hacer dos o tres cosas a la vez: cuidarse a ellos mismos, a su familia, a sus próximos, y asimismo ―a través del voluntariado pero también en su responsable quehacer diario― cuidar de aquello que nos es común a todos: colaborar para que el virus se extienda lo menos posible y para minimizar el colapso sanitario.


-Empresarios que pactan con sus trabajadores y buscan soluciones para su empresa o negocio, pero también para sus empleados.


-Artistas que ofrecen telemáticamente sus «especialidades», por ejemplo, cantando desde sus balcones para y con el resto del vecindario, brindándonos obras de teatro, óperas, visitas a museos, recitales, etcétera.


-Técnicos que envían pequeños vídeos con instrucciones que permiten mantenerse físicamente en forma, ofreciendo trucos y maneras para no contagiarse, informaciones sobre el origen y el funcionamiento del virus, reflexiones sobre nuestra deficiente manera de funcionar como sociedad, y señalando la oportunidad que se nos ofrece de reconsiderarlo, etcétera: la lista sería inacabable.


-Taxistas que trasladan gratuitamente a sanitarios en su ida al trabajo o en su vuelta a casa.

-Voluntarios de todo tipo que, por poner solo un ejemplo, atienden a los ancianos aislados en sus casas, les llaman o les hacen la compra.


Junto a estas personas que colaboran de muy diferentes maneras hay quienes «pasan» olímpicamente y funcionan exclusivamente en función de su interés personal: los que colapsan las salidas de Madrid o Barcelona hacia la costa levantina, la Costa Brava, la Cerdaña, etcétera. 


Los que especulan con material sanitario. También hay gente desinformada que parece no haberse enterado de las recomendaciones y los criterios que nos transmiten los medios de comunicación.


Tenemos muchos ángeles y «ángelas» que nos cuidan y velan por nosotros: podríamos decir que, en realidad, todos velamos por todos. Parece que empezamos a comprender que este es un asunto verdaderamente colectivo en el que el individualismo y el «sálvese quien pueda» ―que con tanta frecuencia practicamos― simplemente nos llevarán al abismo. Solos no somos nadie: si salimos adelante no es porque seamos más listos que el resto sino, casi siempre, porque contamos con más medios a nuestro alcance y porque existen los demás, un constructo social en forma de instituciones, servicios, recursos, etcétera. La desigualdad es la norma, no la excepción.

A todos los ángeles de la guarda, se lo digo con mayúsculas: MUCHAS GRACIAS.


Algunas preguntas


Quiero pensar que de esta crisis saldrán cosas buenas, que nos servirá para repensar esta vida nuestra tan acelerada y competitiva que nos hace correr tanto para no llegar a ninguna parte, que nos aleja de nosotros mismos y de los demás, en suma, que nos deshumaniza.


Y termino con algunas preguntas. ¿Seremos capaces de recordar todo lo que está pasando de manera útil y fáctica, y de mantener estas «buenas prácticas» cuando se acabe la crisis actual? ¿Sabremos promocionar lo público, lo común, y luchar por ello? ¿Sabremos defender la sanidad pública, una educación y, en general, un Estado del bienestar consistente, que no sea objeto de mercadeo? ¿Sabremos crear unas condiciones laborales justas y dignas, una fiscalidad equitativa? ¿Nos seguiremos interesando por la política como en estos momentos, o se la dejaremos en exclusiva a los «profesionales» de la misma? Me gustaría poder responder afirmativamente a todas estas preguntas, aunque tengo mis dudas.


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